Se estrenará el próximo 21 de mayo

“Brain Matters”, el valor del cerebro en los primeros años

El documental es dirigido por Carlota Nelson y producido por Genesis Foundation. En él se muestra una investigación internacional sobre el desarrollo temprano del cerebro, que puede tener efectos muy beneficiosos a largo plazo.

Carlota Nelson realizó en el 2009 su primer documental, llamado “Anclados”. / Cortesía

El documental da suficientes fuentes científicas de apoyo como para considerar verdaderamente la necesidad de implementar políticas públicas que impulsen la educación temprana en los niños, para que “aprendan a aprender”, y que así sus años escolares y universitarios sean mucho más provechosos.

“Brain Matters” fue rodado en España, Inglaterra, Estados Unidos, India y México, mientras que en Colombia se registró el programa de desarrollo infantil temprano de Genesis Foundation en Santa Marta, Tunja, Tumaco y Chocó.
Entre los entrevistados hay representantes científicos de primera categoría como la sudafricana Linda Richter, vinculada a la prestigiosa revista “The Lancet”, o Pia Britto y Al Race, profesoras de Harvard.

En “Brain Matters” aparecen locaciones y entrevistados muy diversos. ¿Cómo fue el proceso de producción del documental?

La investigación previa al rodaje arrancó a finales del 2015 y duró unos seis u ocho meses. Este trabajo de investigación lo hice conjuntamente con Cristina Gutiérrez de Piñeres, directora de la Genesis Foundation. La investigación incluyó entrevistas telefónicas con expertos, intercambio de información, revisión de documentos y material audiovisual ya existente, y visitas presenciales a laboratorios y programas en Chile, México, Colombia, Europa y Estados Unidos. Durante el proceso de investigación, se conformó un comité asesor de carácter científico y educativo que fuese avalando el proyecto. El comité, conformado por un grupo de expertos de diversas disciplinas y campos, ha ido aprobando y validando desde el primer borrador hasta la película final.

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¿Cuál es la importancia de la inversión en el desarrollo infantil temprano?

Esto es lo más revolucionario: no depende del dinero ni de tener cosas. Si todos aplicásemos la ciencia de los primeros años y realmente se invierte en programas de calidad, se podría erradicar la pobreza y la desigualdad. Es importante que la gente sepa que todo esto está validado por la ciencia. No son opiniones ni creencias; es la verdad. Hay datos que lo demuestran, incluidos datos económicos cuyos resultados aseguran que la inversión de calidad en los primeros años es la mejor inversión que puede hacer un gobierno, una comunidad, una familia. Como ocurre con el cerebro, es mejor cuando todos estamos conectados.

“Brain Matters” muestra la aplicación de programas de educación temprana en distintos países, ¿cómo encuentra la implementación de esta clase de programas en Colombia?

El logro más grande de Colombia es la creación de la Ley de Estado de la Primera Infancia. Esto significa que venga quien venga al poder no podrá desmontar la política pública y, por ende, debería mantenerse como prioridad para el país. Expertos en otros países han aplaudido este avance y desearían eso para sus países. Pero aparte de lo que pueda hacer un gobierno, es necesario que los políticos y los empresarios también apoyen a las familias, empezando con ayuda en licencias de maternidad y paternidad, con horarios… Hay muchas cosas pendientes por hacer. Esto es solo el comienzo.

En Colombia tuve la gran suerte de ver cómo se implementa un programa de calidad y holístico en diferentes regiones del país. Desde Magdalena hasta el Chocó. Lo alucinante del programa de Mis Primeros Pasos, de Genesis Foundation, es que logra responder a las necesidades particulares de cada contexto reconociendo la diversidad del país. Los equipos se insertan en las comunidades donde se hace el trabajo, y es solo cuando esto se logra que se puede escuchar a esa comunidad, ver cuáles son sus necesidades y hacer un trabajo pertinente y seguimiento casi diario, para así lograr resultados potentes. Además, su modo de entender y hacer el trabajo, con una mirada integral y sistémica, tendría mucho que enseñar a muchos países desarrollados. En cada comunidad indígena que visité trabajan de la mano con un médico, y el programa cuenta con una pedagoga, una nutricionista y una trabajadora social, con el fin de capacitar a los líderes de esas comunidades. Genesis Foundation lidera un trabajo colaborativo entre diversos actores, y de esta manera logra importantes resultados. Es increíble y para mí una experiencia única el haber vivido tan de cerca el trabajo de la fundación y los avances del país en materia de primera infancia.

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Usted ha hecho documentales sobre el apartheid en Sudáfrica y sobre la censura en Malasia, ¿por qué hacer uno sobre el desarrollo infantil temprano?

Siempre me han interesado los temas sociales. En mi familia ha primado el voluntariado y la ayuda a los más necesitados y aquellos que no tienen voz. Ahora afortunadamente está de moda, pero mis primeros recuerdos de niña incluyen ir con mis hermanos a poblaciones marginadas y entregar comida el día de Navidad. En casa, para que entrara un juguete, teníamos que donar uno. Mi madre ha trabajado en la cárcel de mujeres, apoyándolas con sus hijos, y mi padre ha ayudado a construir pueblos en Filipinas y Tailandia. Yo doy clases voluntarias a adolescentes con cáncer en el hospital Niño Jesús, en Madrid, y he impartido clases de guion y teatro para mujeres que viven en casas de acogida. Así que para mí, el tema social no es nada excepcional. Es parte de mi ADN y creo que es nuestro deber el hacerlo. El tema de Brain Matters no lo elegí yo. Fue un encargo de Genesis Foundation, y realmente de los más bonitos de mi vida, porque no solo se hizo para crear conciencia de la importancia de los primeros años de vida, sino que su finalidad no es comercial, y su propósito es llegar a cuanta más gente del mundo se pueda por medio de plataformas, aliados y personas, entre otros. Por eso estamos intentando ahora crear alianzas con instituciones a escala mundial para traducirlo a los seis idiomas de las Naciones Unidas. Nos faltan el mandarín, el árabe, el francés y el ruso.

¿Cómo fue entonces su acercamiento al tema? ¿Queda alguna enseñanza después del proceso del documental?

Dicen los neurocientíficos que para mantener el cerebro en estado óptimo a lo largo de la vida hay que ejercitarlo, aprendiendo cosas nuevas. Llevo estos últimos años aprendiendo tanto de tantas cosas, que mi cerebro debe estar muy contento.

Vengo de una familia de educadores y pedagogos. Mi tía Lilia Martín fue directora de una escuela maternal en Córdoba, Argentina, y escribió varios libros sobre los primeros años en la década de los 80, así que algunas cosas me resultaban familiares. Pero no sabía nada del cerebro ni de cómo los padres y cuidadores pueden ayudar a reprogramar el cerebro del bebé. ¡Eso me parece de ciencia ficción! Entre otras muchas cosas también aprendí que el número de palabras que un niño escucha en interacciones cara a cara predice el número de palabras que dirá a los dos años de vida. Hasta que los niños no empiezan a hablar, se vuelven maestros en imitar gestos y actitudes. Pensamos que no se enteran, pero lo están procesando todo, ¡incluyendo cómo tratamos a los demás o cuando entornamos los ojos… ¡Tenemos mucha más influencia externa de lo que creemos!

 

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Alejandro Moreno

Cultura

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