El Cisne: libros y espacios

El derecho a escribir

El libro “El dolor de los demás” (Anagrama), del escritor español Miguel Ángel Hernández, es una crónica autobiográfica en la que cuenta, entre otras cosas, cómo Nicolás, su mejor amigo, asesinó a su propia hermana.

El escritor español Miguel Hernández también ha escrito libros como “El instante del peligro”. / Belén Campillo

“A veces se escribe para conocer. Otras, para saber cuándo parar. Y también en ocasiones se escribe para aceptar que hay cosas que no podemos saber”, Miguel Ángel Hernández en El dolor de los demás (Anagrama, 2018).

Hace veinte años un joven de dieciocho años entró a la habitación de su propia hermana y la asesinó. Minutos después huyó en un carro y se lanzó por un barranco, llevando un cinturón atado al cuello. Era la Nochebuena de 1995. El asesino, llamado Nicolás, era el mejor amigo del escritor Miguel Ángel Hernández (Murcia, 1977), quien ha decidido contar la historia en El dolor de los demás (Anagrama, 2018), una crónica autobiográfica.

Como en los buenos libros, la lista de preguntas planteadas es larga y, como en los que son aún mejores, no pretende responderlas. Esto no es un manual sobre cómo reponerse de esos giros inesperados y trágicos de la vida. Es la vida misma, pero bien contada, con dudas sobre cómo hacerlo, qué camino tomar o evitar, con arrepentimientos. Temas como la amistad, la familia, la infancia y la muerte giran alrededor del asesinato, así como las dudas sobre el proceso creativo del autor y el derecho, o no, a escribir sobre aquellos a quienes conocemos.

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“¿Hasta qué punto nos pertenece la vida de los demás? ¿Quiénes son en realidad los demás? ¿Qué derechos tenemos sobre ellos y sobre su memoria?”. El autor va intercalando la narración desde el momento mismo en que se entera de lo que ha sucedido en casa de su amigo en 1995 (el pasado, escrito en segunda persona), con el proceso de creación de la novela que el lector tiene entre sus manos (el presente, en primera persona). Son casi veinte años de diferencia entre las dos historias, que se leen en forma simultánea. Se siente con claridad una idea que el escritor plantea casi al final del libro: el tiempo es vertical, está enfrente, fusionado: “Pasado, presente y futuro anudados en un mismo instante”.

“Han matado a la Rosi y se han llevado al Nicolás”, dice la gente. Después un cambio en el lenguaje: “Han matado a la Rosi y Nicolás no está”. Más tarde, Nicolás en el barranco y la sangre y las pruebas y el padre vacío por dentro y la madre que nunca lo cree. Los vecinos que especulan desde el momento mismo de la tragedia y lo siguen haciendo tanto tiempo después. En el velorio los hermanos están uno al lado del otro en ataúdes cerrados, ¿quién es quién? ¿Es necesario saberlo?

Años después Miguel Ángel está frente a sus tumbas, ahora él escribe la historia, habla con los vecinos, familiares, se enfrenta al rechazo por revolver el pasado. ¿Importan los detalles? ¿Es necesario saber qué pasó realmente? También intenta conocer a su amigo, reconstruir su niñez junto a él, darle vida a Rosi, que parecía invisible siendo la víctima, descubrirse como escritor de algo tan personal y doloroso. Nicolás y él se conocieron a los cinco años, uno era “la piel del otro”, pero ese otro se convirtió en un monstruo para el que todo era a vida o muerte. Alguien a quien al parecer nadie conocía realmente.

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Aquí o allá —en la puerta del lado, en la propia casa— alguien podría hacer algo inconcebible que lo cambie todo. Esa persona cercana desde hace años de repente se convierte en un extraño: “La sonrisa fría, el gesto de despiste, la mirada indescifrable”. Y el tiempo que todo lo cura, pero que realmente no cura nada, lo único que hace es entregar las herramientas a quien las necesite para narrar mejor la historia, así se tenga o no derecho a contarla. Esta, por fortuna, la podemos leer ahora.

*Miguel Ángel Hernández es escritor y profesor de Historia del Arte en la Universidad de Murcia. En agosto de 2019 participará en el IV Congreso Internacional de Filosofía, Arte y Diseño (FAD019), organizado por la Universidad Javeriana de Cali.

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Isabel-Cristina Arenas

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