"Duque debe limitar su relación con Uribe": The Economist

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La reconocida revista inglesa le dedicó un artículo al primer mandatario analizando la situación actual del país en el marco de la implementación del Acuerdo de Paz y los retos que tiene Duque con este. Una de las principales conclusiones, es que el jefe de Estado debería gobernar desde el centro.

La visita del presidente Iván Duque a Reino Unido dio de qué hablar en la opinión pública inglesa y no solamente por las protestas que lo recibieron para reclamarle por el homicidio de líderes sociales, en las que lo tildaron de asesino. La aclamada revista de The Economist le dedicó un artículo que en su edición impresa que se tituló “Nuevo hombre, viejos problemas”, mientras que en web se encuentra como “¿Será que el presidente colombiano Iván Duque podrá encontrar su camino?”.

Bajo esta antesala, el artículo reconoce las dificultades que afronta el primer mandatario en términos migracionales, con la crisis venezolana y situaciones inmodificables como las condiciones geográficas que obstaculiza la llegada del Estado a las regiones más alejadas, poniendo como ejemplo la situación actual de la Orinoquía que se encuentra aislada por el cierre de la vía Bogotá-Villavicencio.

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Pero advierten que su llegada al gobierno, con el apoyo del “partido conservador de Álvaro Uribe, un expresidente amargado”, afronta una situación adversa en cuanto a los enfrentamientos políticos enquistados en el pasado, los cuales están enmarcados por el Acuerdo de La Habana. Por eso, resaltan que, cómo senador y candidato presidencial, decía a sus anchas que lo suscrito era muy blando y, en cabeza del país, le correspondió comprometerse con este.

Aunque dio su palabra de continuar con la implementación, la revista resaltó lo poco que se ha hecho en cuanto a la reforma rural, “que es esencial para lograr la paz y evitar una nueva guerra”, se lee en el artículo. Y en cierto tono de inquietud, expone lo que el primer mandatario se vanagloria. “Puede ser cierto, pero Duque responde que ha hecho más en menos tiempo que su predecesor. Señala los planes de desarrollo (PDET) acordados localmente para 16 áreas anteriormente en conflicto que están en curso, (...) que ha emitido títulos para 300,000 hectáreas de tierra rural”.

Le suma a la situación, las objeciones que presentó el jefe de Estado a la ley estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) “para someter a los comandantes de las Farc”, especialmente a “Jesús Santrich”, pedido en extradición por Estados Unidos por supuestamente fraguar un plan para exportar diez toneladas de cocaína. Pese a que los reparos se hundieron en el Congreso, decisión ratificada por la Corte Constitucional, la revista reconoce que el uribismo puede sopesar “las tensiones dentro de la base política” si la Corte Suprema de Justicia reversa la decisión de la JEP de garantizar el derecho a la no extradición a “Santrich”.

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Como última situación que expone de The Economist, “otro dolor de cabeza heredado”, está la de los cultivos ilícitos y el deseo del Gobierno de activar el uso del glifosato. Bajo ese panorama, la revista reconoce la necesidad de que el primer mandatario desarrolle políticas por su cuenta, sugiriendo que debería de comenzar por el tema de seguridad. “ Colombia necesita repensar la política de seguridad para una era posterior a las Farc, con un mayor uso de la inteligencia y la cooperación civil”, se lee, recordando las cifras alarmantes de homicidios a líderes sociales y excombatientes de las Farc.

Por último, en voz del historiador británico basado en Colombia, Malcolm Deas, apeló para que “Duque encuentre su propio camino”, comenzando con limitar su relación con el senador Uribe a “reuniones programadas” y gobernar desde la base política de centro, se lee. “Tiene tiempo para convertirse en un buen presidente, pero el reloj no se detiene”, concluye la nota.

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