Sobre anuncio del regreso de la aspersión con glifosato

“Es una declaración de guerra”: Gustavo Bolívar

Para el senador de la bancada alternativa, quien lidera un bloque a favor del cambio de enfoque en la política antidrogas a escala global, el anuncio del gobierno Duque provocará manifestaciones y el despertar de nuevas guerras.

Según Bolívar, las comunidades no dudarán en rechazar la fumigación con glifosato. / Mauricio Alvarado

El pasado 22 de mayo surgió en el Congreso una alianza que, bajo la tesis de que la denominada lucha global contra las drogas fracasó, busca promover iniciativas que pongan en marcha un nuevo enfoque que confronte este flagelo, con una mirada desde la perspectiva de salud pública mas no prohibicionista. Ayer, precisamente, el equipo que trabaja para sus promotores se reunió en el Capitolio para poner sobre el papel esas primeras ideas que aterrizarán el 20 de julio en el Capitolio, encuentro que coincidió con el anuncio del presidente Iván Duque de retomar “dentro de poco” las aspersiones aéreas con glifosato. Gustavo Bolívar, quien lidera este bloque, que ya suma 32 senadores de diferentes partidos, responde a la noticia que dio el jefe de Estado desde Europa.

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¿Qué opina de que regresen las fumigaciones aéreas con glifosato?

Es una declaración de guerra, sobre todo, a las comunidades de los departamentos en donde hay coca sembrada. Lo que viene para el país es un rechazo unánime de todas esas comunidades a quienes no solo les están asperjando su cultivo, sino sus animales, sus hijos, sus ríos, su tierra. Acá va a empezar otra guerra en Colombia porque ellos ya sufrieron la aspersión y sus consecuencias; es decir, los daños colaterales que no están dispuestos a repetir. Este Gobierno viene de frente a despertar guerras que estaban dormidas y las movilizaciones van a ser mucho más grandes que las mingas que vimos.

De hecho, la Corte Constitucional mantiene suspendido su uso desde 2017 y no se ha pronunciado en contrario…

El Gobierno es irrespetuoso de la Corte. No solo en este caso, sino en muchos como con las objeciones a la JEP. Y cuando un gobierno no respeta la institucionalidad, deja en evidencia que estamos ante un Gobierno dictatorial.

¿Cuáles serían los efectos de esta decisión sobre el Acuerdo de Paz?

Es que el Gobierno quiere ser la enfermedad y la medicina. En el Acuerdo de Paz se acordó que las familias podían inscribirse voluntariamente para la sustitución voluntaria y manual. Se inscribieron 100.000. Si se les hubiera cumplido, hoy no estaríamos ante este escenario. ¿Por qué no han bajado las hectáreas sembradas con coca? Porque a las familias no se les cumplió, solo al 10 % según cifras del exfiscal (Néstor Humberto Martínez). Entonces, el Gobierno no cumple, se escuda en que hay muchas hectáreas por su propio incumplimiento y ahora salen con el tema del glifosato, que todos sabemos de sus efectos cancerígenos.

::El estudio que raja al glifosato en la Corte::

¿Cómo ha avanzado la alianza legislativa alrededor de las propuestas sobre un nuevo enfoque en la política antidrogas?

Vamos avanzando en la conciliación con la sociedad civil los primeros proyectos, hemos hecho audiencias públicas en el Cauca, en Tumaco; hemos armado una coalición parlamentaria que hoy ya suma 32 senadores (…) Ya no es una utopía. El primer proyecto consiste en modificar una palabra del artículo 49 de la Constitución, que prohíbe expresamente el uso de sustancias psicoactivas, salvo que sean medicinales. Si no lo cambiamos, todos los proyectos de ley que presentemos para regular la marihuana recreativa, etcétera, van a ser inconstitucionales.

¿Cuándo va a estar listo ese primer proyecto?

El 16 de julio tendremos el texto definitivo del que modifica el artículo 49. Y aprovechando que la Constitución permite que haya comercialización de productos medicinales, queremos pasar un paquete parecido al de la marihuana, pero para regular el uso de la coca medicinal. Ancestralmente hay una cantidad de productos que ya se están comercializando en otras partes y queremos que los indígenas tengan esa oportunidad de tener un negocio allí.

El aumento de hectáreas con coca sí es un fenómeno alarmante, en todo caso. ¿Cómo creer que esas otras propuestas son más viables para reducirlas que el propio glifosato?

La historia de los cultivos de la hoja de coca tiene altibajos. Cuando arrancó el Plan Colombia había 134.000 hectáreas sembradas y hoy hay 210.000. Cuando llegó la aspersión aérea, hubo un decrecimiento de las hectáreas cultivadas, pero como el consumo mundial no baja y nunca va a bajar, el único efecto que produce acabar las hojas de coca es inducir a que el narcotraficante se mueva de zona y la resiembre.

También: El desalentador balance de la política de drogas en Colombia.

Respecto al consumo, ¿cómo controlar que la regulación no derive en un problema social?

Vamos a arrancar con el uso de la marihuana recreativa para adultos. Esa palabra se tiene que poner siempre, porque dentro de un esquema regulado lo primero que uno tiene que hacer es propender para que los niños no caigan dentro de ese esquema regulado. Hoy, los niños caen muy fácil porque hay un sistema de jíbaros versus población civil ofreciendo, regalando, enviciando. Cuando se regule, lo que va a ocurrir es que desaparece el negocio para el jíbaro. Él no se va de la forma en la que dice Duque, que es volviendo a prohibir la dosis mínima, sino al contrario, porque el precio de la droga crece y la cadena de sobornos aumenta. Al quitarle el negocio al jíbaro, en un esquema regulado y con los centros regulados de consumo, la persona puede ir a comprar allá y eso genera un impuesto al consumo. Va a pagar menos que lo que pagaba en la calle, obviamente. Y los impuestos que se generen serán destinados en campañas de prevención y educación.

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-Lorena Arboleda Zárate / @LorenaArboleda8

Política

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