Enrique Uribe Jongbloed: “No podemos seguir haciendo cine con las uñas”

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El investigador de la Universidad Externado de Colombia explica en qué consiste y cuál es el objetivo de “Condiciones y expectativas laborales de los trabajadores del audiovisual a partir de la ley 1556”, un proyecto para conocer las perspectivas, opiniones y experiencias de los colombianos que han participado en trabajos audiovisuales beneficiados con dicha ley.

¿En qué consiste y cuál es el objetivo del proyecto “Condiciones y expectativas laborales de los trabajadores del audiovisual a partir de la ley 1556”?

Este proyecto surge con el interés de revisar el efecto que una política cultural, como la Ley 1556 de 2012 (Filmación Colombia), tiene sobre un sector económico y sobre las personas que trabajan en él. Se inició entre investigadores de las Universidades Externado y Tadeo, y ahora también incluye al Politécnico Grancolombiano. Queríamos ir más allá de las cifras de ocupación e inversión que ha presentado el Ministerio de Cultura como resultado de la Ley. Además, teníamos claro que experiencias similares habían tenido éxito en algunos lugares del mundo, aunque también habían fallado en otros.

El proyecto empezó en 2018, ¿cuáles son los resultados obtenidos hasta el momento?

Inicialmente exploramos el trasfondo de la Ley 1556 y su predecesora, la Ley 814 de 2003, que son las dos grandes leyes del cine. A partir de ese análisis vimos el paso de una política de industrias culturales a una de industrias creativas. Esto implica un cambio conceptual del rol que desempeña el cine como parte de nuestra cultura o como un producto que se puede explotar con fines económicos. 

Luego hemos realizado una serie de entrevistas a personas que se han desempeñado en diversas labores de la producción en proyectos beneficiarios de la ley 1556. Cuando estábamos desarrollando las primeras entrevistas en 2019, nos postulamos al estímulo a la investigación en cinematografía que ofrece el FDC y lo obtuvimos. Eso nos dio el impulso que nos faltaba para continuar con el proyecto.

Las 21 entrevistas que hemos realizado hasta la fecha nos han permitido tener una perspectiva más amplia de los logros y retos de esta ley.  

¿Cuál ha sido el impacto de la ley 1556 en la industria audiovisual en el país?

No podemos dar una respuesta final debido a que la investigación está en curso, pero podemos compartir unos adelantos. La llegada de grandes producciones internacionales ha servido para profesionalizar la industria, establecer mejores protocolos de trabajo, evidenciar buenas prácticas y capacitar a un buen grupo de personas. Esto ha tenido un impacto considerable sobre la industria nacional, aunque también ha generado unas expectativas superiores a lo que la industria local está dispuesta a asumir.

¿Qué tiene de bueno y malo la Ley 1556?

Por un lado, los entrevistados han reconocido la oportunidad de aprender de los extranjeros, el aumento de puestos de trabajo, la mejora de algunas condiciones laborales y la profesionalización de algunos servicios. Pero también han identificado falencias o vacíos. Las formas de contratación se mantienen bajo la figura de prestación de servicios que, si bien es una práctica extendida en el país, no corresponde con el tipo de labores desempeñadas que incluyen horarios fijos y jerarquía. Además, hay avances frente a las condiciones laborales, pero todavía no es suficiente. Asuntos como la estandarización de tarifas, los controles sobre horarios de trabajo y descanso (incluyendo la remuneración por horas extra) y una distribución más equitativa de los beneficios de la ley a otras áreas -en especial la posproducción- están pendientes de ser revisados. 

La experiencia de otros países también nos enseña lecciones importantes. Este tipo de leyes requieren de un apoyo a largo plazo, pues los éxitos del corto plazo se pueden diluir fácilmente. Las películas de Hollywood siempre buscarán lugares más baratos y con mejores facilidades para filmar, como lo señala Toby Miller en su libro “El Trabajo Cultural”. Fuera de eso, si el mercado local no mejora, los trabajadores nacionales también huirán con las producciones. Como lo planteó alguna vez la productora Cristina Gallego, lo que ofrece la ley puede ser muy atractivo, pero no debemos ofrecernos exclusivamente como un lugar barato de producción porque eso nos hace daño en el largo plazo.

Una de las preocupaciones importantes que nos manifestaron en las entrevistas era acerca de la sostenibilidad de la ley. Este tema ya fue abordado por el Plan de Desarrollo del año pasado, al extender la cobertura de la Ley hasta 2032, y la disminución en el fondo destinado a las devoluciones a la inversión extranjera se ve ahora compensado por la aparición de los Certificados de Inversión Audiovisual. Queda por verse el éxito de este nuevo gancho.

La ley tiene como objetivo el fomento de la actividad cinematográfica de Colombia, promoviendo el territorio nacional como elemento del patrimonio cultural para la filmación de audiovisuales, pero algunas producciones sólo reflejan ese lado con el que hemos luchado por tantos años: el narcotráfico. ¿Cómo lidiar con esto?

Este es un aspecto que está relacionado con la Ley 1556, pero que no hemos ahondado en la investigación, pues se extiende al nivel de la interpretación del producto. 

Aquí hay varios aspectos a mencionar. Por una parte, y en esto concuerdo con el director Lisandro Duque, era claro que la historia difícil de Colombia iba a ser parte de lo que motivaría a filmar en el país. En cierto sentido, como han planteado otros, el hecho de que vengan a filmar sobre nuestro pasado, evidencia el cambio que se ha dado en el país. El intento que hizo Focine en los 80 para atraer a productores extranjeros se vio precisamente minado por la violencia del narcotráfico. Así que, si ahora vienen a filmar sobre eso, implica que ese miedo es, al menos de cierto modo, una cosa del pasado. 

Por otra parte, tenemos una clara ambigüedad que surge por el reconocimiento de los escenarios. En la película Los 33 o en Mile 22 se busca explícitamente que nuestras locaciones, Nemocón y Bogotá, respectivamente, no se reconozcan como tal, y eso disminuye el potencial que tienen de darle reconocimiento ante el público cinematográfico. Pero, simultáneamente, el filme Gemini Man presenta a Cartagena muy bien, y -con todos los reparos posibles-. Narcos atrae a un turismo que también se motiva por la figura del gran criminal. Algo similar ocurre con quienes visitan Berlín buscando rastros de la guerra o del muro, los que buscan museos o lugares frecuentados por mafiosos de Chicago y -de nuevo citando a Lisandro Duque- aquellos que buscaban el rastro de Jack el Destripador en las calles de Londres. Lo importante es que el mundo que encuentren en su viaje no sea el de aquel entonces.

Dicha promoción del país y su patrimonio cultural tiene entonces dos mercados diferentes. Uno surge de la promoción de los extranjeros que vienen al país a filmar y así descubren sus cualidades. Es posible que ellos regresen como turistas o que recomienden el país a otras personas. El otro mercado depende, en cambio, del atractivo y reconocimiento de la representación del país a través de los filmes. Esto puede motivar a las audiencias a visitarnos.  

Las series y películas internacionales que se han desarrollado en el país gracias a la Ley 1556, ¿de qué manera han impactado en la industria cinematográfica colombiana?

Basado en las entrevistas, lo primordial es el aprendizaje de procedimientos y protocolos, así como el respeto por cada uno de los roles. Esto es, en sentido estricto, una profesionalización de una industria que en Colombia no existía y que trae consigo retos. Un equipo mejor preparado es también más costoso. Una producción industrializada requiere de labor constante durante todo el año y de sistemas de seguridad social y laboral para los trabajadores. Aquí nos falta mejorar en eso. 

Después de la investigación, ¿qué le agregaría o modificaría a la Ley 1556? 

Las evidencias hasta ahora recolectadas señalan que no hubo mucha preparación para asumir lo que se necesitaría una vez la ley atrajera a las producciones. La capacidad instalada de bodegas de utilería, los procedimientos de importación temporal de insumos, la capacitación en áreas específicas, el nivel de inglés de los trabajadores, son algunos de los aspectos que no se habían contemplado a cabalidad antes de la ejecución de la ley. Eso se aprendió en la marcha. Hay ejemplos muy positivos, como los talleres que ofrecen las compañías que alquilan equipos, y el surgimiento de las comisiones fílmicas locales que coordinan y sirven de intermediarios para que las producciones reconozcan los beneficios de rodar en una ciudad y puedan facilitar algunos trámites burocráticos, como se logra con el Permiso Unificado para Filmaciones Audiovisuales. Pero no es suficiente. Se requieren mayores espacios y opciones de capacitación en una diversidad de aspectos. Esto no está contemplado en la ley y es un gran vacío. 

¿Cuáles son los principales desafíos del cine colombiano?

Hay muchos. Capacitación es uno de ellos. Profesionalización también, porque no podemos seguir haciendo cine con las uñas, ni con condiciones laborales poco dignas para los trabajadores, poniendo en riesgo su salud, su vida o su tranquilidad. Actualmente, por el aislamiento generado como respuesta al Covid-19, gran parte de los trabajadores del audiovisual quedaron en el limbo, sin ingresos, sin proyectos y sin apoyo. No nos podemos regodear de haber recibido producciones internacionales y reconocidos actores, si después de su visita todo lo aprendido y lo alcanzado, se desvanece. Que no nos suceda lo que ha ocurrido en otros países cuando una ley como la 1556 se acaba o se queda sin fondos: las producciones se van, parte de los trabajadores entrenados se van con ellas y los que se quedan están sobrecalificados para un mercado local que no se profesionalizó.  

¿Cuál es la realidad del cine colombiano?

Antes, la preocupación era la ausencia de producciones y capacidades técnicas. Estos dos temas se han ido superando, el primero gracias a los apoyos de la Ley 814 y al esfuerzo mancomunado de productores, del BAM y Proimágenes Colombia, que han logrado aumentar la producción. El segundo ha ido mejorando, al menos parcialmente, con los resultados de la Ley 1556. El reto principal está en que la producción nacional crezca en reconocimiento con su audiencia, mejore su distribución -incluyendo nuevas plataformas- y se termine de profesionalizar en todos los niveles. 

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