Ajustes naranjas

Noticias destacadas de Opinión

Uno de los argumentos más comunes en contra de la economía naranja es la presunción de que lo único que pretende esa política es convertir todas las expresiones culturales en negocios rentables, postrados ante el mercado. No es así. Esa lectura la repiten quienes no quieren ver nada bueno ni útil para la cultura en las propuestas de este Gobierno. La economía creativa, entre muchas actividades, incluye procesos comunitarios, artísticos y culturales.

Sin embargo, la convocatoria de producción del Mintic parece darles la razón. El año pasado las entidades sin ánimo de lucro (ESAL) denunciaron la exclusión de la convocatoria de producción audiovisual de @mintic. Este año, de nuevo, ese tipo de organización está excluido. Muchas de esas organizaciones son entidades comerciales de hecho, requisito para participar en la convocatoria; están obligadas a pagar Cámara de Comercio y cumplir todas las obligaciones que tiene cualquier empresa en patrimonio, liquidez y registro. La única diferencia es que una ESAL no distribuye utilidades a sus socios, reinvierte en su objeto meritorio. En muchos casos se tienen capacidades y experiencia de larga trayectoria en producción audiovisual. La regulación se confunde porque en las diferentes categorías de ESAL están las porterías, las obras de caridad, las JAC y las fundaciones de las grandes empresas. Las ESAL culturales tienen la vigilancia y el control de las secretarías de cultura, son distintas.

Hay ejecutivos del Mintic que creen que ser sin ánimo de lucro —así lo dieron a entender el año pasado cuando se les preguntó— es una condición que no puede ser competitiva en el universo del audiovisual y por eso solo convocan a empresas comerciales. Las ESAL autorizadas a participar en la convocatoria están en renglones específicos. Se trata de operadores de TV comunitaria y organizaciones vinculadas a otros procesos que requieren protección, como víctimas e indígenas. Lo que está muy bien, se reconoce el valor de esos gestos de acción afirmativa.

El audiovisual es la actividad de la economía creativa más grande y rentable. No es raro entonces que cada vez más organizaciones culturales desarrollen esas capacidades para asegurar su sostenibilidad. Es un razonamiento elemental: abrir una línea estratégica de producción de video, para registro y para generar más ingresos. Ese grupo de producción solo tiende a crecer. Pensar que todas las ESAL son sujetos de protección ignora la cantidad de proyectos que se crean con objetos meritorios creativos —educativos, culturales y deportivos— que no distribuyen utilidades, aunque sí consolidan patrimonios colectivos, capacidades y experiencia.

Ese criterio de exclusión no estaba en las convocatorias de la ANTV y RTVC. Lo que se atraviesa es la concentración de las decisiones del sector en unos pocos escritorios del Murillo Toro. Con esa estrecha ideología de la actividad económica creativa, que privilegia el retorno de inversión por encima de las capacidades, se excluyen organizaciones con muchos años de experiencia en producción. Se trata de empresas con la credibilidad para competir en esa convocatoria en franca lid. El filtro que se debe exigir, en ese caso, es si ante la DIAN se tiene el registro de producción audiovisual, como actividad económica y, por supuesto, la experiencia. De lo contrario no es una competencia abierta o en equidad: se privilegia un modelo de negocio.

El Consejo de Economía Naranja puede mostrar la utilidad de sus funciones ajustando, ojalá este mismo año, esa injusticia. Se trata de un organismo de coordinación interinstitucional y las ESAL culturales y educativas son vigiladas y promovidas por los Ministerios de Cultura y de Educación.

*El documento consultado es “Borrador de las condiciones de participación en las convocatorias audiovisuales Mintic n.° 01 de 2021”.

Comparte en redes: