Tanto el anuncio del gabinete, como las primeras entrevistas de prensa y televisión que ha dado como presidente electo, Gabriel Boric ha dado la impresión de un líder maduro, inteligente y versado tanto en los temas sociales que se suponen de su dominio, como en los fiscales, comerciales y económicos que han sido fuente de alarmismo entre la derecha. Además de superar la paridad de género con mayoría de catorce mujeres, su gabinete se destaca por la diversidad política, etaria y profesional de quienes lo compone, siendo dos de sus integrantes de la comunidad LGBTI. Se trata de una coalición mucho más amplia de la que apoyó su candidatura en primera vuelta y cuyo objetivo principal es consolidar una alianza política y parlamentaria que permita garantizar la implementación de su programa de gobierno.
Entre las muestras más evidentes de dicha amplitud se encuentra la participación del presidente del Banco Central -renovado en su cargo hace poco por el actual mandatario, Sebastian Piñera- como ministro de Hacienda, cuyas posiciones sobre la disciplina fiscal y la necesidad de implementar de manera gradual cualquier plan de reforma han dado un parte de tranquilidad a algunos sectores conservadores y al mercado. No obstante, Boric también ha sido enfático en que esta y otras designaciones son libres de condicionamientos y presiones que podrían socavar su autoridad.
Dado su compromiso con las políticas orientadas a las mujeres y a otros grupos discriminados, es de esperar que la sensibilidad feminista sea un rasgo central del quehacer del futuro gobierno. Las señales abundan, comenzando por la ceremonia de nombramiento de gabinete, en la que varias de las catorce ministras fueron acompañadas por sus hijos, sugiriendo la necesidad de abolir la separación entre lo privado y público en la raíz de la desigualdad de género. Aunado a ello, la promesa de combatir las violencias basadas en género y la discriminación en áreas como la educación, el trabajo y la salud, así como la invitación de Boric a ejercer la política de forma distinta, con base en el diálogo, el respeto, la horizontalidad, el cuidado y el afecto, ofrecen pistas del papel que jugará el feminismo en el ejercicio presidencial. Incluso, la decisión de su pareja de ocupar el cargo extraoficial de primera dama, aunque no exenta de controversia, promete sacudir el carácter históricamente conservador de dicho rol al incorporar asuntos como los derechos transexuales y migrantes.
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Entre las reflexiones más incisivas de Boric, de relevancia para otros procesos electorales como el que se vive actualmente en Colombia, se destacan sus observaciones sobre lo que es viable en la política. Para el mandatario electo los “fanáticos de la moderación” incurren en el riesgo de no mover nada por su insistencia en ceñirse a la medida de lo posible y su miedo al cambio. Como lo ha anotado en diversas oportunidades, nadie se habría imaginado hace poco que Chile tendría una Constituyente no solo democrática sino con paridad de género y participación de los pueblos originarios, discapacitados e independientes. Más bien, y parafraseando nuevamente al próximo presidente, el desafío consiste en salir de las zonas de confort y correr la barrera de lo posible para convertir aquello que se pensaba imposible en realizable.
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