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Jóvenes sin representación

Armando Montenegro

15 de mayo de 2021 - 10:00 p. m.

El grupo de sindicatos y políticos que forman el Comité Nacional del Paro —“autonombrado en 2019”, según Hernando Gómez Buendía— se ha tomado, otra vez, la vocería de decenas de miles de jóvenes que protestan en las calles, abrumados por la crisis de la pandemia, la pobreza, el desempleo y la falta de perspectivas en sus vidas.

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Como era de esperar, ante la captura de la representación de las protestas han aparecido fisuras entre los distintos participantes del paro. Según un editorial de El Espectador: “Algunas peticiones del Comité Nacional del Paro levantaron ampollas entre los manifestantes”, y, con razón, agrega que “el Comité pretende hablar por una población dispersa y con intenciones distintas”.

Como consecuencia de sus intereses particulares, en los listados de las peticiones del Comité del Paro están ausentes asuntos claves que favorecen a los jóvenes, los actores centrales, espontáneos y, en su mayoría, pacíficos de las protestas. Es evidente, al respecto, que buena parte de los miembros del Comité del Paro hace rato dejaron de ser jóvenes. Más aún, el rector de la Universidad de los Andes, Alejandro Gaviria, en su escrito en el El País de Madrid, afirmó “que su agenda parece antijoven”. A diferencia de los muchachos sin futuro, los políticos del Comité disfrutan de trabajos públicos estables, con salud y pensiones aseguradas, y buscan impulsar sus objetivos sindicales.

Por lo tanto, no sorprende que el sindicato de maestros haya incluido, como elemento central de las peticiones al Gobierno, la eliminación de la llamada alternancia, una medida muy conveniente para los alumnos, rechazada frontalmente por quienes deberían educarlos. ¿Saben los jóvenes que marchan en las calles que en su nombre se hace ese tipo de exigencias?

En las demandas del Comité se incluyen, en cambio, una serie de temas que no están relacionados con los padecimientos de millones de personas. Se trata de una lista de reformas del orden legal y constitucional que no dependen de la voluntad del Gobierno, que deben ser aprobadas por el Congreso y cuyo trámite, necesariamente, podría tomar mucho tiempo. Que los congresistas solo puedan reelegirse por una sola vez, por ejemplo, es un tema importante para debatir, pero nada tiene que ver con la coyuntura y mucho menos con la solución de los problemas inmediatos de la mayoría de los manifestantes.

El carácter excluyente del Comité del Paro se aprecia también con la crítica de los indígenas, que señalan que “este no representa ni recoge la movilización popular”. Y, por otra parte, muchos se preguntan sobre las exigencias de los camioneros, autores de los enormes padecimientos causados por los bloqueos. ¿En forma oportunista se aprovechan de las protestas de los jóvenes para, otra vez, tratar de impedir la modernización de la flota de transporte y tratar de elevar los fletes del país?

Es difícil pensar que los jóvenes vayan a seguir marchando por objetivos como los señalados, muchos de los cuales, si acaso, deberían debatirse en el Congreso y en el proceso electoral que está comenzando. Esa fue, seguramente, la razón por la cual las marchas de finales de 2019 languidecieron y dejaron de motivar a miles de personas. Como se ha sugerido en distintos medios, los diálogos y negociaciones deberían ser descentralizados y concentrarse en resolver las peticiones y problemas de los muchachos.

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