El verdadero soporte del sistema de salud
Leyendo sus artículos sobre salud y pandemia, lamentablemente se reincide en el grave problema de nuestro sistema de salud y es que todo gira en torno al dinero que debe el Gobierno a las EPS y el dinero que deben las EPS a las IPS. Pero en ningún momento hablan del actor principal de nuestro y de todo el sistema de salud, que es su recurso humano. No se mira el sacrificio, el compromiso y la dedicación que siempre ha tenido y, más aún, el que ha demostrado durante esta pandemia. Se sigue pensando erróneamente que la base del sistema es tener unas aseguradoras fuertes, unas clínicas y hospitales fuertes, eso es lo principal, que mantengan las puertas abiertas a pesar de no cumplir muchas ocasiones con los requisitos necesarios para funcionar y de que incumplan compromisos mínimos, como son los pagos de salarios. Pero mientras no se entienda que el recurso humano en salud —desde los celadores, secretarias, aseadoras y técnicos, hasta llegar a los profesionales— es el verdadero soporte de los sistemas, seguiremos mal y muy mal. Podemos tener la aseguradora más grande, la clínica u hospital con la más avanzada tecnología, pero cómo van a funcionar sin recurso humano. La gran inequidad y falta de reconocimiento nos están llevando a una gran crisis a pasos agigantados, ya no es suficiente que los aplaudan, que los dejen de agredir, necesitan es el respeto por una labor en beneficio de todos los pobladores de nuestro país. No es el reconocimiento de una prima aislada, es que puedan tener la tranquilidad de un trabajo digno como dicen nuestra Constitución y las leyes de nuestro país, donde puedan ejercer sin presiones, con total autonomía, para poder brindarles a sus pacientes siempre la mejor opción que se disponga, claro, con autorregulación. Perdónenme por insistir: respeto, trabajo digno y autonomía es lo mínimo que se merecen todos los que forman parte de este recurso humano en salud.
Roberto Baquero Haeberlin.
Sobre las penas alternativas y un editorial
Un sistema de penas alternativas como el propuesto en un reciente proyecto de ley reduce la efectividad de la “disuasión”. No se puede permitir que un delito no sea castigado, ya que eso genera los incentivos perversos que se señalan. La disuasión depende de que la pena sea efectivamente ejecutada. Diferente cosa es la dureza de la pena. Un delito menor no debe ser necesariamente castigado con una condena de larga duración, sino que exista certeza de que causa un “alto costo” para quien comete el crimen.
Julián Cardona.
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