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Uno de los conocimientos primordiales que debe tener todo aquel que escribe, en especial si escribe para modular la opinión de otros, es el tiempo verbal condicional, entendido como el tiempo que expresa una acción como hipotética, es decir, como probable, condicionada a que se cumplan ciertos atributos o requisitos. En las apreciaciones que lanza el señor Pablo Felipe Robledo en su columna del 5 de enero de 2022, bajo el título “El peligroso 2022”, se abroga el derecho de adivino y afirma que “solo hay un (candidato presidencial) que prende la totalidad de las alarmas dispuestas para advertir la proximidad del caos. Petro es un verdadero tsunami con capacidad de destruir lo que como nación hemos construido con tanto esfuerzo durante décadas”. En primera instancia, su apodíctica hipótesis solo deja entrever que es incapaz de la conciliación y el consenso, por lo que dudo que haya sido parte del constructo positivo a que hace referencia. En segunda instancia, ¿cuál es la totalidad de alarmas que se prenderían? Casi agradece que un período presidencial de cuatro años sea suficiente pues “los presidentes —incluso los malos— no son capaces de acabar con un país (...) al final de su mandato queda un país por lo menos parecido al que (recibieron)”: conformismo mediocre y propio de los que consideran que es una virtud ser un ciudadano pasivo cuyas críticas nunca trascienden un ámbito familiar y que quienes gobiernan decidan bajo la figura de democracia de las mayorías todas las aberraciones de que hemos sido testigos durante decenios. Su crítica no se centra en propuestas concretas de Petro que lo “asusten” o con las que no esté de acuerdo por inviables, perjudiciales, violatorias de derechos u otros. No, su crítica se centra en ataques personales, dentro de los que destaco: “Es un psicópata que se cree mesías, que se proclama salvador, que se siente imprescindible, que se jura un Dios”. En verdad jamás he intuido, percibido o visto expresamente esas pretensiones, como sí se observan a las claras en el señor Álvaro Uribe Vélez. Y concluye: “Si no queremos perder este país y queremos que el próximo presidente, bueno o malo, lo sea por cuatro años, no podemos permitir que Petro gane las elecciones”. No voy a extenderme en una relatoría histórica, ¿pero qué es lo que “hemos construido durante décadas”? Yo diría: qué es lo que han “construido” los ostentadores del poder: el Frente Nacional, la aniquilación de la UP, el desfalco de Reficar, la tragedia de Hidrohituango, las masacres policiales “sacaojos”, etc. ¿Es lo que tanto defiende el señor Robledo? Podríamos pensar que el señor Petro fuese todo lo que el señor Robledo afirma y sospecharíamos un futuro incierto, si y solo si condicionáramos nuestros conceptos y tendencias políticas a sectarios como este señor.
Jairo Torres Castañeda.
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