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Lo que sabe ‘The New York Times’ sobre el mandatario electo

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Cecilia Orozco Tascón
29 de julio de 2026 - 05:05 a. m.
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En la mentalidad colonizada que todos padecemos, tiene mayor peso la verdad que se cuente en informaciones publicadas en prensa extranjera, que la que se relate aquí sin importar el rigor de las investigaciones o el reconocimiento profesional de los periodistas nacionales. Por eso, –y aunque casi nadie (salvo El Espectador) lo haya registrado en la Colombia lambona que se arrastra, cada cuatro años, ante el ganador de las elecciones presidenciales–, el artículo del prestigioso The New York Times sobre Abelardo de la Espriella resulta devastador para su credibilidad y reputación, tanto en los altos estamentos norteamericanos como en otros ámbitos internacionales. El sábado pasado, 25 de julio, el diario neoyorquino le dio, a su informe, un título que más parece un enunciado judicial: “De defender a narcotraficantes colombianos, a declararles la guerra”. El párrafo destacado después del título, es revelador: “El presidente electo, un abogado, representó a narcotraficantes acusados entre otros (clientes)”, se lee en la primera frase. Pero, a continuación, añade una sorpresa: “mientras vivía en Miami, él mismo (DLE) fue investigado por las autoridades, aunque nunca fue imputado” (ver).

El dato sobre indagaciones oficiales estadounidenses respecto de la conducta de quien asumirá, dentro de pocos días, el gobierno central, nunca había podido ser confirmado por el periodismo colombiano a pesar de que, particularmente, Gerardo Reyes (jefe de investigación de Univisión) y Daniel Coronell habían tratado ese punto sin encontrar certezas ¡Ahora lo sabemos, con mucha más repercusión, por The New York Times! Habrá que esperar a ver si el mandatario electo, tan propenso a formular quejas litigiosas en contra de los reporteros colombianos independientes, decide actuar contra el Times. Lo dudo. El contenido total del artículo es, igualmente, dañino para el presidente electo. Debajo de una gran foto del mandatario y del logo de su campaña, NYT asegura que “en Miami, Abelardo de la Espriella se movía en el turbio mundo de los abogados del ‘polvo blanco’: [el de los] defensores de alto costo que asisten a narcotraficantes latinoamericanos acusados [por la justicia norteamericana], y a otros [procesados] con el objeto de evitar sentencias severas, a cambio de convertirlos en informantes o testigos del gobierno de Estados Unidos” (ver).

La exposición continúa: “Él [DLE] contrató a un exnarcotraficante colombiano que, según sus expedientes judiciales, ayudaba a abogados del Sur de la Florida, a encontrarles ese tipo de negocios”. Después de mencionar que De la Espriella viajaba a Colombia para reunirse con clientes con problemas legales en Estados Unidos, entre ellos, Álex Saab –a quien describe como “un acaudalado empresario acusado de lavar millones en nombre de los líderes de Venezuela”–, la nota entrega detalles de su primicia informativa. “[DLE] fue objeto de escrutinio por parte de fiscales federales mientras investigaban el lavado de dinero de Saab, de acuerdo con cinco personas que conocen el caso”. Es cuando el artículo contrasta el pasado del jefe de Estado electo con su insólito presente: “sin ninguna experiencia política previa, De la Espriella es, de repente, el próximo presidente de Colombia que ha prometido ayudar al gobierno de Donald Trump a intensificar una guerra regional contra los narcotraficantes a quienes, alguna vez, representó”.

El extenso relato, que se complementa con fotografías de la mansión-residencia “de US 7.5 millones” y de un lujoso bar (Liquor Dreams), que perteneció a DLE, se detiene en “su fastuoso estilo de vida en Miami –con autos de lujo, aviones privados y trajes de diseñadores italianos–…” para, a continuación, dejar abierta la posibilidad de que su opulencia “pudo haber sido financiada, parcialmente, por clientes involucrados en casos de tráfico de drogas y lavado de dinero…”. Además, vuelve a puntualizar sobre su proximidad con el exnarcotraficante Jorge Luis Hernández que “trabajó para De la Espriella, según tres de las personas que hablaron con The Times” y quien “se describía, a sí mismo, como (su) asistente (de DLE)”. Ese hombre, alias Boliche, que ha sido informante de varias agencias de inteligencia norteamericanas durante largos años, se encuentra, otra vez, en prisión, bajo cargos de estafa a narcos procesados en ese país, a los que prometía sentencias breves que, supuestamente, lograrían conseguir, en las cortes, los abogados relacionados con él, entre otros, los de la oficina de De la Espriella en Miami. El jefe de investigaciones de Univisión, Gerardo Reyes, publicó, el mismo día del artículo de New York Times, un mensaje en su cuenta de X, en el que dio a conocer otro descubrimiento de relevancia que profundiza la revelación del Times: cuando DLE intentó averiguar, por sí mismo, si la justicia estadounidense indagaba sobre él, se topó con una respuesta rotunda que lo frenó en seco: “… De la Espriella se reunió con un fiscal federal de Estados Unidos para consultar si el gobierno de este país lo estaba investigando, según fuentes familiarizadas con (esa) reunión”. El fiscal le respondió que “si tuviera un material incriminatorio en su contra, se lo haría saber a través de una acusación formal. De lo contrario, el sistema judicial de Estados Unidos no se prestaría para informar de una pesquisa a una persona que podría ser objetivo de esta” (ver). En definitiva, el Times y Reyes caracterizaron, en sus noticias, a un sospechoso en el sistema de Estados Unidos, que no fueron fabricadas por los “activistas políticos” que posan de periodistas en Colombia, según la mente calenturienta del presidente entrante. Estoy segura de que el gobierno Trump conocía muy bien esta historia antes de la elección, pero era más rentable ignorarla para mantener bajo su yugo tenaz al sucesor de Petro.

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