19 May 2021 - 3:00 a. m.

Paz en la tumba de Alison

La imagen borrosa de Alison se ve en el ángulo derecho de la cámara de un testigo que graba y narra la escena de su captura, ejecutada por policías del GOES (Grupo de Operaciones Especiales) en la noche del pasado miércoles 12 de mayo, en un costado de la carretera Panamericana a la altura de Popayán. Su figura pequeña, aunque acurrucada en el andén cerca de un muro, se distingue por el color claro de su pantalón, al parecer de sudadera. Dos hombres del GOES, cuyos rostros se ocultan tras unos cascos de diseño largo y visera oscura, parecen lanzar un golpe contra ella, levantarla y agarrarla de los brazos para arrastrar su cuerpo, tal como lo hicieron a partir de ese momento y durante la eternidad que duró su difícil traslado a la Unidad de Reacción Inmediata (URI) que se encontraba a unos 100 o 120 metros de distancia. Desde el momento de su retención, se inició un difícil forcejeo entre ellos y la díscola Alison que pataleaba y halaba para zafarse de los policías cuyo número iba en aumento mientras ella gritaba que no estaba haciendo nada y que eran “unos imbéciles” (ver).

Al principio de la “película”, que infortunadamente no era de ficción, Alison llevaba cubierta su cabeza con la capucha de su chaqueta; también usaba un tapabocas que solo permitía ver sus ojos. Era una sospechosa. O no: era culpable por su vestimenta. En medio del tire y afloje, otros dos o tres uniformados hundían el pedal amenazante de sus motos en torno a ella. Su cara y parte de su cuerpo de la cintura hacia abajo fueron quedando descubiertos: “Soltame que me estás desnudando, imbécil”. Los del GOES, exasperados, le pedían calma. Alison no cesaba de gritar: “Yo no estaba haciendo nada”. Se tiró al piso y se sentó. Lanzó su mochila lejos de ella y pidió que la revisaran para ver si encontraban algo que la incriminara. Nadie hizo caso. Los machos GOES siguieron forcejeando con ella hasta cuando uno retó a los otros: “¿¿¿Usted qué está pensando??? ¡¡Una mujer le va a ganar a cuatro varones!! ¡La chimba, hijueputa!”. Retados “los varones” la cogieron entre cuatro. Dos tomaron sus piernas, cada uno para su lado. Los otros, la agarraron de las manos. Y, así, colgada, como res que sale del matadero, fue trasladada a la URI. A la entrada, se vio el último reflejo de su figura. Un par de horas después, asegura el comunicado oficial, Alison fue entregada a su abuela después de que, verificada su identidad en el bolso en el que no encontraron indicios de que hacía parte de ninguna red “terrorista”, se dieron cuenta de dos datos que asustaron a los GOES: era menor de edad y su padre era un policía.

Libre, Alison expresó su rabia en una red social en sus términos de barriada: “Yo soy la que cogieron, en ningún momento me ven tirando piedras... cuando menos pensé estaban encima y solo porque estaba grabando me cogieron, en medio de eso me bajaron el pantalón y me manosearon hasta el alma...”. Al día siguiente, jueves 13 de mayo, la abuela encontró muerta a Alison. De acuerdo con la versión publicada, se suicidó. El general Ricardo Rincón, comandante de la Regional 4 de la Policía, declaró, indignado, pero no por la muerte dramática de Alison sino porque se hubiera conocido su historia, que era “una noticia falsa, ruin y vil”. E hizo publicar en su cuenta de Twitter un texto en que se sobreimpuso un titular grande, en rojo: “MENTIRA INFAME”, sin siquiera darse el tiempo de investigar el caso, así fuera para disimular (ver).

La brutal reacción del alto oficial, indiferente ante una adolescente muerta por su propia mano o por otras, produjo el rechazo de diez organizaciones sociales de la zona, incluida una comisión de derechos humanos de la Universidad del Cauca. El Estado, destapadas ya sus tácticas fascistas, actuó en defensa de sí mismo: la Fiscalía anunció la realización de un “examen forense psicológico” cuya conclusión se puede deducir: Alison era una enferma psiquiátrica. No hay responsables. En cuanto al examen físico de Medicina Legal, un instituto inexistente desde cuando Barbosa botó a la directora Claudia Adriana García, en 2019, por informar que la muerte del estudiante Dilan Cruz, a manos del Esmad, había sido “un homicidio”, también conocemos su resultado: “no se encontraron evidencias de abuso sexual”. Comentario final: ¿arrastrar a una chica despernancada por cuatro “varones” es un procedimiento ajustado a los estándares internacionales aun teniendo en cuenta su rebeldía? Imposible que Colombia se sienta, hoy, orgullosa de su Policía.

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