El mundo está cambiando y muchas de las formas que conocíamos están llamadas a reinventarse. Durante muchos años, las grandes discusiones sobre cooperación internacional ocurrieron lejos de las regiones. Se daban en grandes capitales que, muchas veces, también estaban lejos de las realidades cotidianas de las comunidades para las que se diseñaban esas decisiones.
El hecho de que la Reunión Extendida del Buró del Comité de Alto Nivel sobre Cooperación Sur-Sur de Naciones Unidas se realizara en Santa Marta significó que este diálogo saliera de Nueva York para llegar al Sur Global, pero, más allá de eso, también decidimos descentralizarlo dentro del país, sacarlo de Bogotá y traerlo a las regiones.
Ese gesto tiene un significado tanto político como humano. La Cooperación Sur-Sur nació justamente para cuestionar las relaciones verticales de la cooperación tradicional y demostrar que los países del Sur Global también generan conocimiento, innovación y soluciones frente a los desafíos comunes que comparten.
En la ‘Perla de América’, donde el mar besa a las montañas, la semana pasada ocurrió algo muy importante: quienes toman las decisiones en Naciones Unidas, agencias de cooperación y gobiernos mundiales, dialogaron directamente sobre cómo conectar las agendas globales con las capacidades reales de nuestros países y comunidades.
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Hoy por hoy, la humanidad debe hacerle frente a múltiples crisis al mismo tiempo: climática, alimentaria, energética y social. Y en medio de ese contexto, la cooperación necesita ser más horizontal, más cercana y más útil para la gente. Necesita construirse desde el intercambio de experiencias y no desde una lógica donde unos dan y otros solamente reciben, no solo dinero sino también conocimiento. La realidad es que la construcción de este nuevo mundo, que ya no da más espera, debe darse de manera colectiva y debe valorar igualmente las enseñanzas de todos los países y de todas sus gentes.
Colombia cree profundamente en esa visión. Por eso hoy compartimos capacidades en temas como construcción de paz, desarrollo rural, acción climática y fortalecimiento institucional con países de América Latina, África y Asia.
Lo que vivimos en Santa Marta demuestra que el Sur Global no solo quiere participar de las conversaciones internacionales: también está en capacidad de liderarlas. Colombia no solo está preparada para hacerlo, ya lo está haciendo.
*Alexandra Palencia, directora de APC Colombia.