25 Nov 2021 - 6:52 p. m.

¿Puede aún brillar la herencia filosófica del siglo de las luces en Francia?

Gabriela Salazar Ferro

El comportamiento jupiterino de Macron salió a relucir durante la crisis diplomática ocasionada por el anuncio de la alianza AUKUS en septiembre de 2021. La influencia internacional que Macron quiso entonces defender nos recuerda las pretensiones geopolíticas de de Gaulle en 1945. Reclamando la herencia política de de Gaulle, Macron parece favorecer algunos intereses olvidando tal vez prioridades esenciales.

La memoria de los hechos históricos siempre ha participado en la legitimación del poder. La imitación de ciertos personajes del pasado, considerados ejemplares, y la reivindicación de su herencia contribuye al desarrollo de la identidad política. En septiembre 2021, la ira de Emmanuel Macron ocasionada por el anuncio de la alianza AUKUS (Australia, Inglaterra, Estados Unidos) fue ampliamente difundida por los medios de comunicación y debe entenderse como un esfuerzo de Macron por identificarse con de Gaulle. Esto no es una novedad en Francia. Sin embargo, Macron parece gozar de un contexto particular ya que la comparación entre Roosevelt y Biden ha sido fomentada por el mismo Biden y Johnson se esfuerza en establecer un paralelo entre el Brexit y la situación de la Inglaterra de Churchill, sola contra el mundo, en 1940. Macron quiere incorporarse en el juego geopolítico como un nuevo de Gaulle. Al hacer de su relación con Biden y Johnson el reflejo de la relación de de Gaulle con Roosevelt y Churchill durante la Segunda Guerra Mundial, Macron puede presentarse como el símbolo de la resistencia y del restablecimiento de la grandeza francesa.

Recordemos que, imponiéndose progresivamente como el representante de los resistentes franceses y del ejército del imperio francés durante la Segunda Guerra Mundial, de Gaulle logró hacer que Francia apareciera como una de las naciones vencedoras dándole así a su país el prestigio de disponer del derecho de veto en el consejo de seguridad de la ONU. Esta fue una gran hazaña teniendo en cuenta los hechos desastrosos de la historia francesa durante la guerra: la derrota del ejército en 1940, los cuatro años de ocupación nazi, la existencia de la colaboración, ya sea de supervivencia, estratégica y en algunos casos ideológica de los ciudadanos y las autoridades francesas, y sobre todo la oferta hecha en octubre de 1940 por Pétain a Hitler para establecer oficialmente la colaboración estatal entre Francia y Alemania. Todo esto hubiera podido destronar la potencia francesa y, aparecer en 1945 como uno de los grandes vencedores es sin duda alguna un privilegio que Francia debe al esfuerzo de de Gaulle, un hombre que luchó por dar a su país las herramientas necesarias para asegurar su propia defensa y que nunca bajó la cabeza durante las negociaciones con Roosevelt y Churchill.

El anuncio de la alianza AUKUS en septiembre 2021 provocó el disgusto del presidente francés y una crisis diplomática en la cual, retomando argumentos de de Gaulle, Macron ha criticado el hecho que los aliados de los Estados Unidos sean considerados como vasallos y ha reafirmado su apego hacia una determinada definición de la función presidencial.

En 2016, Macron explicaba: “François Hollande no cree en el ‘presidente jupiterino’. En lo que me concierne, no creo en el ‘presidente normal’ ”. El carácter jupiterino del poder presidencial al cual hizo referencia Macron está estrechamente relacionado con el “mito” político de Gaulle. Júpiter, además de ser dios del cielo y de los relámpagos, garantizaba la legitimidad del poder en Roma y combinaba dos características políticas esenciales para los romanos: el carácter no-omnipotente y el carácter salvador. Por un lado, Júpiter no podía ser omnipotente pues la República era un gran orgullo político romano que se oponía por definición a la monarquía. Es así como, al igual que los cónsules romanos, Júpiter gobernaba con la colaboración de otros dioses de manera colegial. La referencia jupiterina de Macron podría representar su voluntad de mostrar que bajo su mandato el poder sería compartido. Sin embargo, la actitud de Macron frente a las manifestaciones de los chalecos amarillos, sus respuestas a la comunidad científica durante la pandemia y el pobre diálogo democrático durante su mandato sugieren que la referencia jupiterina de Macron no se aplica a este Júpiter.

Pero, por otro lado, Júpiter también representaba un dios soberano que había decidido que el imperio romano no tendría límites y debía salvar a Roma cada vez que el gran destino de la ciudad se veía amenazado. Este Júpiter-salvador siempre aparece en situaciones desesperadas de la historia romana, es decir, en situaciones en las cuales el honor y la grandeza romanas se ven amenazadas. Interviene por ejemplo durante la primera guerra de la historia de Roma desatada por el rapto de las sabinas que organizan Rómulo y sus compañeros. Durante esta guerra, traicionados, los romanos asisten a la invasión de Roma, pierden el valor y huyen de manera afanosa y desordenada. Júpiter decide intervenir en ese momento para dar a los romanos el valor que necesitan para, finalmente, vencer. Es así como el Júpiter-salvador ayuda a Roma a salir de una situación desastrosa que amenazaba su grandioso destino. En todas ocasiones, este Júpiter-salvador, es decir, el Júpiter con el que se identificaban temporalmente los generales romanos que habían salvado el imperio y recibían entonces el título de imperator en la ceremonia del triunfo, trabaja de manera incondicional para darle a Roma la majestad que merece.

La referencia al presidente jupiterino hecha por Macron puede entenderse en este sentido ya que de Gaulle, modelo histórico y político, también revistió la figura de salvador en un contexto desastroso. Es así como Paris liberada le ofreció un acogimiento triunfal en 1944. Hoy, Macron pretende hacer lo mismo. Indiscutiblemente, el anuncio de la alianza AUKUS ha demostrado que los Estados-Unidos siguen luchando y privilegiando sus intereses económicos y estratégicos y que Biden encarna la continuidad, el establishment y el regreso al statu quo.

AUKUS da a Johnson una oportunidad para reforzar viejas alianzas y mostrar que el Brexit es una realidad. Esta alianza permite que Australia, cuyas relaciones con China se han deteriorado desde el inicio de la crisis sanitaria, se procure aliados y tenga acceso a la tecnología nuclear. La alianza saca a Francia del tablero geopolítico indo-pacífico y la despoja de un jugoso contrato de armamento firmado con Australia en 2016. Esta alianza también amenaza entonces el legado de de Gaulle, quien privilegió la excelencia tecnológica, la grandeza política y la fuerza militar para establecer la potencia francesa. Pero AUKUS no es un relámpago que cae sobre Macron, el presidente jupiterino. El contexto parece más bien favorecer la intervención de ese presidente-salvador protector y garante de la grandeza. Macron puede así presentarse como el heredero del legado de de Gaulle, como aquel que debe proteger “cierta idea de Francia”. Es por esto que Macron quiso que el mundo se enterara de su ira.

La crisis diplomática se solucionaría fácilmente pero, para el presidente francés, era importante mostrar cuál era la posición de Francia, que sigue siendo, no lo olvidemos, uno de los cinco miembros del consejo de seguridad de la ONU. Y, lo que la actitud de Macron nos hizo entender durante la crisis, es que Francia reafirma la importancia de defender los intereses de la industria de las armas, renunciando quizás a convertirse en el heraldo de una política más respetuosa del medio ambiente, de la paz, de los derechos humanos. Al privilegiar la defensa de los intereses de una industria que alimenta conflictos, Francia, aquel país que se ha otorgado una vocación universal basada en la defensa del espíritu de la Ilustración, parece ser la pálida copia de sí misma. La finalidad de disipar la ignorancia mediante la confianza en el conocimiento y la necesidad de la transformación por el bien de la humanidad no parecen ya ser las luces que iluminan a Francia.

La defensa de los Derechos Humanos parece ser poco más que una figura retórica en los discursos políticos, hoy desprovistos de una verdadera voluntad de empezar aquella transformación tan necesaria que debe guiarnos por el bien del planeta y de nuestro entorno cultural y natural. Hoy, aquel discurso crítico de los intereses económicos, aquel discurso que permitiría que la humanidad brillara realmente, aún busca su heraldo.

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