Cuando en Colombia el presidente nombraba a los gobernadores y estos a los alcaldes, había definitivamente algún tipo de control directo. Los presidentes nombraban también al alcalde de Bogotá. Había en ese entonces, de alguna manera, una línea de mando que les hacía seguimiento a las administraciones regionales.
Con el embeleco de elegir popularmente a los alcaldes y gobernadores se fortalecieron la corrupción, el despilfarro y la politiquería. La democracia, en vez de robustecerse, se ha debilitado y degradado a unos niveles aterradores.
Por cuenta de los malos gobiernos, los ciudadanos ya no creen en sus políticos, pero, sorprendentemente, siguen votando por ellos. Durante las elecciones del 2015, en este diario escribí lo siguiente, que pareció ser una premonición de lo que finalmente está pasando: “La elección popular de estos funcionarios acabó por destruir la moral de la política, pues queda claro que cada gobernación y cada alcaldía se volvió un fortín para los piratas. No de otra manera se puede uno explicar que la elección de un gobernador pueda estar cerca de los $30.000 millones y la de un alcalde de un municipio con menos de 50.000 habitantes alcance la suma de $3.000 millones. Los políticos saben que financian a sus candidatos para después robarse absolutamente hasta el último centavo. Ellos no gastan, ‘invierten’”.
“Qué vergüenza y qué tristeza a la vez. Muchas de las regiones del país acabarán en manos de los bribones. Como colombiano no puedo menos que sentir náuseas por todo lo que presenciamos a diario. No sirvieron las advertencias del ministro del Interior, ni las capturas de la Fiscalía, ni las precipitadas pero necesarias medidas del Consejo Nacional Electoral para frenar la trashumancia”.
“Remota resulta la posibilidad de vivir hacia adelante en un país próspero, equitativo y desarrollado. Y no es por pesimista sino por realista. Por cuenta de la política, Colombia acabó convertida en una gran cloaca infestada de ladrones. Dura realidad, por lo que, honestamente, no hay nada para celebrar”. Literalmente se están robando al país.
Ahora arrancó la campaña presidencial, con candidatos de todas la creencias y posiciones. Me temo que Colombia podría caer en manos del socialismo irracional de Gustavo Petro. Yo no le creo al senador nada de nada y mucho menos que haría un gobierno democrático, porque, así él se muestre como tal, en el fondo es un dictador disfrazado de demócrata.
Ante la perspectiva de que gane Petro, muchos empresarios del país están sacando todas sus inversiones y fortunas del país. Y no los culpo, pues, con razón, les aterra que acá pueda ocurrir lo mismo que pasó en Venezuela.
Notícula. Esta semana nos enteramos de que la revista Cambio volverá bajo la dirección del joven y experimentado periodista Federico Gómez Lara y la presidencia de Daniel Coronell. Qué bueno que tengamos la alternativa de otra revista para informarnos mejor. ¡Mucha suerte a quienes están en este proyecto!