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Lo que se ha venido observando, a pocos días de la segunda vuelta presidencial, es la morfología particular que exhiben los integrantes de la clase política tradicional, enquistada en el poder por los últimos 100 años. Las características de su conducta responden a patrones compartidos, independientemente de donde provengan. En algunos casos, van mutando de partido en partido, como los senadores Roy Barreras y Armando Benedetti, por ahora acomodados en el Pacto Histórico.
En declaraciones para El Espectador (07/06/22), la última adquisición de esa facción política, el señor Alfonso Prada, reconoció que su misión, asignada por Petro, era “ser el enlace con otras fuerzas políticas y robustecer los apoyos más allá de los movimientos de izquierda”. Es decir, recurrir a la clase política tradicional.
Quien se opuso a la vinculación de Prada a la campaña del Pacto Histórico fue Gustavo Bolívar, él sí, de la primera línea de los escuderos del petrismo. Trinó el 12/11/17: “Alfonso Prada se robó el SENA. Contraloría encontró 161 irregularidades. Entre ellas adjudicó a dedo contrato de $18.000 millones a su esposa. Y Santos echó a la que denunció”. En noviembre de 2017, Santos declaró insubsistente a María Andrea Nieto R., sucesora de Prada en la dirección del SENA, tras el escándalo que se desató en torno a la entidad por las múltiples acusaciones de posible corrupción que hizo Nieto en medios de comunicación sobre su antecesor (El Colombiano, 15/02/22). Prada finalizó en la Secretaría General de la Presidencia de Santos.
Con esos antecedentes, el señor Prada es el fenotipo del cinismo de la clase política. Ha enfilado sus ataques contra el candidato Hernández por el caso del contrato de consultoría de 2016, como si él nunca hubiera sido denunciado por corrupción en su gestión pública. A Prada lo acompañan la senadora electa Piedad Córdoba, el expresidente Ernesto Samper y Guillermo Rivera, exministro de Santos.
Lo que la mayoría de los columnistas interpretan que ocurrió el 29 de mayo, entre la opción de cambio y el continuismo, tiene entre los líderes del Pacto Histórico una lectura desajustada de la opinión pública. Tratan de persuadir con la narrativa de que continuismo es lo que tenga que ver con el gobierno de Duque y la influencia de Uribe, pero desligan de ese concepto a la clase política, que están buscando con desespero para asegurar el triunfo de Petro sobre el candidato Hernández. El cambio expresado por los votantes en la primera vuelta es integral: no más corrupción de la clase política y cambio hacia un país equitativo y una sociedad éticamente correcta.
El engaño consiste en divulgar que el candidato Hernández es el representante del uribismo y, por consiguiente, sería el símbolo del continuismo. Entretanto, desvergonzadamente siguen gestionando los avales de la clase política.
Vicky Dávila entrevistó a Rodolfo Hernández para la revista Semana (04/06/22) y expresamente le preguntó si existía algún fundamento para que desde la campaña del Pacto Histórico lo identificaran como el continuismo del uribismo. El candidato contestó: “El uribismo quedó sepultado el 29 de mayo”. Tal contundencia no admite duda alguna, porque, de no ser válida, ya hubiera sido desmentida por el mismo Uribe o por sus seguidores. Agregó que si llega a la Presidencia no les deberá nada a los dirigentes ni a los partidos políticos.
En conclusión, los votantes deben examinar de qué lado está el continuismo de la clase política y apartarse de ese sofisma malintencionado de Prada. Decidir a conciencia, ante las urnas el 19 de junio, quién representa el verdadero cambio que requiere Colombia.
Parche. Los periodistas Diego Bonilla y Jairo Lozano, de Semana (08/06/22), revelaron grabaciones de la estrategia liderada por Roy Barreras para desprestigiar y acabar con las candidaturas de Federico Gutiérrez, Sergio Fajardo y Alejandro Gaviria. En algunas está presente el candidato Petro. Gustavo Bolívar reaccionó en sus redes sociales: “Siento vergüenza”, dijo, sobre las estrategias de campaña de Gustavo Petro para afectar a otros candidatos.
