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A veces llegan cartas

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Francisco Gutiérrez Sanín
08 de mayo de 2026 - 05:05 a. m.
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Hay debates que quisiera evadir a toda costa, entre otras cosas, porque me parece que en la coyuntura actual pueden producir más calor que luz. Pero si me empujan, pues toca.

Me han notificado por X que hay dos argumentos contundentes contra la columna que escribí hace un par de semanas, a favor de seguir luchando por la paz. El primero es que la disyuntiva no es “paz o plomo”. El segundo es que, superado ese dualismo “simplista”, hay que “articular de manera efectiva la política de paz con una estrategia de seguridad”. Los contesto en ese orden.

La alternativa no es paz o plomo: ¿dice quién? ¿Alguien hablando indefinidamente, o alguien que observa las propuestas concretas de las fuerzas políticas reales que operan en el país? Si es lo primero, bienvenido, pero entonces cualquier fantasía cabe. Si es lo segundo, basta con observar las retóricas de las diferentes campañas, no solo de las que están punteando, para darse cuenta de que precisamente ese es el dualismo que enfrentamos, independientemente de lo simplista que les parezca. A mí no me interesa hablar de un país bonito, pero imaginado, sino de disyuntivas y propuestas reales.

Segundo: superado el simplismo, hay una solución. “Articular de manera efectiva la política de paz con una estrategia de seguridad”. Es algo tan profundo que realmente produce pasmo. ¡Oh, solución salvífica! ¡Oh, sabiduría insondable! ¿Cómo no se nos había ocurrido antes? Pues, de tenerla a la mano, Belisario se hubiera ahorrado el Palacio de Justicia y los demás sobresaltos; Gaviria, los espantos de Tlaxcala; Pastrana, los horrores de la zona de despeje; Uribe, el asesinato del jefe negociador de la contraparte, las masacres y los despojos; Santos, los enfrentamientos sangrientos y los bombardeos, así como el desarrollo de las disidencias; y Petro, los bombazos de Mordisco.

Pero ni aquellos presidentes, ni sus equipos técnicos, pudieron evitar tales cataclismos relacionados con la seguridad. La inefable fórmula no les sirvió. La explicación es simple: no tiene la menor utilidad. Es una solución típica de esas que se encuentran en los manuales de autoayuda. Cosas como “el barco está más seguro en el puerto, pero no para eso se construyeron los barcos”: indefinidas, precisamente bonitas y carentes de contenido real.

Habría otra manera de enfrentar el problema. Criticar lo que está mal, pero apoyando los avances (a propósito: yo lo he hecho para todas las paces a las que me referí. No escribo desde una posición facciosa). Y preguntarse cuáles son realmente las fallas, cuidando la calidad de la inferencia. Esto es necesario en general, pero, a mi juicio, no hay tema que requiera mayor seriedad intelectual y moral que este. La Paz total tiene varios flancos débiles, y el presidente parece decidido a abrazar una explicación del conflicto que mina su propio programa. Pero si se achaca a éste una crisis de seguridad, hay dos cuestiones por resolver. La primera es demostrar que esa crisis existe. Es obvio que este gobierno no ha solucionado algunos problemas básicos (comencemos por el asesinato de líderes sociales), pero ¿hay un salto cualitativo hacia abajo en relación con años anteriores? Y segundo, demostrar que la Paz total tiene un efecto causal sobre esa crisis. Hasta donde sé, ninguno de estos ejercicios se ha adelantado sistemáticamente. Quedo pendiente de los argumentos causales serios que haya. Recordatorio: esas preguntas pueden llegar a ser complejas; a veces, lo que parece obvio no se sostiene. A la paz de Santos, verbigracia, se le achacaron numerosos efectos negativos, como el aumento de cultivos de coca o el patrocinio de las disidencias, pero, hasta donde sé, ningún estudio de calidad ha corroborado eso.

La experiencia –de izquierda, centro y derecha– de la paz en Colombia ha estado llena de sobresaltos. En la medida en que esto se pueda superar, no dependerá de fórmulas mágicas sino de razonamientos serios y diseños cuidadosos.

Conoce más

 

Rolando Antiú(17605)29 de mayo de 2026 - 12:03 p. m.
De acuerdo profesor Gutiérrez. Yo También votaré por Iván Cepeda y Aida Quilcué. Y por supuesto, no pierdo tiempo discutiendo con los irredentos.
Alfredo Manrique Reyes(08585)11 de mayo de 2026 - 04:10 a. m.
La incapacidad de construir convivencia pacífica revela una fractura profunda entre Estado, justicia y sociedad. Cuando la justicia es lenta, selectiva o impune, amplios sectores terminan sustituyendo el derecho por la violencia privada. En Colombia, parte de las élites ha administrado históricamente esa inseguridad como fuente de acumulación económica y control político, reproduciendo miedo, desigualdad y dependencia armada como formas de dominación social. Sera que esto es un secreto?
Javier Duque Daza(18622)10 de mayo de 2026 - 01:50 p. m.
"Hasta donde se". La arrogancia es enemiga del conocimiento. Este es colectivo y si se preocupa por hacer lo que usted mismo recomienda, tal vez encuentre. El salto cualitativo puede que no se haya dado. Pero el cuantitativo cuenta con muchas evidencias. hay problemas para contar, es claro. Pero hay hechos notorios que no se pueden ignorar.
Ricardo Becerra(9084)09 de mayo de 2026 - 01:47 a. m.
La ciencia política es una ciencia. Lo demás es pensamiento mágico.
elsy marquez(cww3c)08 de mayo de 2026 - 07:37 p. m.
La respuesta que dió a las dos objeciones o críticas al columna anterior son muy acertadas y puso en su sitio a quienes critican sin conocimiento profundo del tema de la paz y la seguridad en el transcurso de este proceso tan complejo que es la búsqueda de la paz..
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