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El triunfo de Lula en Brasil, en condiciones improbables, muestra que la extrema derecha puede ser vencida. Pero para que ello ocurra, se necesitan paciencia, método, garra. Lula hizo muchas cosas bien. Mostró claramente su compromiso con la democracia, aceptando los resultados de la primera vuelta y moviéndose con agilidad para revertirlos en la segunda. Apostó duro por la inclusión social, pero sin dejar de hablarles a “los otros”, como lo revela su fórmula vicepresidencial, un centrista bastante convencional. Es decir, supo adelantar su programa y, simultáneamente, tender puentes. Aprovechó el servilismo de Bolsonaro para crear una fractura (nacionalista) en la que tenía las de ganar. Y pudo usar con agilidad otros lenguajes de comunicación y la capacidad de movilización de su partido para llegar a nuevas poblaciones en el momento decisivo.
Incluso cuando estas virtudes no están presentes, las cosas pueden moverse en la dirección correcta. Eso es lo que parece estar a punto de ocurrir en los Estados Unidos. En caso de que los demócratas capturen la Cámara y el Senado —algo que, al día de hoy, ya no parece descabellado—, Trump estaría en grandes problemas. Y sus cipayos e imitadores locales quedarían, como dice la conocida cuña, “en el lugar equivocado”.
Ante estas posibilidades (y la de que el genocida Netanyahu pierda su silla), creo que una advertencia simple no está de más. Elegir a la extrema derecha tiene consecuencias: expone al mundo, al respectivo país y a las poblaciones vulnerables a una gran cantidad de horrores. Pero no sólo a ellas. Muchas de las personas que se ilusionaron con su triunfo terminan siendo sus primeras víctimas. Cuántas historias no hemos oído de trumpistas deportados, o de Mac Masters defenestrados.
Sin embargo, quitarle a esta pesadilla algunas de las palancas básicas del poder no implica necesariamente desembocar en un mundo primoroso de armonía. Los problemas siguen. Las coaliciones que ganan tienen límites, tanto tácticos como “estructurales”, y enfrentan desafíos. En Brasil, por ejemplo, Lula es un líder extraordinario, que ha logrado toda clase de victorias allí donde sesudos analistas decían que era imposible. A sus 81 años, exhibe una agilidad mental y una frescura envidiables. Pero está en el límite biológico de su trayectoria. ¿Qué pasa con la renovación? Al contrario de otros líderes latinoamericanos, Lula intentó promoverla, pero no ha logrado encontrar una figura de recambio sostenible. Allí hay toda una cantidad de explicaciones históricas, pero se trata de un interrogante duro que requiere de respuestas urgentes. Y en Brasil —no hablemos ya de Estados Unidos o Israel— las fuerzas que han enfrentado a la extrema derecha tienen toda clase de limitaciones, para no hablar de vínculos y proclividades que no entusiasman, para decirlo suavemente.
“El día después”, por tanto, soporta apenas dos o tres horas de fiesta (genuina, sentida). Después viene un trabajo duro, de dientes apretados, para construir una alternativa viable a la gobernanza extremista y fascistoide.
Esto puede crear la sensación de que nada cambió. Los otros días vi el siguiente cartel en una manifestación peruana: “Centro, derecha e izquierda: todos la misma mierda”. El apunte es muy bueno, pero expresa una visión cínica, fatigada y, a la vez, ingenua. Bien se ha dicho que un cínico no es más que un iluso desencantado. Reproduce a menudo un discurso que fácilmente pasa por “radical”, pero que lleva a un triple callejón sin salida: ético, analítico y político. Ético: esa nivelación por lo bajo es un regalo a los corruptos. Analítico: toda la experiencia histórica nos dice con claridad que hay ciertos fenómenos que, en punto a catástrofes humanas, son diferentes a los demás (una de las tantas razones por las que SÍ toca hablar de fascismo). Están en otra liga. Para enfrentar estos fenómenos extraordinarios, se necesitan estrategias también extraordinarias. Político: el “en el fondo nada cambió” es la mejor concesión posible a los extremistas de derecha.
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Atenas(06773)•Hace 8 minutos¿Será q’ sí? Mamola a todo lo aquí dicho por Pacho sin fortuna, quien no tiene más argumentos q’ limitarse a garrapetear frondia ideologizada y cavernícola opinión, en eso se resume el rol de este jumento, no hay otro asunto q’ jamás aborde más allá de tender cortinas de humo pa minimizar y acallar quejas, reclamos y desespero por todas las barrabasadas de sus camaradas en el poder. Pero mucho más ruin y contradictorio q’ haya un pobre tipo como él, es q’ EE le dé cobijo. Atenas
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usucapion1000(15667)•Hace 27 minutosMagistral y profundo como siempre, pjalá hubiera un puñado de periódistas resposables e informados como ud., dr Gutierrez Sanín.