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Soy de derecha, no fascista

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Equiparar a la derecha democrática con el fascismo es una forma de sectarismo que desconoce diferencias fundamentales sobre las libertades y el ejercicio del poder. Acusar a alguien de defender la eliminación del pluralismo, la persecución política y la supresión de derechos exige identificar las ideas o las actuaciones que sustentan ese señalamiento. Ser de derecha no es prueba de ninguna de esas pretensiones.

Esta semana recibí comentarios en los que me llamaban «facha» o «fascista». Muchas personas me escribieron para contarme que también les ocurre. Somos muchos quienes nos reconocemos en la derecha y defendemos las elecciones libres, las libertades individuales y los límites al poder. Nada de eso es fascista, por más que insistan en llamarlo así.

Quienes solo reconocen como demócratas a los que piensan como ellos tienen un problema con el pluralismo. La democracia admite diferencias profundas sobre cómo gobernar y exige poder discutirlas sin desfigurarlas.

Soy de centroderecha, liberal y demócrata. Defiendo la iniciativa privada, la propiedad y la capacidad de las empresas para generar oportunidades, junto con un Estado que garantice salud y educación de calidad. Todos debemos poder expresar nuestras ideas sin temor a ser perseguidos por ellas. Creo que cada persona debe poder decidir sobre su cuerpo, con quién compartir su vida y cómo vivirla. Mis creencias religiosas no tienen por qué determinar las decisiones de los demás ni convertirse en obligaciones impuestas por el Estado.

El fascismo surgió en Italia con Benito Mussolini como un proyecto ultranacionalista que subordinaba los derechos de las personas a la grandeza de la nación. Defendía la concentración del poder y la violencia contra quienes consideraba enemigos. Su ubicación en la extrema derecha no convierte en fascista a toda la derecha. Defender un proyecto dentro de la democracia y promover la destrucción de ese sistema son posiciones incompatibles.

En La doctrina del fascismo, publicada en 1932 bajo la firma de Mussolini, el individuo solo tiene cabida en cuanto sus intereses coincidan con los del Estado. El texto se declara totalitario y rechaza el liberalismo político y económico. Incluso atribuye al Estado la facultad de decidir qué libertades conservar y cuáles suprimir por considerarlas inútiles o perjudiciales. Las personas pueden ser libres hasta donde el Estado lo permita.

El historiador Robert Paxton advierte que el fascismo debe examinarse también por lo que hace. En Los cinco estadios del fascismo (1998), propone estudiar cómo sus movimientos llegan al poder, con quiénes se alían y cómo gobiernan. Entre sus rasgos identifica la primacía del grupo sobre los derechos individuales, la exaltación de un líder que dice encarnar el destino nacional y la justificación de la violencia contra sus enemigos.

La derecha democrática se caracteriza por aceptar límites que ese proyecto rechaza. Defendemos que el Estado enfrente el crimen y proteja a los ciudadanos dentro de la ley. Las ejecuciones extrajudiciales deben investigarse y sancionarse. Creemos en la alternancia y los controles al poder, incluso cuando limitan a un gobernante que apoyamos. Ninguna afinidad política justifica desconocer decisiones judiciales o cambiar las reglas para perpetuarse. Nuestros contradictores tienen derecho a expresarse, organizarse, protestar y ganar elecciones.

Estos principios también nos obligan frente a la derecha. Debemos cuestionar a quienes, desde nuestro sector, promueven la persecución del adversario, justifican abusos o sitúan a un líder por encima de las instituciones. Nuestro compromiso con la democracia está por encima del respaldo a cualquier dirigente.

Usar «fascista» para cualquier posición de derecha desgasta su significado y debilita la capacidad de denunciar lo que esa palabra representa. Si una diferencia sobre política económica recibe el mismo nombre que la persecución de opositores, perdemos precisión para advertir sobre amenazas contra la democracia. Reconocer el desacuerdo exige distinguir entre proyectos que pueden disputarse el gobierno y aquellos que buscan eliminar esa posibilidad. Somos muchos quienes defendemos ideas de derecha y un país donde también puedan gobernar quienes piensan distinto. Ser de derecha no nos hace menos demócratas. Mucho menos, fascistas.

Gabriela Alonso Jaramillo

Por Gabriela Alonso Jaramillo

Estudiante de Gobierno y Asuntos Públicos y de Ciencia Política en la Universidad de los Andes. Máster en Comunicación Política del Centro Europeo de Postgrados. Creadora de contenido, reconocida por Cifras & Conceptos como líder nativa digital y ganadora del Youth Leadership Award de los Napolitan Victory Awards.
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Comentarios
  • Falcon(13720)•Hace 44 minutos
    Nada marrón que parezca pardo.
  • Alejandro(53mrt)•Hace 1 hora
    La división entre derecha e izquierda es arbitraria. Lo que explica en su artículo sustenta esta afirmación. Los que se dicen de izquierda suelen ser, esos sí, unos fascistas que solo entienden a las personas subyugadas por lo que consideran “correcto”. En especial adorar a sus mesías y líderes que hablan del “pueblo”, las “libertades”, el “progresismo”, los “derechos”, pero gobiernan en líneas populistas perversas y dictatoriales, empobrecedoras y retrógradas. Lo vimos con Petro.
  • Gines de Pasamonte(86371)•Hace 1 hora
    2) sus enemigos”, Ahhh…, quien defienda o guarde silencio ante estas posturas, quien “pase de agache” ante las mismas, necesariamente habrá que señalarlo como fascista. ¡Elemental!
  • Gines de Pasamonte(86371)•Hace 1 hora
    1) “Ser de izquierdas o de derechas, es una de las infinitas maneras que se puede elegir para ser un imbécil” Ortega y Gasset. Se sufre entonces de hemiplejía moral señalaba con acierto el filósofo español. A propósito del historiador Robert Paxton, este gobierno calza perfectamente en lo que él define como fascismo, esto es: “la primacía del grupo sobre los derechos individuales, la exaltación de un líder que dice encarnar el destino nacional y la justificación de la violencia contra…
  • Juan felipe(82042)•Hace 2 horas
    Déjenlo pues en pseudo facha. Mejoro?
  • Pedro Juan Aristizábal Hoyos(86870)•Hace 2 horas
    Usted debe ser de centro izquierda o de centro derecha y no creo que ningún progresista la esté tildando de fascista. Lo que creo es que quizás le este lavando la cara a este mal gobierno y eso es ser muy regalada así nos muestre todos los títulos. Hoy requerimos de las personas bien formadas en buenas universidades, es compromiso contra las injusticias de este gobierno y por la defensa de las comunidades olvidadas
  • Miguel(63706)•Hace 3 horas
    Tiene razón doña Gabriela, así como ser de izquierda no significa ser un demoníaco comunista o un zurdo despreciable socialista. Fascistas también los hay de izquierdas igual que social demócratas también los hay de derechas; dictaduras hay tanto diestras como siniestras, la corrupción tampoco es exclusiva de un solo lado así como la injusticia. La Política se debería ejercer con reflexión y respeto.
  • Dionisio(cvtsc)•Hace 4 horas
    Suena más de centro izquierda 😅
  • NAVY(47439)•Hace 5 horas
    De acuerdo
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