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Hay poderes que quieren evitar que Sergio Fajardo llegue a la segunda vuelta. No les conviene el candidato que les ha dicho “chao a los expresidentes” —sea Álvaro Uribe o César Gaviria, maestros de gobierno entre bastidores—. No les conviene el que administra los recursos públicos con “más ojos que manos”, como lo hizo en sus gestiones en la Alcaldía de Medellín y en la Gobernación de Antioquia —cuando sus gobiernos fueron calificados como los mejores a nivel nacional—. No les conviene que tenga el respaldo de personas como Jorge Enrique Robledo —uno de los más sobresalientes y comprometidos senadores de Colombia—, Antanas Mockus —promotor incansable de la cultura ciudadana— y Humberto de la Calle (aquí mi interpretación de su video en silencio), quien ha sido uno de los líderes de la construcción de paz del país.
No les conviene tampoco que Fajardo tenga propuestas serias, porque es hora de ganar como sea, ni que quiera construir un liderazgo colectivo, porque es más fácil negociar con un caudillo que con toda una colectividad de ciudadanos, gobernando el país para el bienestar de la mayoría en lugar de beneficiar grupos de interés.
Lo más evidente es el intento de deformar la carrera presidencial para convertirla en una de una sola vuelta sin él. De la última encuesta, por ejemplo, resaltan el empate técnico de Petro y Gutiérrez en segunda vuelta —41 % y 39 %, respectivamente—, pero no muestran que la misma encuesta le da 39 % a Petro y 38 % a Fajardo para el escenario de segunda vuelta —una diferencia menor a la de la llave que resaltan—.
En cualquier caso, no hay razón para adelantarse. En primera, el elector puede votar por el favorito; en segunda, puede votar en contra de Petro —o del que menos le guste—. Y tengamos en cuenta el argumento de Carlos Fernando Galán: más fácil que en segunda vuelta Fajardo logre el apoyo de los seguidores de Gutiérrez, que los seguidores de Fajardo se vayan con Gutiérrez.
Fajardo ofrece una transformación del país con generación de empleo a través de una estrategia de desarrollo productivo y educación en ciencia y tecnología. En sus propuestas hay un reconocimiento fundamental de la importancia de reducir las desigualdades —de ingreso, de género, regionales— y la pobreza para lograr fortalecer la democracia. Su propuesta es la de una economía moderna al servicio de la gente, con sostenibilidad ambiental, competitividad, diversificación exportadora y estabilidad macroeconómica. Un programa de gobierno financiado en parte por impuestos más progresivos y equitativos pagados por los más privilegiados. Se puede transformar el país con seriedad y sin saltos al vacío. Le dicen tibio cuando lo tibio es en realidad dejar las cosas como están, a temperatura ambiente —el continuismo—, o cuando el calor de las promesas viene seguido por baldados de agua fría —el populismo—. Fajardo, de tibio nada.
Él quiere ser presidente y fortalecer el servicio de las instituciones para lograr el cambio que necesita el país. Sabe bien que decirles chao a los expresidentes y no participar en la subasta de las promesas populistas cuesta votos. Ergo, no quiere llegar a la Presidencia de cualquier manera y romper el principio por el que decidió hacer política: servicio.
No perdamos la posibilidad de tener un presidente que nos muestra, incluso desde la campaña, que podemos ser mejores, que es posible dejar atrás la polarización y que la educación sea un motor de transformación, presente en lo económico, lo ambiental y lo político. Fajardo representa un proyecto que da confianza.
En primera se puede vencer al continuismo y en segunda al populismo. Mi voto en primera es por Fajardo.
Coletillas. 1) De los tres candidatos —Fajardo, Gutiérrez y Petro—, Fajardo fue el único que participó en el foro con los jóvenes y en el foro sobre las regiones. Van dos y contando. 2) Una prueba de detección rápida para pasar a los candidatos: A) Tipo de liderazgo (¿caudillista o colectivo?). B) Las experiencias de gestión en administración pública (¿buenas o malas?). C) Las propuestas (¿transformadoras y viables?). D) Los que están detrás (¿los mismos con las mismas o quienes ejercen el servicio público con altura?). Para mí, gana Fajardo.
