La reacción más benevolente frente al panorama fiscal presentado por el nuevo gobierno es que se trata de una “sorpresa” —no precisamente positiva—. El Gobierno presentó un proyecto de Presupuesto General de la Nación (PGN) que supera en cerca de tres puntos del PIB al radicado por el gobierno Petro; se anunció que no habrá convergencia a la regla fiscal en el cuatrienio —tal como fue diseñada y defendida en el pasado—, y se proyecta que, luego de un ajuste fiscal, la deuda neta del Gobierno Nacional Central que heredará el próximo gobierno (2030) sería de 65 % del PIB —aún peor que los resultados del gobierno Duque y Petro en 2022 y 2026, respectivamente—.
Si estos mismos mensajes se hubieran dado hace un mes, la tolerancia habría sino nula. El gobierno De la Espriella, sin embargo, aprovecha lo subestimado de manera insensata por el gobierno Petro en sus últimos tres años de gobierno: la confianza y el respaldo de los grupos económicos. Veremos la duración de la paciencia.
Este PGN, de acuerdo con la presentación de Miguel Gómez, ministro de Hacienda y Crédito Público, sincera las cuentas mal hechas del gobierno anterior y anticipa la necesidad de una “Ley de rescate económico” que reduciría en 2,2 puntos del PIB el déficit fiscal en 2027. La meta es estabilizar el déficit.
El PGN del nuevo gobierno ajusta al alza los rubros de pensiones, salud, salarios de funcionarios públicos y pagos del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) por cerca de 23 billones de pesos. Además, con interrogantes, corrige al alza el servicio a la deuda por una suma escandalosa: 37 billones de pesos. Intuyo que vendrán nuevas operaciones de manejo de deuda para disminuir la cifra en el corto plazo, revirtiendo lo hecho por Hacienda desde 2025.
Aunque en una columna pasada mencioné que el último Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP) del gobierno Petro tendría que ser revisado como parte de un conjunto de tareas inmediatas, ante la pérdida de credibilidad, preocupa no tener todavía una hoja de ruta clara para la solución fiscal. Colombia, como economía emergente y expuesta a vulnerabilidades externas (tasas de interés internacionales, precios de las materias primas), no puede permitirse la normalización de un régimen de altísimos déficit y endeudamiento. No será suficiente reconocer y cuantificar los impactos inerciales de lo heredado. Esperemos los detalles de la “Ley de rescate económico” y señales de una mejor sintonía del Ejecutivo con el Legislativo para su discusión en el Congreso de la República.
Era ya sabido que el gobierno enfrentaría una crisis fiscal acompañada de crisis financieras en varios sectores, como salud y energía. Pero la campaña ya terminó. La tarea ahora es mostrar una solución que, por impopular que sea, necesitará reformas sustanciales del gasto público y una nueva reforma tributaria, ambas con el apoyo del Congreso de la República. Esto acompañado por un impulso de la economía a través del sector empresarial.
Que el equipo económico tenga la mejor de las suertes, tratándose al final de la suerte del país. Y que no miren demasiado el espejo retrovisor en un camino culebrero y con precipicios al lado. Mejor por el panorámico: hacia adelante.
* Ex viceministro técnico de Hacienda y Crédito Público. Profesor titular de Economía de la Universidad Javeriana.