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Ni contigo ni sin ti

19 de septiembre de 2026 - 12:01 a. m.

“Ni contigo ni sin ti/ tienen mis males remedio;/ contigo porque me matas,/ sin ti porque yo me muero”.

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Esta copla, viralizada por el cantante Emilio José a finales de los 70, podría ilustrar el drama de la izquierda colombiana con respecto al expresidente Petro, pero en esta oportunidad la cito para hablar del dilema que enfrenta la humanidad ante la tecnología, patente en estos días por el peligro que entraña el desarrollo ilimitado de la inteligencia artificial, a la que en 2022 tildé de Idiotez Artificial.

Según los mediocres resultados de las pruebas PISA divulgados recientemente, ahora resulta que la que se viene idiotizando es la humanidad, mientras que la IA se sofistica al punto de que ya se prevé que en caso de adquirir autonomía y quedar fuera de control podría provocar nuestra extinción.

Angustiado ante esta posibilidad, en su más reciente columna, Juan Carlos Botero responsabiliza a unos pocos multimillonarios de poner en riesgo el destino de nuestra especie y menciona en concreto a 300 despiadados mega ricos que con su dinero determinaron la segunda victoria de Trump. Frente a esta aberrante situación, Botero concluye que ha llegado la hora de rebelarnos.

¿Y cómo? Votando ―nos dice él― “por políticos comprometidos en introducir regulaciones sensatas y perentorias a esta tecnología”. Pero ajá, ¿y acaso Botero no votó en blanco en la última elección presidencial? ¿Será que el intangible voto en blanco podría ayudar a regular la IA? En ese caso, con un tris más de lucidez, sabiendo que De la Espriella es uno de los perritos falderos del tecnofascista Trump, hubiera sido más sensato votar por Cepeda.

Si parece improbable que Botero consiga llevar a cabo su conspicua rebelión contra los desmanes de la IA votando en blanco, ¿entonces cómo hacerlo? ¿Protestando por internet, a través de las compañías de los multimillonarios que execra? ¿O quizás en lo sucesivo piensa escribir sus columnas a mano, prescindiendo del computador? ¿O planeará tomarse las calles enarbolando un cartelito?

Lo que pretendo plantear con estas preguntas retóricas remite a la copla que cité al comienzo. El predominio simultáneo de los beneficios de la tecnología y de sus efectos nocivos hace que hoy en día vivamos en un laberinto en el cual ni con ella ni sin ella podemos subsistir.

Ayer le pregunté a la IA si las células de mis pulmones se podrían regenerar en caso de dejar de fumar. Tardó siete segundos en contestarme. Luego le pedí que calculara qué cantidad de agua había sido necesario emplear para que me respondiera, y con toda sinceridad me dijo que, considerando la refrigeración para evitar el sobrecalentamiento de los chips y el agua evaporada por las plantas eléctricas, alrededor de 2,12 litros.

¡Dos litros de agua por consulta! Es aterrador pensar que cuando un millón de personas le preguntan algo a la IA, en ese mismo intervalo se estarán gastando aproximadamente 2.120.000 litros de agua. Y es todavía más aterrador considerar que, como también me lo dijo la IA, entre 1.300 y 1.800 millones de personas en el mundo utilizan herramientas directas de IA en la actualidad. Con razón Trump quiere apoderarse de Groenlandia para enfriar sus centros de datos.

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Así vamos. Y ya sabemos que en la sociedad capitalista, una vez se encuentra disponible algún nuevo producto o servicio, acto seguido se instaura la necesidad compulsiva de consumirlos. Esa imparable dinámica consumista, al agotar los recursos naturales disponibles, es la principal responsable del calentamiento global y demás efectos perversos del apocalipsis climático en marcha.

Independientemente de que en el futuro la IA conspire o no contra la humanidad, el mero consumo de agua que requiere para funcionar será catastrófico para nuestra supervivencia. Entre tanto, la aldea global depredadora, sobreinformada, desinformada, ignorante de su propia ignorancia, refractaria a toda evidencia crítica, continuará firme protagonizando la atrofia mental, el aconductamiento virtual, la adicción digital y la fatal Tiktokización, Instagramización, Facebookización y Xsización de la vida.

Por John Galán Casanova

Poeta y ensayista bogotano. Premio nacional de poesía joven Colcultura, 1993. Premio internacional de poesía "Villa de Cox", 2009.
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