Sergio Esteban Vélez, director del Caro y Cuervo nombrado por la ministra de Cultura, Paola Holguín, llegó al cargo en medio de escándalos. Antes de ser elegido, publicó un video en TikTok en el que dice que el instituto se había convertido en un “fortín del marxismo cultural” y criticó la publicación de un libro sobre personas gais pertenecientes a las FARC como "agenda woke". Después de nombrado, borró el video. Pero no ha dejado de ganarse la indignación del gremio por promover un mensaje curioso sobre el nadaísta Gonzalo Arango. La polémica escaló con su más reciente video, sobre Andrés Caicedo, pues es peligroso por su evidente desconocimiento del suicidio como fenómeno psicológico. Es inaceptable que un servidor público, pagado con nuestros impuestos, promueva una visión tan agresiva y dañina de un problema que no comprende.
En el video, Vélez habla de Andrés Caicedo, escritor colombiano que fue víctima de suicidio a sus 25 años. En esencia, el director dice que hoy, "mientras muchos sectores (…) se apresuran a romantizar su final, a exaltar el mito del poeta maldito y a usar su dolor como bandera de rebeldía, la realidad es mucho más triste y cruda: la autodestrucción no es un acto revolucionario, sino una tragedia solitaria". Uno pensaría que se trata de un acto de bondad, de empatía con la tragedia de Caicedo, pero hay un problema: Vélez también romantiza el suicidio.
Para poder entender lo que estaba diciendo, fui al diccionario, asumiendo que el director del Caro y Cuervo sabe más de español que yo. Sin embargo, la RAE dice que la palabra "romantizar" no existe. Empezamos mal. La Fundación del Español Urgente sí explicó, en un tuit, que "la traducción que dan los diccionarios bilingües para «romanticize» es «idealizar», pero «romantizar» también se emplea con el sentido de ‘dar a algo carácter romántico'". Me fui, entonces, al diccionario en inglés de Cambridge, que lo describe como, y aquí perdonarán mi traducción, "hablar de algo de manera que parezca mejor de lo que realmente es, o creer que algo es mejor de lo que realmente es". Vale la pena ver las palabras con las que Vélez se refiere al suicidio de Caicedo.
Empieza diciendo que de él "solo queda el eco de una tragedia que todavía duele en el alma de nuestra cultura". Agrega que se suicidó "consumido por sus propios demonios, atrapado en el laberinto de las drogas y devorado por una rebeldía extrema que no encontró dónde apoyarse". Luego, con una preocupación que suena impostada, dice que "nos duele ver cómo el rechazo absoluto a las normas y a la institucionalidad terminó convirtiéndose en una trampa mortal. Su genio (…) se estrelló contra el vacío de su propia autodestrucción". No contento con todo lo anterior, concluye que "por culpa de la anarquía dejamos de tener otro Nobel de Literatura. Colombia perdió a una de las mentes más lúcidas (…) porque un joven brillante creyó que quemar la vida y renegar de todo era la única salida a su descontento. Ya es hora de dejar de aplaudir el abismo. A Andrés Caicedo lo mató el vértigo de su propio dolor".
Demonios, laberintos, rebeldía extrema, trampas mortales, quemar la vida, vértigo de su propio dolor. Vélez parece estar escribiendo una novela de romance adolescente con esas descripciones. Lo cruel es que el suicidio no puede simplificarse de esa manera. No, las personas no son víctimas de suicidio por figuras literarias abstractas. De hecho, no podemos saber con certeza la causa de la muerte de Caicedo: todos los estudios científicos en psicología sobre el tema alertan a no establecer claras líneas de causa y efecto. No podemos comprender qué pasó por su cabeza ni mucho menos decir que rechazar "las normas y la institucionalidad" fue lo que lo llevó al "abismo". Qué arrogancia la de Vélez de creer que puede etiquetar de esa manera una tragedia.
Peor aún, al hacer ese derroche de ignorancia, Vélez está poniendo en riesgo a las personas con ideación suicida que lo escuchan. La Asociación Americana de Psiquiatría, la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio dicen que el suicidio puede contagiarse si se habla de él públicamente de manera “sensacionalista”. Abundan los testimonios de cómo la gente que sufre depresión ve su ideación suicida empeorar por como se habla al respecto. En las guías de recomendación para hablar del tema en público se prohíbe "simplificar o especular sobre las razones del suicidio" y ser amarillista con los detalles que se presentan. Un estudio reciente encontró que las personas están llenas de ideas equivocadas sobre cómo ocurren los suicidios y qué se puede hacer para prevenirlos.
Lo que hace Vélez no es un homenaje a Caicedo, sino utilizar una tragedia para promover su “batalla cultural” y su visión del mundo. Eso es muy bajo. Por caridad, el director del Caro y Cuervo debería seguir su propio consejo, dejar de romantizar el suicidio, informarse un poco y no someternos de manera tan irresponsable a su onanismo moral.
Posdata. Si usted está teniendo ideación suicida o en general quisiera hablar con un profesional, Porque Quiero Estar Bien da atención de urgencias gratuita a través de su página. Los recomiendo muchísimo. En Bogotá puede llamar a la línea 106 y aquí hay un directorio de todas las líneas de apoyo en el país.
Posdata II. Les recomiendo leer lo que escribí sobre un tema similar hace dos años: Semana y el contagio del suicidio.
Última posdata. Si usted es un profesional de la salud mental o una persona que investiga en el área y quiere divulgar su trabajo o explorar los retos que enfrenta, escríbame a jrincon@elespectador.com