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2 Apr 2022 - 5:02 a. m.

Sí, Íngrid Betancourt es “hipócrita y oportunista”

Ingrid Betancourt y Alejandro Gaviria
Ingrid Betancourt y Alejandro Gaviria
Foto: Archivo particular/Cortesía

Alejandro Gaviria escribió un tweet sin nombre ni apellido, pero que todo el mundo sabía para quién iba. Decía: “Hipócrita y oportunista...”.

Sintiéndose aludida, Íngrid Betancourt respondió: “Esta es la cultura de la violencia y la intolerancia que lleva a justificar acomodarse con la corrupción. Las maquinarias, [sic] no tienen ideologías. Hoy con el uno, mañana con el otro. ¿No aprendiste la lección?”.

Supongo que la “violencia” y la “intolerancia” es que le estén diciendo hipócrita y oportunista, pero no se trata de un simple ataque ad-hominem ni de un troll de redes sociales. Es un hecho verificable que Betancourt merece ambos adjetivos.

Hay muchas justificaciones para tildarla de “hipócrita”, pero concentrémonos en una: su discurso “antimaquinarias”.

Betancourt ha construido su campaña sobre la idea de que ella es el faro de la moral incapaz de pactar con alguna maquinaria política corrupta. Con ese argumento atacó a Gaviria y se salió de la Coalición Centro Esperanza que ella misma ayudó a montar. En una memorable entrevista con RCN no hizo más que preguntar si los candidatos tenían maquinaria antes de tomar una decisión sobre si haría alianzas con ellos.

Entendimos: a Betancourt no le gustan las maquinarias y es una línea roja inamovible que justifica torpedear cualquier proceso colectivo.

Sin embargo, esta semana anunció que se había reunido con Álvaro Uribe y que estaba abierta a construir alianzas con el Centro Democrático. “Aquellos que han creído en Uribe y están en contra de las maquinarias no deben ser excluidos de un gran acuerdo nacional contra la corrupción”, dijo.

No comparto la crítica condescendiente de quienes dicen que Betancourt no sabe del país por vivir en Francia. Eso le quita agencia a sus cálculos políticos. Ella sabe muy bien lo que está haciendo y por eso se ganó el adjetivo de hipócrita: cualquier político que quiera construir alianzas con el Centro Democrático está aceptando todo lo que el uribismo trae consigo y, sí, eso incluye maquinarias.

El uribismo obtuvo su gobernabilidad a punta de la popularidad aplastante del expresidente Álvaro Uribe y el pacto con todas las maquinarias que quisieran sumarse al proyecto político. ¿Se olvidó Betancourt del escándalo por la reelección presidencial? ¿Del carrusel de notarías durante el gobierno Uribe que terminó con varios condenados? ¿Del Congreso plagado de parapolíticos a los que el entonces presidente Uribe pidió que votaran antes de que los metieran a la cárcel?

Es hipocresía dar un portazo con Gaviria, Sergio Fajardo y los demás, pero salir a pretender construir un gran pacto nacional con la maquinaria que ha dominado la política colombiana en las últimas dos décadas.

Lo que nos lleva al oportunismo. Aquí también hay múltiples evidencias, pero vámonos con el manejo que le ha dado a su partido Verde Oxígeno.

Aprovechó que hacía parte de la Coalición Centro Esperanza para darle aval a dos de los candidatos con más posibilidades de quedar elegidos, Humberto de la Calle y Daniel Carvahlo. Cuando ella y solo ella decidió dar un portazo y salirse de la Coalición, los dejó amarrados a un partido con el que no estaban de acuerdo. Y, claro, Verde Oxígeno se quedó con los dos puestos elegidos, con la reposición de votos y con la potestad de que Betancourt haga lo que se le antoje con el futuro político de ellos.

Mientras tanto, la directora del partido Verde Oxígeno sigue en una campaña presidencial sin norte, sin propósito y sin posibilidad real de poder, pero sí de crear caos, ganar publicidad y, por supuesto, obtener el dulce dinero de la reposición de votos. Lo dicho: oportunismo.

Betancourt seguirá victimizándose en redes y en debates, posicionándose como la defensora de la moral y la que está convocando un gran pacto anticorrupción. Eso hacen los hipócritas y oportunistas: decir que ellos, y solo ellos, son los que tienen la razón.

Posdata. La campaña presidencial de Betancourt está tan cerca de la parodia que no me extrañaría si en unos meses nos enteramos de que se trataba de un performance al estilo Juampis González. Eso explicaría por qué su sobrina, Anastasia Rubio, armó escándalo cuando supuestamente le robaron el novedoso slogan de campaña “Ni Petro, ni Uribe”. Tanta ridiculez no puede ser verdad. Gracias por la sátira política.

@jkrincon

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