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Atalaya

El baúl de Luis Rosales

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Juan David Zuloaga D.
06 de agosto de 2026 - 05:04 a. m.
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Hablaba hace unos días en esta columna de un poema inédito de Federico García Lorca que había encontrado el cantaor de flamenco Miguel Poveda en un anticuario de Alemania. Reflexionaba sobre las maneras misteriosas que en ocasiones tiene la cultura de preservarse. Pues bien, resulta que hace unos días se publicó en España la noticia de que había aparecido un baúl lleno de cartas, documentos y manuscritos de otro gran poeta granadino, Luis Rosales.

Poeta sutil, cuya estética enfatizaba que, se publicara cuando se publicara, se trabajara cuanto se trabajara y se puliera cuanto quisiera pulirse, siempre era prematura la publicación de un poema. Estética que nos recuerda la paciencia con la que trabajaba Rosales.

Y, sin embargo, publicó poemarios entrañables que aún conmueven y alegran el corazón. Uno de sus poemas más hermosos, su Autobiografía, está esculpido en la fachada posterior del convento de las Carmelitas Descalzas de Granada, en el centro de la ciudad donde termina la Gran Vía de Colón.

El baúl se encontró en el trastero de un edificio de la Calle Vallehermoso de Madrid en el que residió Rosales algunos años. Había en él poemas inéditos y publicados, correspondencia con intelectuales españoles y americanos y diversos documentos —sobre todo de la época en la que trabajó en el Instituto de Cultura Hispánica, una entidad dedicada a fomentar los lazos culturales entre España e Hispanoamérica— que seguirán arrojando luz sobre la obra del poeta granadino.

El anunció lo hizo Luis Rosales Fouz, hijo del poeta y quien escribió, junto con Cova Sánchez-Talón, una biografía sobre su padre titulada Desde que tus pasos me abren el camino. Biografía que necesitó de ciertas precisiones históricas, pues durante algunos años y en ciertos sectores se propaló el infundio de que Rosales y su familia habían delatado a Lorca, cuando en verdad la familia lo resguardó en su propia casa pensando que serían capaces de refrenar la acción de quienes lo perseguían, sin haber tenido éxito en ello.

El baúl repleto de documentos lo encontró la administradora del edificio y al comenzar a leer las cartas y los textos recordó que Luis Rosales había vivido allí. Tenemos la suerte de que cayó en manos de una mujer letrada que pronto se puso en contacto con su hijo para darle la noticia, de otro modo ese material tan valioso y tan rico, testimonio de toda una época, hubiera podido terminar en el fondo de la basura y no en el archivo Luis Rosales, el lugar que le corresponde.

Me asombra de nuevo el modo en el que muchas veces la cultura se abre camino para preservarse, de manera misteriosa, a través de las décadas y de los siglos. En esta ocasión, salvaguardando partes de la vida y de la obra de aquel que en uno de sus poemas más hermosos y más memorables se preguntó «cómo es posible que la predestinación a veces llegue tarde».

@D_Zuloaga

juandavidzuloaga@yahoo.com

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