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11 Dec 2021 - 4:53 a. m.

El deber de hacer trampa

No sé si debería sorprendernos la noticia sobre el plagio de la representante Jennifer Arias. No es la primera vez y no será la última que pillan a un servidor público intentando tapar su mediocridad intelectual por medio de esta práctica. Ha pasado varias veces en países como Alemania, donde en teoría tener valores significa algo, y seguirá pasando. Es como si fuera un deber político: el deber de hacer trampa. No quiero saber la cantidad de personajes públicos en Colombia que se han llenado de títulos académicos de cualquier manera y ojalá que las universidades se tomaran el tiempo de revisarlos de vez en cuando.

Hace muy bien la Universidad Externado de Colombia de tomarse esto en serio. La representante manifiesta por Twitter, “con la tranquilidad de siempre”, no haber actuado de manera indebida y solicita se “cumpla con el debido proceso”. Creo que se trata de puras patadas de ahogada para intentar en vano echarle tierra a una decisión firme y que seguramente se revisó muchas veces antes de ser publicada.

¿Qué tiene que decir la señora Arias? ¿Cómo pretende defender lo que parece indefendible? Que no nos sorprenda cuando salga con una historia del estilo “la verdad es que contraté a alguien para hacer ese trabajo y se equivocó, y equivocarse es de humanos”. No podemos aceptar que una servidora pública no sea capaz de asumir su responsabilidad y menos que termine echándole el agua sucia al primero que encuentre. La representante tiene que darse cuenta de la gravedad del asunto: nos encontramos en el núcleo de lo que debería representar la educación de calidad. Es decir, una educación centrada en formar mejores seres humanos y no personas ávidas de poder, dispuestas a hacer lo que haga falta para seguir satisfaciendo el “torcido curso de sus apetitos” (Álvaro Mutis, Moirologhia).

En la misma línea, cuando estaba buscando más información sobre Arias, descubrí en el portal plagios.org el aterrador caso de un tal Julio Macott; un tipo que se autodenominó escritor y terminó copiando palabra a palabra columnas de opinión de diferentes periódicos. El grado de mala fe raya con la estupidez y menos mal lograron desenmascararlo. Lo que hizo este señor es criminal y me parece fundamental hacerlo aún más visible para evitar que sus escritos se sigan extendiendo por ahí. En su momento, hasta EE fue víctima de las argucias de este personaje. Por fortuna, las oportunas denuncias lograron frenar su participación en el periódico. Hoy en día, en el portal de EE, bajo el título del supuesto artículo de Macott aparece en mayúsculas fijas la frase “ESTA CARTA DE LOS LECTORES FUE DESPUBLICADA POR TRATARSE DE UN PLAGIO COMPROBADO”.

Así deberían ser las cosas. ¿Cómo pueden las niñas y los niños de Colombia aprender a ser honestos si no se sancionan este tipo de comportamientos? No podemos empezar a pensar que esto no es “tan” grave. Por lo general, en los contextos académicos y después de cierta edad, los adultos sabemos identificar con claridad si se está haciendo trampa o no. Y es el colmo pretender que no ha pasado nada y expresar, como lo hace el representante Edwin Ballesteros por Twitter en apoyo a Jennifer Arias, “siempre adelante querida Presidente”.

No, no se puede seguir avanzando a punta de trinquetes, de marrullería, de engaño. No, no siempre adelante, al menos no de esta forma. Así no le están dejando nada a Colombia y sí se están beneficiando del trabajo de personas honestas que los puso y mantiene en esa posición. Si Arias plagió, como lo afirma la Universidad Externado de Colombia, que responda por esa falta. Si Macott sigue jugando a ser escritor a expensas de otros que responda por esa falta. Esos comportamientos solo traen más violencia y siguen desangrando el país.

@jfcarrillog

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