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12 May 2022 - 10:38 p. m.

Pensar “fuera de la caja”

Tuve la fortuna de realizar en el colegio alemán de Nairobi un pequeño ejercicio de educación para la paz en la clase de uno de mis hijos. La idea de base era dialogar con niñas y niños entre los 9 y 10 años sobre lo que significa paz y violencia, y cómo es posible desde su perspectiva promover paz hoy en día.

Se trata de una iniciativa personal que se adhiere de forma natural a la filosofía de un colegio que está tratando de darles prioridad a las emociones y al bienestar de sus alumnos, sin perder de vista su desempeño académico. De esta manera, y a diferencia de la gran mayoría de los colegios públicos y privados hoy en día, la intención es priorizar una perspectiva cualitativa de la educación, alejándose con prudencia de ese excesivo detalle por las notas, las tareas abrumadoras y la percepción de que la calidad educativa está centrada en la competitividad y no en la formación de mejores seres humanos.

Cuando llegamos a Kenia hace un año, descubrimos con sorpresa que el colegio acababa de ganar una mención especial por su nuevo proyecto educativo en el marco de un programa de la Fundación Bosch. Con el pasar de los días, fuimos descubriendo a través de nuestros hijos el marco general de este proyecto y su bondad de ver en los alumnos algo más que ese baúl vacío que se pretende, sin mucho criterio y de manera equívoca, llenar de información. Siguiendo la lógica freiriana de la educación sustentada en el intercambio dialógico, el colegio ha ido encontrando un espacio para demostrar que es posible inyectarle nuevas pedagogías a la oxidada y gastada educación tradicional.

El aprendizaje no solo ha sido de gran utilidad para los alumnos, sino también para todos esos padres que alcanzamos a estar sometidos a ese terrible principio de “la letra con sangre entra”. Por más que el colegio explique que no es necesario extender las jornadas de clase, y que los tiempos en el colegio deben ser suficientes para aprender, aún hay muchos padres que bregan con la ausencia de tareas en la primaria. Estamos sin duda frente a una intención muy clara de darle un espacio de vida distinto tanto a los padres como a los alumnos, y el hecho de solo intentarlo es una gran victoria y vale la pena seguir adelante.

El ejercicio de educación para la paz que realizamos con esa clase de primaria es una tarea que debería ser desarrollada por todos los colegios si su intención es formar seres humanos que reflexionen sobre cómo evitar la violencia. La participación de los niños y niñas es una muestra fehaciente de lo relevante que es abordar estos temas a esa edad como parte del proceso educativo. Luego de definir desde sus propias experiencias lo que se entiende por paz y violencia, las niñas y niños realizaron una lista de 13 puntos sobre cómo promover paz. Y es que una cosa es que esos puntos los desarrolle un adulto, y otra muy diferente que vengan directamente de los niños y niñas, de sus propias reflexiones, de escuchar a sus compañeros hablar sobre estos temas, de sus vivencias.

Todo lo anterior parece contrastar con lo que presentó recientemente por Twitter un padre de familia sobre la negativa del Liceo Francés de Bogotá (del cual soy exalumno) de admitir a su hijo en el colegio. Sin entrar demasiado en los pormenores del hecho, los cuales dan para una investigación sobre el proceso de admisión, es preocupante que la primera reacción de un colegio privado europeo sea que no se puede hacer algo al respecto. Es entendible que el colegio argumente los esfuerzos y adaptaciones que podría implicar en términos pedagógicos, pero en lugar de verlo como un problema desde el inicio, debería ser visto como una oportunidad. No es tarde para que las instituciones educativas, máxime si son privadas, reflexionen sobre cómo pueden ser más incluyentes. Si lo logran, estarán dándole a sus estudiantes algo mucho más valioso que una buena cantidad de información. En este caso preciso, el tema no sorprende porque la educación francesa ha sido excluyente desde tiempos inmemoriales, lo cual siempre ha contradicho los principios republicanos de libertad, igualdad y fraternidad (en especial este último).

Lo que estamos necesitando hoy en día desde la educación es pensar un poco más en las personas y menos en las estructuras. Estamos necesitando educadores que sean capaces de pensar “fuera de la caja” para ofrecer algo más que contenidos. Estamos necesitando que las capacidades emocionales les ganen terreno a las capacidades intelectuales y a la idea según la cual lo único que importa en ese mundo es el resultado.

@jfcarrillog

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