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Respuestas vacías

Juan Felipe Carrillo Gáfaro

25 de mayo de 2021 - 08:59 p. m.

Genera algo de malestar leer las respuestas de la Ministra de Educación en la entrevista que le hizo EE hace unos días. Cuando tuve la oportunidad de trabajar en este Ministerio hace un par de años, los discursos oficiales estaban centrados, en su gran mayoría, en presentar una serie de cifras que poco o nada decían sobre la realidad vivida de la educación en Colombia. De esta manera, las ministras de turno y otros directivos intentaban en vano demostrar cómo su gestión había sido un éxito, y cómo cumplía con los objetivos planteados en los planes de desarrollo.

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Una buena parte de los discursos se redactan para directivos que tienen que incluir sí o sí uno o dos párrafos de cifras. Muchas veces ni siquiera importa si dichas cifras son coherentes con la temática del discurso, el evento o el auditorio. La educación en cifras no puede faltar y se repite una y otra vez sin mucho sentido en cualquier tipo de escenario.

En una situación tan crucial como la que vive la educación desde que inició la pandemia, uno esperaría que las respuestas de una ministra tuvieran algo más de contenido que esas frías cifras. Es indudable que sigue faltando en Colombia una perspectiva más humana y cualitativa para entender la educación, acercarse a los docentes en sus diferentes contextos y darles a los estudiantes lo que necesitan en términos de calidad.

Pero no se trata de esa calidad que solo se limita a hablar de millones y porcentajes. Se trata de esa calidad que pone de presente la formación de mejores seres humanos, que entiende lo difícil que ha sido este periodo para las comunidades educativas, que ha intentado adaptarse lo mejor que puede a la virtualidad (cuando existe esta virtualidad).

La actual ministra de Educación, como muchas de sus antecesoras, no sale mucho en los medios. Como no es frecuente ver a la persona que representa esta cartera hablando en los noticieros o en los periódicos, decepciona que no aproveche la ocasión para darle más fondo a sus palabras. Da lástima ver cómo estos funcionarios no se aferran a estas oportunidades para hablar con más empatía, hacer algo de crítica reflexiva y sobre todo intentar proyectar la educación desde una perspectiva de cambio real.

Lo peor del caso es que no se trata sólo de una persona y esta ministra apenas tiene la culpa. Se trata de una insulsa manera de hacer política fruto de la tecnocrática ignorancia de los que nos gobiernan. Nos han acostumbrado a respuestas y contenidos superficiales, nos han hecho creer que a punta de números las cosas tienden a mejorar, nos han invadido de respuestas vacías que no llevan a nada concreto.

En la entrevista se mencionan las 52 jornadas realizadas para escuchar de manera activa a los jóvenes en los territorios. Por desgracia, las respuestas no dan cuenta de ese trabajo y no parece ser un tema prioritario para entender la frustración permanente en la que se vive. ¿De qué han servido esas jornadas? ¿No valdría la pena aprovechar la entrevista para explicar un poco su contenido con algo de profundidad?

Apelo para que cesen las cifras de rendimiento en las explicaciones sobre cómo va la educación y se empiece a hablar un lenguaje más honesto, más claro, y por supuesto más centrado en las personas.

@jfcarrillog

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