Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
No soy petrista ni antipetrista. Reconozco aciertos y propongo alternativas a propuestas del Gobierno Nacional o de algunos de sus miembros que no comparto.
Mi reflexión, breve, dado el espacio de la columna, sobre el decálogo del presidente Petro para enfrentar la crisis climática en la COP27 es que contiene muy diversas y contradictorias propuestas. Unas son genéricas, otras novedosas, y es bueno que sean presentadas y reiteradas, pues requieren una gestión compleja y prolongada para que sean acogidas (puntos 1, 2, 3, 4, 7 y 9 del decálogo). Repetir es parte del proceso de transmitir y debemos empujar para que se conviertan en realidad. Por límites de espacio, estas no las analizo en detalle.
Reflexiono sobre los puntos que, a mi modo de ver, pueden ser relevantes en el corto y mediano plazo para Colombia y nuestra vida cotidiana. Dos, que están muy relacionados, se articulan muy bien, la propuesta 5: “Hay que salvar los pilares del clima del planeta, antes que nada. La selva amazónica es uno. Colombia otorgará US$200 millones anualmente durante 20 años para salvar la selva amazónica. Esperamos el aporte mundial”, y la 8: “El FMI debe iniciar el programa de cambio de deuda por inversión en la adaptación y mitigación del cambio climático”. Muy bueno que Petro comience diciéndoles a los colombianos y al mundo que el país aportará para la conservación de la biodiversidad. Importante y probable que se realicen cambios de deuda por inversiones en adaptación y mitigación, y que se establezca un flujo de recursos financieros a cambio de servicios ambientales. En esta tarea hay que avanzar y pasar de cooperación internacional a compensación como pago por los servicios ecosistémicos que provee la Amazonia al mundo.
El punto 6: “La crisis climática solo se supera si dejamos de consumir hidrocarburos. Es hora de desvalorizar la economía de los hidrocarburos con fechas definidas para su final y valorizar las ramas de la economía descarbonizada. La solución es un mundo sin petróleo y sin carbón”. La propuesta es válida para el largo plazo, pero su aplicación resulta compleja para Colombia. En el corto plazo, sería muy costoso por su impacto sobre la disponibilidad de recursos para la agenda social y ambiental del Pacto Histórico. En los próximos tres años, del 20 al 25 % de los ingresos gubernamentales dependen de los ingresos asociados a la explotación y el buen precio de los hidrocarburos. Adicionalmente, Colombia debe superar una gran encrucijada donde, independientemente de los reiterados anuncios sobre transición energética, hay un alto subsidio al consumo de hidrocarburos. El tema es complejo, pues suprimir el subsidio presiona con fuerza la inflación y genera inconformidad social. No hay recursos para financiar el subsidio y tampoco es conveniente mantener sus actuales niveles. Un precio alto apoya la descarbonización, porque le manda la señal al bolsillo de que la gasolina es un recurso caro que se debe consumir menos.
El punto 10: “De inmediato hay que iniciar las negociaciones de la paz. La guerra le quita un tiempo vital a la humanidad para evitar su extinción”. Esto aplica en términos globales y en especial para Colombia. La guerra y la disputa por el dominio del territorio y sus recursos ha devastado y sigue devastando ecosistemas estratégicos en Colombia. La COP27 y el discurso de Petro dejan retos y oportunidades. ¡Como vamos, apenas ahí vamos!
