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El costo humano de la soledad

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Julián de Zubiría Samper
03 de febrero de 2026 - 05:00 a. m.
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La teoría sueca del amor es un documental muy original que nos muestra una sociedad que defiende la independencia de cada miembro como valor supremo. Hoy esta tendencia ha comenzado a generalizarse en diversos lugares del mundo, pero muy especialmente en Japón. ¿Qué impacto tendrá este proceso sobre la felicidad de la población?

La antropóloga estadounidense Margaret Mead sustenta que nos hicimos humanos cuando aprendimos a cuidar a los demás. De esa manera, un fémur curado era un claro indicador de vida humana. Sin ese apoyo, quien se hubiera partido el hueso inevitablemente hubiera muerto ante la imposibilidad de desplazarse, de huir de la persecución de un animal salvaje o de buscar el alimento diario. Cuidar a otros es señal del inicio de una civilización.

Evoco esta reflexión antropológica para entender los riesgos del periodo que hemos comenzado a vivir como sociedad. Cada día es menor el número de miembros en las familias. Es frecuente que los jóvenes no tengan hijos, que solo tengan uno o que conformen familias unipersonales. Esto ha sido común desde hace décadas en Asia y Europa y ha generado una vejez cada día más solitaria. La descendencia de un matrimonio entre dos hijos únicos no conoce la familia extensa y carece de hermanos, tíos, primos, cuñados y concuñados, entre otros. La pregunta es: ¿quién cuidará de las nuevas generaciones cuando lleguen a la vejez avanzada?

Vivimos una época en la que tienden a desaparecer los vecinos y la familia extensa y, al mismo tiempo, las relaciones virtuales tienden a sustituir a las reales. Esto ha llevado, entre otras cosas, a que los jóvenes, por primera vez en la historia, se sientan aislados y deprimidos. Todos lo vivimos durante la pandemia. Así como estamos en deuda con el personal de salud por haber salvado la vida, debemos agradecer a la virtualidad por garantizar que pudieran continuar los trabajos, las escuelas y una buena parte de los rituales sociales. Aun así, esta nunca fue comparable con la realidad. Por eso el día que nos permitieron volver a encontrarnos nos abrazamos, reímos y festejamos en grupo.

Intuitivamente todos sabemos que la fórmula mágica para alcanzar la felicidad es la socialización. Sin embargo, los jóvenes pasan cada vez menos tiempo con sus amigos y más encerrados en sus apartamentos frente a pantallas. Según los estimativos de Jonathan Haidt, en 2017, el tiempo que compartían diariamente había disminuido a la mitad frente al que pasaban juntos en 1991.

El mundo actual optó por debilitar la vida social. Lo vemos con el apogeo de las selfis y la transformación de los servicios. Las empresas venden productos individualizados y la educación que piden los padres es personalizada, como ya lo es la venta de servicios. Los apartamentos son cada día más pequeños, mientras los parques y los espacios públicos han dejado de ser lugares de encuentro de grupos. Se debilitaron la familia, el barrio, la comunidad y el Estado, y se sobredimensionó el individuo. El diálogo –como dice Lipovetsky en La era del vacío– ha sido reemplazado por la autoproclamación y Narciso podría considerarse el personaje que mejor representa la época actual. La red y las plataformas son un buen ejemplo de cómo cada persona puede decir lo que quiera, así desconozca por completo los temas que se están analizando. Así mismo, se sigue o bloquea a quien el individuo quiera.

Zigmunt Bauman sustentará una idea complementaria. Estructuras sociales como la familia, la escuela, los partidos políticos y el Estado –según su tesis sobre la sociedad líquida– pierden estabilidad y duración, mientras que las relaciones se tornan cada día más cambiantes y frágiles. Como decía Bauman: “El amor líquido es un amor que no se compromete, que no se ata, que no se responsabiliza”. Los matrimonios se flexibilizan y se disuelven al aparecer los primeros conflictos. La contrapartida de estos procesos es la generalización de la soledad.

Un original documental de Erik Gandini analizó el proceso vivido por Suecia después de defender durante décadas la independencia como valor supremo. Se llama La teoría sueca del amor (2015). Las mujeres pueden concebir hijos a domicilio y el Estado sustituye a la familia para cuidar de los adultos mayores. Lo hace porque previamente ha defendido la vida completamente autónoma de cada uno de ellos. Vivir solo es la nueva norma.

En 2018, Reino Unido creó el Ministerio de la Soledad. Japón lo hizo en 2022. Esto es especialmente grave si tenemos en cuenta que cada vez es más claro que la felicidad está asociada con los proyectos que nos inspiran y con la calidad de las relaciones sociales que tenemos con la pareja, los hijos y los amigos. Así lo ha demostrado con claridad el completo estudio longitudinal llevado a cabo en la Universidad de Harvard.

Japón ha sido un país donde el grupo es más importante que el individuo. Las tarjetas de presentación, por ejemplo, resaltan la empresa en la que trabajan las personas en lugar del nombre personal, como sucede en Occidente; en los colegios, los niños hacen el aseo del curso y comen en el salón para fortalecer la cohesión del grupo. Aun así, también hasta allá han llegado las selfies, las plataformas y la individualización extrema.

Desde el siglo XVIII en Japón existe la figura de las geishas. Son mujeres altamente cultas que actúan como damas de compañía para conversar, bailar e interpretar música en banquetes o ceremonias con alto nivel social. Su tarea es muy valorada económica y culturalmente. Sin embargo, actualmente han aparecido múltiples empresas que convirtieron la soledad en un negocio rentable. Se alquilan personas para ofrecer abrazos, conversar, aparentar que se tiene novio o novia y para llorar en los entierros. La idea principal es simular que se tiene compañía y que en vida se gozó del cariño de las personas que estaban alrededor. El propósito es mostrarse ante los demás como una persona más querida y sociable de lo que se es en realidad.

En Un asunto de familia (2018), una recomendada película japonesa de Hirokazu Koreeda, se reflexiona de manera muy pertinente sobre el papel de la familia como una construcción cultural que surge del cuidado y no necesariamente de los lazos de consanguinidad. Así mismo, en un reciente video en YouTube se describen las múltiples formas de contratación que existen para hacer frente a la creciente soledad. Se contratan personas para que nos acompañen en la calle o la cama por horas. También para que nos abracen y nos hagan sentir mejor. Contrario a lo que podría pensarse en Occidente, estos contratos no tienen ninguna connotación sexual, su propósito es exclusivamente social. El video describe los precios y las condiciones de cada uno de los servicios. También han aparecido los sológamos o rituales de casamiento en solitario: celebran bodas consigo mismos.

Es profundamente triste ver que la solución a la soledad sea contratar a alguien para que simule ser nuestro amigo, novio o esposo. Obviamente, el problema no se resuelve de esta manera. Tan solo se simula que no existe. Al fin y al cabo, vivimos una época en la que se ha llegado a creer que la virtualidad puede sustituir la realidad. Pero quien ha besado, jugado, abrazado o amado sabe que la simulación dista mucho de la realidad.

Necesitamos consolidar colectivamente las competencias y la autonomía socioafectiva en los niños y jóvenes, contando para ello con el apoyo de los medios de comunicación, las familias y las escuelas. Sin duda, esa es la mejor manera para garantizar una vida más sana, alegre y feliz en el largo plazo. Sin compartir canciones, conversaciones y proyectos con otros podemos simular, pero nunca podremos ser felices. Las personas sabias lo entienden con facilidad y por eso saben claramente cuáles deberían ser las prioridades en la vida: tener proyectos y esperanza, compartir sesiones para conversar, escuchar música, soñar y hablar sobre la vida. Muy recientemente, al cumplir 104 años, el destacado pensador francés Edgar Morin confesaba una lección muy profunda al respecto: “Mi receta de la longevidad creo que es más la curiosidad, la amistad y el amor que la dieta mediterránea”.

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