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9 Aug 2022 - 5:01 a. m.

Los jóvenes abrazan la verdad

¿De qué sirve esclarecer la verdad sobre el conflicto armado si no la conocen los jóvenes? ¿De qué sirve escuchar 30.000 testimonios de las víctimas si los frutos del estudio son mamotretos interminables que nadie desempolva de las bibliotecas? Invito a todos los colegios del país a respaldar la jornada convocada por la CEV y el MEN para el próximo viernes 12 de agosto.

Una buena parte de las trágicas historias que ocurrieron durante el conflicto armado, han permanecido ocultas para la mayoría de colombianos. Pocos saben, por ejemplo, que, aunque la dictadura de Pinochet en Chile entre 1.973 y 1990 fue denunciada mundialmente por desaparecer a 3.200 personas, en la democracia colombiana hemos tenido un número treinta nueve veces superior de desaparecidos; uno de cada cuatro era menor de edad y sus madres siguen esperando que algún día puedan tener noticias de su paradero. Todavía no han podido hacer el duelo. No marchan frente al Palacio Rosado en Buenos Aires, como lo hicieron durante décadas las “madres de mayo” en Argentina, pero al igual que ellas, se resisten a la desaparición de sus seres queridos. Todos lo haríamos. Contrariando a la naturaleza, en las guerras son los padres los que entierran a sus hijos.

La mayoría de colombianos tampoco sabía que, la principal víctima de la guerra fue la población civil.

El informe de la Comisión Esclarecedora de la Verdad (CEV) ha revelado muy dolorosos hallazgos sobre el conflicto. Los más tristes involucran a las niñas, los niños y los jóvenes. Sin embargo, y al mismo tiempo, está lleno de recomendaciones pertinentes para que la guerra no siga siendo parte de nuestra vida. Eso es esencial, porque, tal como nos recordaba Wagensberg: “Cuando la historia estimula al futuro se llama experiencia, cuando lo frena se llama tradición”. Hasta el momento hemos visto la historia en Colombia como tradición. Ahora se trata de aprender y de construir a partir de la tragedia que hemos vivido ¡Nuestro reto es construir día a día un mejor país, merced del esclarecimiento de la verdad!

Lo que todos debemos reconocer es que la degradación humana que vivimos casi destruye, entre otros, la confianza, el tejido social, el trabajo en equipo, la sensibilidad, la salud mental y la esperanza. Hemos llegado al extremo de tener senadores que justifican las atrocidades cuando son cometidas por el Estado. Debería ser exactamente al contrario: al tener mayor poder, legalidad y responsabilidad, nuestras obligaciones éticas también deberían ser mayores.

A pesar de lo anterior, la verdad tiene múltiples enemigos entre quienes financiaron la guerra, expropiaron las tierras de los campesinos, dieron las órdenes o entre quienes los torturaron y desaparecieron. Ellos se opondrán a la verdad y desacreditarán el informe, porque quieren que sus responsabilidades sigan escondidas. Quieren negar hasta la existencia misma del conflicto armado. Para eso se creó la CEV: para escuchar a las víctimas y que la verdad no permaneciera oculta.

Para fortuna de todos, este viernes 12 de agosto la verdad abraza a los colegios del país. Es el momento de reflexionar qué nos pasó como sociedad para que no hubiéramos detenido a tiempo el baño de sangre. Es el momento de mirarnos al espejo y reconocer que tenemos que abrazar la vida. La invitación es para todos los colegios: privados, públicos, rurales y urbanos ¡Todos! Ojalá también se vincularan las universidades, los medios de comunicación y las iglesias. Porque a todos nos concierne la verdad, la reconciliación y la paz.

Como paso previo invito a todos los profesores para que vean dos películas que orientan de muy buena manera la mediación que necesitamos en estos momentos. La primera la hemos visto casi todos, por lo que se trata de volver a pasarla por el corazón. Se llama: La vida es bella y fue escrita y dirigida por el italiano Roberto Benigni en 1997. La segunda es menos conocida. Se llama “No” y fue dirigida por el chileno Pablo Larraín en 2012.

Benigni nos llama la atención sobre la enorme responsabilidad que tenemos los adultos de garantizar el cuidado emocional de los menores que se enfrentan a la muerte y la crueldad humana, pues no están en capacidad de comprender su extrema complejidad. Sin duda, nosotros tenemos una obligación ética con los menores. Por eso es esencial entender que muchos de nuestros niños han vivido la desaparición, tortura y violación de sus seres queridos. Con ellos no se trata de evocar nuevamente el dolor, sino de construir conjuntamente resiliencia a pesar de la tragedia que han vivido. Nuestra misión es ayudarles a entender y darles motivos para creer que, a pesar de todo, la vida es bella. Debe ser un ejercicio para consolidar la empatía. Par a aprender a conocer a los otros y a nosotros mismos. Rememorar, por ejemplo, con ellos los “falsos positivos”, las masacres o el paramilitarismo, tendría el efecto contrario al buscado. Insisto en que la finalidad es la opuesta: ayudarlos a tramitar sus propios conflictos personales, familiares y escolares. Es por eso que invito a consultar una completa página que creamos al inicio de la pandemia para orientar a los profesores a fortalecer las competencias socioafectivas de sus estudiantes. Una página para orientar su trabajo en torno al cuidado emocional, la resiliencia, empatía y flexibilidad.

La película “No” narra la manera como los chilenos enfrentaron un dilema análogo al que estamos viviendo actualmente en Colombia. Debido a la presión internacional, Pinochet se vio obligado a convocar un referéndum en 1988 para determinar su continuidad en el poder. Si ganaba el “si”, continuaría la dictadura por ocho años más. Aun así, los partidarios de abrazar la democracia tenían dos posturas muy distantes. Mientras unos insistían en develar los crímenes y las desapariciones de la dictadura, otros defendían la necesidad de construir nuevas narrativas para orientar al país hacia la reconciliación y la paz. Triunfaron estos últimos y los chilenos votaron masivamente para que no continuara la dictadura. La cinta termina siendo una invitación a favor del humor, la alegría, el optimismo y la esperanza.

Es muy posible que quienes defendemos la paz en Colombia, no supimos diferenciar estas dos posiciones y por eso no logramos aprender a construir nuevas narrativas cuando se sometió el proceso de paz a voto popular. Nos quedamos resaltando la cruel verdad que escondía el conflicto, pero nos faltó conmover y crear esperanza. Tal vez sea ese uno de los motivos por los que triunfó en Colombia el rechazo al plebiscito por la paz el 2 de octubre de 2016. El triunfo del no en Colombia también representó, en su momento, el fracaso de la educación en el país. La gran ventaja es que ahora la CEV ha incorporado recomendaciones pertinentes, nuevas narrativas y artes ¡Está ayudando a construir la confianza, el tejido y la esperanza que necesitamos!

La pregunta que hoy tenemos que hacernos los colombianos, es similar a la que resolvieron los chilenos en 1988: ¿para qué queremos conocer nuestro pasado violento, triste y cruel? La respuesta debería ser una sola: para favorecer el cambio cultural, la reconciliación y la paz en el país. Necesitamos que no vuelvan a existir niñas violadas, jóvenes despedazados con motosierras o niños que nunca pudieron conocer a su padre porque lo desaparecieron cuando él todavía no había aprendido a caminar. Necesitamos que sean los hijos los que entierren a sus padres, como esperamos que suceda naturalmente, y que las escuelas, por fin, sean territorios de paz.

Necesitamos que los padres no les digan a sus hijos que golpeen a sus compañeros antes de que ellos les peguen, porque “el mundo es de los vivos”. Necesitamos que, en ningún colegio, nunca más, existan bandas de guerras y que quede prohibido hablar de concentraciones escolares, desertores, cargas para los docentes o mortalidad académica, porque el lenguaje de la guerra tiene que ser desterrado de las instituciones educativas. Necesitamos aprender a tramitar los conflictos creando mesas de diálogo y comisionados éticos en cada salón de clase.

Para que todo esto pueda ser posible y que los jóvenes abracen la verdad, ¡bienvenida la Jornada del 12 de agosto! Entre todos vamos a construir la paz y la reconciliación. Será una tarea larga, compleja y lenta, porque involucra un cambio cultural; pero nada más bello, a pesar de las adversas circunstancias, que comenzar a reconstruir el tejido social, la empatía, la verdad y la esperanza. La gran ventaja es que el nuevo gobierno está comprometido con la paz.

* Director del Instituto Alberto Merani (@juliandezubiria)

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