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18 Jun 2022 - 6:12 p. m.

Maduro, el copiloto

Julio Borges

Julio Borges

Columnista internacional

Durante varios años hemos venido advirtiendo el riesgo que significa la relación del régimen venezolano con Irán. Una relación que no es nueva, pero que ha sufrido una metamorfosis en los últimos años. Empezó bajo el mandato de Hugo Chávez cuando este decidió darle la espalda a Occidente y buscar un acercamiento con países que estaban fuera de nuestra esfera geopolítica. Fue así como en el 2005, Chávez y el entonces recién electo presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, formalizaron un compromiso más allá de la cooperación económica, un compromiso para desafiar a Occidente y expandir las raíces iraníes en América Latina. Esta pretensión estuvo por momentos dormida, pero desde hace tres años Nicolás Maduro la ha retomado con una intensidad voraz, como parte de su intento por mantenerse en el poder a cualquier costo.

Para percatarse de la profundización de las relaciones entre Maduro e Irán solo hay que observar que ahora los iraníes son los que reparan las refinerías, los que lideran la política de evasión de sanciones, los que ejercen una influencia desmedida en el sector defensa y hasta los que inauguran supermercados en Caracas. Su presencia en Venezuela como un actor con peso político es real y es tan así que esta misma semana el dictador Maduro en una gira por Oriente Medio, estuvo en Teherán y sostuvo encuentros con todas las altas autoridades del régimen de los Ayatolá. Después de estas reuniones, Maduro y el presidente de Irán ofrecieron una rueda de prensa, donde extrañamente entre los acuerdos firmados omitieron hablar del sector defensa, un campo donde Irán ha venido adquiriendo mayor relevancia. Solamente en el 2021 se conoció que en Venezuela los iraníes están mostrando el prototipo del sistema de avión no tripulado artillado (equipado con misiles).

Por otro lado, la gira del dictador Maduro por Irán coincidió con un hecho que ha escandalizado a una gran parte de la opinión pública internacional. Se trata del aterrizaje en Argentina de un sospechoso avión con una tripulación conformada por 14 venezolanos y 5 iraníes. Existen múltiples dudas sobre la aeronave y sobre su origen, pero la información que ya ha sido confirmada por las autoridades argentinas nos da pie para señalar que es un evento sumamente grave para la seguridad del hemisferio.

De contexto: El caso del avión venezolano, con tripulación iraní, que aterrizó en Argentina

Lo primero que ya está confirmado es que este avión detenido en Buenos Aires fue propiedad de Mahan Air, la aerolínea iraní que ha sancionada por haber sido utilizada para trasladar armas y apoyar a grupos extremistas que desestabilizan el Medio Oriente. Hace apenas 5 meses, esta aeronave fue transferido a una de las filiales de Conviasa, la compañía aérea que pertenece a la dictadura de Maduro y que también está sancionada. El segundo hecho que también está confirmado es que al menos uno de los tripulantes está vinculado con las llamadas Fuerzas Quds, una división de la Guardia Revolucionaria Islámica especializada en operaciones de inteligencia militar. Este cuerpo ha sido señalado por cooperar activamente con organizaciones terroristas.

Lo otro que también es de conocimiento público es que el avión tenía previsto viajar a Uruguay para cargar combustible y de esa manera poder regresar a Venezuela, pero el gobierno de ese país decidió negarle el acceso al espacio aéreo por información sensible que se tenía sobre su movilidad. Lo último que llama poderosamente la atención de este episodio son las rutas. Este Boeing 747-300M había hecho una escala en Ciudad del Este, Paraguay. Una localidad ubicada en la Triple Frontera, la región de mayor afluencia de narcotraficantes, contrabandistas y criminales de Sudamérica, y, además, centro de operaciones de Hezbollah, el grupo terrorista patrocinado por Irán.

En este momento, la justicia de Argentina desarrolla una investigación exhaustiva sobre este avión y sus tripulantes, pues genera mucha suspicacia sus movimientos, así como sus conexiones. Siendo Argentina un país que ha sufrido ataques terroristas en el pasado por grupos afectos a Irán, lo ocurrido no debe ser normalizado. El pueblo argentino está frente a una amenaza a su tranquilidad y es inadmisible que el gobierno del presidente Alberto Fernández esté banalizando esta situación. ¿Sabía el gobierno de Argentina de este avión? ¿Conocía a los miembros de esta tripulación y sus conexiones? Son interrogantes que merecen ser aclaradas y que la opinión pública debe tomar como banderas para que las autoridades argentinas ofrezcan una versión verosímil sobre estos hechos.

El presidente Fernández lamentablemente, conjuntamente con el presidente de México, se ha convertido en un defensor a ultranza de Maduro. Bajo un discurso cómplice, cínico e inhumano, Fernández le ha lavado la cara a Maduro y a otras dictaduras de la región, desconociendo las masivas violaciones a los derechos humanos. Pero una cosa es su sesgo ideológico y su convivencia con regímenes antidemocráticos, y otra es la paz y seguridad de los argentinos y de la región.

La relación de Maduro con Irán ha escalado a otra dimensión. No se trata ya de un debate entre izquierda y derecha, se trata del futuro de la región. Se trata de la posibilidad de que los valores occidentales de la democracia y la paz se extingan y den paso a un nuevo orden conformado por potencias antioccidentales. Lo ocurrido en Argentina es un llamado de atención a las democracias latinoamericanas, estos fenómenos van minando de manera subterránea la seguridad hasta convertirla en polvo cósmico, como lo vemos en el Medio Oriente. Maduro tiene una alianza con fuerzas antioccidentales como Irán, Rusia, Cuba y China, países que utilizan a Venezuela como su cabeza de playa para desestabilizar a la región. Llegó la hora de ponerle una línea roja a Maduro, sus vínculos con estos regímenes deben ser neutralizado.

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