14 Nov 2021 - 2:00 a. m.

Capítulo 15: El centro, los Gaviria y el falso dilema

Mientras el jefe del Partido Liberal evalúa renunciar al cargo, la falta de química entre Sergio Fajardo y Alejandro Gaviria hace irrealizable una alianza.

ADVERTENCIA: ESTO ES FICCIÓN

Aquí se recrea la actualidad de Colombia con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Así como algunas películas advierten que su trama está «basada en hechos reales», esta es una novela basada en hechos actuales. En otras palabras: no se confunda. La Candidata Presidencial es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación del autor. Esta es una novela de ficción coyuntural.

Domingo 24 de octubre de 2021

César Gaviria estaba, como dirían los periodistas sin imaginación, «visiblemente afectado». El desánimo se le veía en la postura, en la mirada caída, en el desinterés por hablar demasiado. Parecía un retrato triste en aquella sala de su apartamento, en medio del arrume de obras de arte que tanto desagradaba a la Candidata.

Estaba harto de que le dijeran oportunista, nepotista, enmermelado, acomodado, aprovechado, atornillado, politiquero, carroñero, chupasangre, corrupto, evasor, traidor y grandísimo sinvergüenza. También detestaba que le dijeran ladrón, hampón, asqueroso, impresentable, despreciable, sanguijuela, cínico y rata inmunda. Igualmente…, batracio, camaleón, sabandija, tramposo, inmoral, clientelista, rufián, truhan y mercader sin escrúpulos. Tampoco le gustaba que le dijeran parásito, payaso, pelele, mediocre, mañoso, voltiarepas y vende patria.

Todo por respaldar a Alejandro Gaviria. Todo porque los fanáticos morales de la «coalición de la esperanza» andaban por ahí, con su báculo de la verdad, diciendo quiénes eran los liberales buenos (Humberto de la Calle, Juan Fernando Cristo y Juan Manuel Galán) y quiénes eran los liberales malos (los Gaviria: César, Simón y Alejandro).

Contrario a lo que le había aconsejado la Candidata, el expresidente estaba dispuesto a apartarse de Alejandro Gaviria y para ello tenía contemplado entregar la jefatura del Partido Liberal.

—Prefiero dedicarme a mis nietas —justificó el expresidente, manoteando sobre su regazo—. Yo no voy a pasar mis últimos días como un villano, dejando que todo el mundo me crucifique.

No era creíble que un dinosaurio con el cuero de César Gaviria se rindiera por tan poco. Lo que había de fondo era miedo.

—En este país tan polarizado son capaces de empapelarme…, no ya, pero sí en dos, tres o cinco años… —agregó el aún jefe del Partido Liberal—. Yo ya te lo dije por teléfono: si se metieron con Uribe, que es mucho más popular que yo, a mí me montan un proceso de la nada… Viste el escándalo que iban armando con los Pandora Papers… Yo tampoco tengo necesidad de esto.

La Candidata interpretaba que Gaviria, genuinamente, quería dar un paso al costado, pero también era consciente de que existe una distancia —bien larga— entre querer retirarse de la política y, en efecto, retirarse de la política. Hacía falta un empujón.

—Yo creo que tienes razón… —dijo la Candidata—. Si a Uribe le meten mano va a ser un pésimo precedente. Pero… si hay alguien que puede hacer algo al respecto eres tú… Es mucha la influencia que un expresidente sigue teniendo en Colombia con solo levantar el teléfono.

—¿Y a quién voy a llamar yo?

—Pues a tus amigos en la Corte.

—Nooooo… Yo siempre he sido muy respetuoso con los magistrados… con la independencia judicial (en este audio, de hace seis meses, Gaviria dice sin sonrojarse que ellos son «amigos de la independencia judicial, sin restricciones… No es que a veces sí y a veces no»).

—No lo veas así… Digamos que vas a llamarlos para… compartirles una mirada política de la situación. Con tu experiencia…, con tu «seniority»…, es apenas natural que tus amigos en la Corte tengan acceso a un análisis tuyo. Es casi un deber con ellos advertirles los efectos que pueden tener sus decisiones sobre Álvaro Uribe.

(Escuche a continuación sobre las recientes llamadas de César Gaviria a los magistrados de la Corte Constitucional).

***

Lunes 25 de octubre de 2021

A partir de las 4:17 de la tarde, la Candidata se dedicó a sabotear la reunión entre la «coalición de la esperanza» y Alejandro Gaviria.

Con un martini al frente, en el bar del Metropolitan Club, de Bogotá, empezó a disparar chats de WhatsApp a unos y otros.

—Tenemos que hablar primero entre nosotros, antes de vernos con Alejandro —les escribió a sus compañeros de la coalición—. Reunámonos a las 6 y le decimos a Alejandro que nos toca mover la cita para las 7.

—Hay que preguntarle a Alejandro, a ver si puede —advirtió Humberto de la Calle.

Jorge Enrique Robledo intervino.

—Yo estoy de acuerdo con que afinemos los mensajes antes.

—Si Alejandro puede más tarde, por mí no hay problema —dijo Sergio Fajardo—. Estoy disponible a la hora que digan. Esta reunión es importante.

La Candidata tomó un sorbo de su martini y se pasó al chat de Alejandro Gaviria.

—Hola, Alejo… Me da pena contigo, pero nos toca mover la reunión para las 7. Sergio va a grabar un video antes.

Alejandro Gaviria torció la boca.

—¿Imposible que lo grabe en otro momento? Nuestra reunión es importante.

—Eso digo yo —planteó la Candidata—. Pero ya sabes que Sergio suele tener problemas para definir sus prioridades. Lo de irse a ver ballenas no es solo una anécdota.

—A las 7 entonces. Pero me tengo que ir a las 8. Voy a otra reunión que no puedo mover ni cancelar.

A las 6:07 de la tarde estaban finalmente reunidos todos los miembros de la «coalición de la esperanza» en el Metropolitan Club. La Candidata, que se había tomado un martini de más, sacudió un sobre de estevia para echárselo a un tinto cargado que ella misma se sirvió del carrito de café. Habló como si fuera la dueña de la reunión.

—Aquí lo importante, señores, es que Alejandro nos oiga, de nuestra propia boca, lo que pensamos cada uno, con nuestros diferentes matices, unos más conciliadores —dijo mirando a Cristo, Galán y De la Calle— y otros más… digamos… vehementes —agregó mirando a Jorge Enrique Robledo y Sergio Fajardo, aunque en realidad quería decirles «radicales»—. Les propongo, para que no estemos repitiendo ideas, que Jorge Enrique se encargue de sentar nuestra posición sobre César Gaviria… Y me parece que Sergio, en cambio…, a ver… Sergio… creo que debes centrarte en otra cosa… Debes dejar claro que no eres un aparecido en política, que tienes muchas más medallas colgadas en el pecho que Alejandro.

—¿Y eso por qué es necesario? —preguntó Juan Fernando Cristo extrañado.

La Candidata resopló con la actitud de quien quiere contar algo, pero no puede…

—Bufff… No debería decirles esto, porque siento que no contribuye a generar un buen ambiente, pero les pido que se lo tomen con desapasionamiento… especialmente tú, Sergio… Lo que pasa es que… Alejandro siente que tú y él son iguales, porque son académicos y porque son de centro…

—Jah —reacción Fajardo indignado—. ¿Iguales? ¿Y es que él también fue alcalde de Medellín? ¿Él también fue gobernador de Antioquia?… Ah, vea pues. No sabía que él ya había ganado elecciones como un político independiente.

Robledo hundió el dedo en esa herida dándole pedal al sarcasmo de Fajardo

—Me hubieras dicho antes, Sergio. Yo tampoco sabía que tú habías trabajado para el gobierno de Álvaro Uribe.

La Candidata fingió un llamado a la compostura:

—Por favor, señores. Tenemos que estar por encima de cualquier tipo de vanidad… Esto tiene que salirnos bien.

***

Martes 26 de octubre de 2021

La Candidata terminó de secarse el pelo y, frente al espejo del baño, retomó su rutina de maquillaje mientras seguía contando la historia. Lorena Agudelo, su secretaria privada, la escuchaba recostada en el marco de la puerta.

—No te imaginas cuando Alejandro llegó… todos con esa cara de incomodidad, algunos fastidiados… Podía sentirse la desconfianza, la antipatía, la soberbia… Y se sentía en cada saludo parco, en cada mirada seria… No hubo un solo gesto de cariño, de camaradería, de complicidad… Lo disfruté mucho.

—Vamos a filtrar esto, me imagino —indagó Lorena.

—Nosotros no… Lo tiene que contar el mismo Alejandro… pero no se le va a ocurrir solito… Es más…, salgamos de una vez de esto…

La Candidata buscó en sus contactos de WhatsApp y activó la grabación para enviar lo que parecía un compungido mensaje de voz: «Alejandro… ¿Cómo estás?… Quería tocar base contigo sobre lo que pasó anoche… De verdad que lo siento mucho. Creo que fue muy injusto el trato de Jorge Enrique… la actitud de Sergio de echarte en cara su trayectoria política. Te digo con honestidad que… no sé si animarte a que sigamos explorando un camino que te lleve a juntarte con la “coalición”… Yo ni siquiera estoy segura de querer seguir acá… Pienso que… este grupo es presa de los caprichos y del papismo de Sergio y de Jorge Enrique. En cambio tú… eres más libre… Sinceramente, creo que hay un centro más allá de la “coalición de la esperanza” y creo que tú eres la persona para juntar fuerzas alrededor de ese centro… Podemos pensar algo juntos. Cuenta conmigo. Un beso».

Lorena fantaseó con la Candidata. Imaginó que la sorprendía con un beso y que le desabotonaba la camisa sin afán, ojal por ojal; que le bajaba el cierre de la falda y al fin descubría las tangas que antes solo había tenido oportunidad de imaginar.

—Me encantas —dijo Lorena, corrigiéndose de inmediato un poco escandalizada—. Me encanta… Me encanta lo que hiciste… César Gaviria puede desaparecer del planeta y ni así podrían trabajar juntos Fajardo y Alejandro.

—Bueno… No hace falta que desaparezca. Me conformo con que filtremos las llamadas entre César Gaviria y los magistrados; que le den más palo, que se termine de aburrir y que deje el Partido Liberal. Si se va, vamos a desnudar ese falso dilema que se inventaron. La verdad es que, con César Gaviria o sin él a Sergio y a Alejandro no les fluye nada la idea de trabajar juntos. Así de sencillo.

***

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