22 Aug 2021 - 2:31 a. m.

Capítulo 9: La fuerza de un muerto

La Candidata

La Candidata

Columnista

Con los verdes divididos, la opción de los Galán ilusiona al centro, amenaza a los extremos y proyecta a Iván Marulanda como jefe natural del movimiento.

ADVERTENCIA: ESTO ES FICCIÓN

Aquí se recrea la actualidad de Colombia con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Así como algunas películas advierten que su trama está «basada en hechos reales», esta es una novela basada en hechos actuales. En otras palabras: no se confunda. La Candidata Presidencial es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación del autor. Esta es una novela de ficción coyuntural.

Jueves 5 de agosto de 2021

La Candidata leyó en su computador la noticia que Nicolás y Lorena llevaban anticipándole por semanas, aunque ella llevara esas mismas semanas en negación.

«La puta madre», dijo en voz baja.

«¡La puta madre!», repitió en voz alta.

«¡LA PUTA MAAADREEE!», gritó enfurecida.

Agarró el ratón inalámbrico y lo estrelló contra el piso, con la misma violencia de un niño frustrado que lanza un juguete sin medir las consecuencias.

La primera alerta que desestimó, sobre el cantado resurgimiento del Nuevo Liberalismo, ocurrió un mes atrás: una columna de Germán Vargas Lleras que aparentaba ser una crítica a Juan Manuel Galán por su propuesta de legalizar todas las drogas.

Nicolás Ulloa se lo advirtió a la Candidata:

—Juan Manuel Galán tiene razón. Esa columna no es para criticar una propuesta de campaña, sino para atravesársele al Nuevo Liberalismo.

(Oiga aquí lo que dice Juan Manuel Galán sobre la columna de Vargas Lleras).

—Si Vargas Lleras tiene miedo de que resurja el movimiento de Luis Carlos Galán, por algo será —explicó Nicolás—. Deberíamos hacer algo nosotros, porque eso no es algo que nos convenga.

La Candidata le restó importancia:

—Meh… Dejemos que Vargas Lleras y César Gaviria le pongan la pata a eso. Aprovechemos que ahora andan de «amigos».

La segunda alerta fue el 15 de julio. Ese día se filtró la ponencia del magistrado de la Corte Constitucional Jorge Enrique Ibáñez, quien les propondría a sus colegas devolverle la personería jurídica al movimiento de Luis Carlos Galán. Fue Lorena Agudelo la que advirtió que la resurrección del Nuevo Liberalismo seguía marchando.

—Sí, Lorena, pero es la ponencia… —siguió negando la Candidata en su momento—. No creo que los demás voten a favor. No creo que Gaviria y Vargas Lleras permitan eso.

Pasó de la tranquilidad al nerviosismo 10 días después, el domingo 25 de julio, tras leer la columna de Ramiro Bejarano, uno de los abogados mejor dateados sobre los movimientos y decisiones en las altas cortes del país.

Nicolás y Lorena, persuadidos por la misma Candidata, esta vez desestimaron que fuera a revivir el Nuevo Liberalismo, pero la jefa reprochó con molestia la «ingenuidad» de ambos, como si ellos no hubieran sido los primeros en advertir lo que estaba por venir.

—Nicolás y Lorena, ¡por favor! A Bejarano hay que creerle. Es un tipo muy bien informado. A lo único que no le atina es a su estúpido corte de pelo.

Como medida desesperada, Lorena y Nicolás se rebuscaron un grupo de abogados expertos en interponer recursos jurídicos ante las altas cortes, para demorar la decisión de los magistrados y así ganar un poco de tiempo

Lo intentaron, pero no lo lograron. Al final de la tarde de ese mismo jueves 5 de agosto, el cacareado anuncio se hizo realidad. Fue entonces cuando la Candidata perdió el control, llevándose por delante el «mouse» de su computador y gritando desde el estómago esas tres palabras que, por lo menos, le resultaron liberadoras: «¡LA PUTA MAAADREEE!».

El Nuevo Liberalismo lo reconfiguraba todo y los Galán ahora tenían las fichas a su favor para una campaña ganadora: un caballo de batalla claro y simple (la legalización de la droga), unos enemigos reconocibles y detestables (Vargas Lleras, Gaviria, Uribe y Petro) y el poderoso simbolismo de Luis Carlos Galán. La Candidata sabía que algunas revoluciones solo necesitan de un mártir, porque un símbolo, aunque esté muerto, puede ser más potente que un líder, aunque esté vivo.

***

Jueves 12 de agosto de 2021

La Candidata escuchó con atención y profundo aburrimiento la presentación de Juan Manuel Galán en el evento de la Andi. Estaban en el auditorio de la Federación de Cafeteros, en Bogotá, desde donde transmitían de manera virtual las intervenciones de los precandidatos presidenciales. Un aplauso insulso de un puñado de asistentes dio fin al soporífero.

(Escuche aquí el aplauso insulso a Galán).

Habían quedado de verse allí y hablar al final de la presentación de Galán. Fue él quien, algunas semanas atrás, en un cruce de mensajes, nada formal, le abrió la puerta a la Candidata para sumarse a la «coalición de la esperanza». Hablaron de refrescar con ella la imagen del grupo, una partida de hombres heterosexuales y cisgénero que prometían cambiar la política, a pesar de haber sido políticos de toda la vida.

La Candidata y Galán se saludaron efusivamente a la salida del auditorio. Cada uno habló con un par de conocidos por aparte y se hicieron señas para reencontrarse de nuevo en la calle. La Candidata se adelantó y, cuando lo vio salir del edificio en busca de ella, lo llamó con la mano para que tomara asiento a su lado en la parte de atrás de una camioneta. Arrancaron.

—¿Y tú qué?… ¿Cuánto tiempo sin vernos? —preguntó Galán tan pronto se montó.

—Lo tengo clarísimo —respondió ella—. La última vez que nos vimos fue en noviembre de 2013.

—Ufff… Esos son… ¿ocho años?… casi ocho años.

—Hablamos en Bagatelle. Recuerdo que me comí unos huevos poché (aquí, la conversación que tuvieron, contada en el capítulo 4 de la primera temporada de esta novela).

—¿Qué es esa memoria? —rio Galán—. Yo sí me acuerdo que desayunamos, pero no me acuerdo QUÉ desayunamos.

—De lo que sí te debes acordar es de qué hablamos.

—Claaaro. Ese día… hablamos del cajón que me estaban haciendo en el Partido Liberal… Tú me ayudaste en esa pelea mía con Gaviria ante ese chantaje, frente a esa cosa amañada para poner a dedo la cabeza de lista al Senado. Me acuerdo de la entrevista que me sugeriste buscar con María Isabel Rueda.

—Había que dar la pelea. Me alegra haberte ayudado.

—Y fíjate, tanta vaina y tanto luchar al interior del partido para al final terminar saliéndome, como mi papá. Igualito.

—Lo que ha hecho César Gaviria es una vergüenza —atizó la Candidata.

—¡Total! Es el que más ha usufructuado el nombre de Luis Carlos Galán y es el que más se ha opuesto a revivir al Nuevo Liberalismo. Increíble. Ya me habrás oído decir lo arrepentido que estoy de haber sido yo el que le entregara a él las banderas de mi papá.

Hijo de Galán se arrepiente de haber entregado las banderas del partido a Cesar Gaviria

—Es impresionante cómo tu vida y la de tu papá parecieran avanzar por caminos paralelos —dijo la Candidata, sabiendo el orgullo que sentía Galán cuando lo comparaban con su padre—. Primero, haciendo cosas importantes en el Senado, luego con esa salida digna y necesaria del Partido Liberal y ahora con esta oportunidad de ilusionar a muchos con el renacimiento del Nuevo Liberalismo.

—Sí… Se siente raro… Siempre hemos creído que esto era lo justo, lo que correspondía, pero ahora que se ha hecho realidad, como que nos toca pellizcarnos para comprobar que no estamos soñando.

—Claro… Te confieso que lloré cuando supe la noticia —mintió la Candidata—. Sabes que tengo mi propia historia con el galanismo.

—Yo sé. Eso yo lo sé. Por eso es que… pues… yo ya había hablado de tu nombre con los de la «coalición de la esperanza» y a todos les animó mucho la idea, pero dejé el tema quieto, esperando a ver qué decidía la Corte sobre este tema. Y mira lo que pasó… Yo creo que tú deberías estar es aquí, como precandidata a la Presidencia, si quieres, pero también, puede ser, en una lista al Congreso.

La Candidata hizo su «show» de política altruista.

—Ufff, Juan Manuel… No te voy a negar que me encanta la idea de hacer parte de esto, pero creo que nos lo debemos pensar muy bien. A estas alturas debes tener una fila gigante de personas que, como yo, van a decirte que han sido galanistas. Te agradezco, pero… no quiero parecer una oportunista, porque no lo soy. Déjame yo entro tranquila a la «coalición» y después vemos cómo hacemos que se crucen nuestros caminos.

—Es que, por eso… Mira, no más con lo que me estás diciendo demuestras que tú tienes esa transparencia y esos valores que representa el Nuevo Liberalismo. Además, yo me acuerdo que hiciste una buena campaña hace 8 años.

—Eso sí —admitió con orgullo la Candidata—. Saqué 800 mil votos, casi el 6 por ciento de la votación.

—Tremendo —celebró Galán—. Y la tuya fue una campaña independiente, sin maquinaria, con ideas… Yo te propongo que esperemos unos días. Dame unos días, mientras baja un poco la espuma y nos organizamos por dentro. Es clave que definamos el liderazgo del movimiento.

—No se vayan a enredar que tampoco la tienen tan difícil. La Corte les puso en bandeja el regreso del que… creo yo… y creerás tú… es el jefe natural del Nuevo Liberalismo. Al magistrado Ibáñez solo le faltó darle el carné plastificado a Iván Marulanda.

(Escuche aquí al magistrado Jorge Ibáñez casi que expidiéndole el carné plastificado del Nuevo Liberalismo a Iván Marulanda).

—Puede que Iván Marulanda sea hoy precandidato de la Alianza Verde —continuó la Candidata—, pero también es cierto que puede salirse de ahí y quiere salirse de ahí. Él es el sabio que ustedes están necesitando.

—Nosotros creemos que la cosa es por ahí, sí —reconoció Galán.

—A mí solo me preocupa un tema, Juan Manuel… Tenemos que trabajarle a tu discurso. Si no le metes más chispa, y yo entro al Nuevo Liberalismo, va a ser muy fácil que te quite la candidatura de tu propio movimiento.

***

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