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20 Feb 2022 - 2:00 a. m.

Capítulo 20: Tiembla en Barranquilla (epicentro en Venezuela)

Con Alejandro Char arrinconado, estalla escándalo de Piedad Córdoba, quien habría facilitado testimonio de Aida Merlano desde Venezuela.

Capítulo 20: Tiembla en Barranquilla (epicentro en Venezuela)
Foto: El Espectador

ADVERTENCIA: ESTO ES FICCIÓN

Aquí se recrea la actualidad de Colombia con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Así como algunas películas advierten que su trama está «basada en hechos reales», esta es una novela basada en hechos actuales. En otras palabras: no se confunda. La Candidata Presidencial es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación del autor. Esta es una novela de ficción coyuntural.

Miércoles 15 de diciembre de 2021

El abogado barranquillero Miguel Ángel del Río no quería saber de nadie y tampoco quería que nadie supiera de él. Los últimos días habían sido agotadores, turbulentos y amargos, tanto así que pasó parte del fin de semana hospitalizado.

El sábado se había hecho oficial la decisión que tanto intentó reversar: la lista del Pacto Histórico para la Cámara de Representantes en el Atlántico sería encabezada por Agmeth Escaf y no por él. Fue una golpiza al ego, porque el honor se lo concedieron a un actor y presentador, muy carismático, sí, pero nada comparado con las medallas que se había venido colgando el abogado Del Río en los últimos años: había destapado la «ñeñepolítica», era el apoderado del «testigo estrella» que llevó a la detención del intocable Álvaro Uribe Vélez y también era el «héroe» que había conformado la «primera línea jurídica» para defender a los manifestantes frente a casos de abuso policial.

No estaba de ánimo para nada y por eso le tenía una pereza infinita a la videollamada que, a regañadientes, había aceptado agendar aquella tarde.

—Gracias por este espacio, doctor Del Río —dijo Lorena Agudelo al otro lado del Zoom—. ¿Cómo siguió de salud?

El abogado sintió fastidio ante la pregunta de aquella mujer que veía por primera vez. Estaba demasiado indispuesto.

—Mire… ¿Lorena es su nombre, verdad?… Le voy a pedir que vayamos al grano. Yo no quiero ser grosero, pero tengo varios asuntos que atender y, francamente, acepté esta llamada porque Gustavo Petro me insistió mucho en que habláramos. Y bueno… tampoco es que me sienta muy obligado, después de los… «acontecimientos» que usted seguramente conoce. Así que, por favor, simplemente dígame lo que me quiere decir.

A Lorena no le afectó el desplante. Aceptó la petición con gusto:

—Claro, doctor Del Río… Lo que vine a decirle es que nosotras fuimos quienes convencimos a Petro de quitarle la cabeza de lista en el Atlántico.

El abogado escuchó perfectamente cada sílaba… y aún así no estaba seguro de que había oído bien, sobre todo porque Lorena se veía muy tranquila.

—¿Me repite, por favor, lo que acaba de decir?

—Sí… Le dije que nosotras, mi jefa y yo, convencimos a Gustavo Petro de quitarle a usted la cabeza de lista del Pacto Histórico en el Atlántico.

Del Río, confundido, recordó un pedazo de información que, en medio de su duelo, pasó por alto: Petro le había dicho que Lorena era asesora de la Candidata.

—¿Usted me está hablando en serio? —preguntó el abogado.

—Sí señor. Muy en serio.

Del Río tenía tantas ganas de colgarle como de saber más.

—¿Y entonces?… —dijo él, entre sorprendido e indignado.

—Mi jefa, como usted sabe, hace parte de la «coalición centro esperanza», pero está desencantada de todo ese proceso. Decidió que no se va a salir del grupo, pero que sí le vamos a ayudar a Petro, sin que nadie se entere… Bueno, más que solo ayudar… Le estamos metiendo toda nuestra energía a ese proyecto. Hoy en día estamos convencidas de que Petro es la mejor opción para Colombia.

Del Río arrugó los ojos con desconfianza. Tenía muchas preguntas al mismo tiempo, pero se decidió por la obvia…

—¿Y cómo le están ayudando a Petro? ¿Sacándome a mí de la lista al congreso?

—Así es… Por dos razones, doctor Del Río. Una no le va a gustar y la otra, creemos, le puede interesar.

A Del Río le empezó a parecer todo tan absurdo que hizo lo que cualquier otra persona haría en su lugar: reírse. Con un gesto irónico le pidió a Lorena que continuara.

Su principal propuesta de campaña era enfrentar a los Char… Y el plan sí es que el Pacto Histórico pelee con los Char, pero de mentiras, como para la galería. Necesitamos los votos de ellos.

—¿Me sacaron a mí por un pacto con los Char?

—No es un pacto. Es un… gesto… para hacernos pasito y para mantener un puente con los Char. Queremos tener abierta la posibilidad de que ellos pongan a trabajar sus votos para nosotros o, al menos, no los pongan a trabajar en contra de nosotros. Pero esa es solo la mitad del plan… La otra mitad tiene que ver con lo que usted va a hacer, ahora que no está en una lista al congreso.

—Claro… —dijo el abogado con ironía—. Me imagino que esa es la parte que me interesa…

Lorena pareció distraerse brevemente con el teclado.

—Le acabo de enviar un número por el chat del Zoom. Ese es el teléfono de Aida Merlano… Le contesta ella misma.

El abogado se quedó pasmado.

—Le recomiendo que lo copie de una vez, doctor Del Río. Cuando cerremos la llamada se pierde lo que está escrito en el chat.

—¿De qué se trata todo esto? —preguntó el abogado sin hacer caso a Lorena.

—Aida Merlano le envió un correo electrónico a la Corte Suprema de Justicia, el jueves de la semana pasada. Ella va a contar TODO lo que no dijo antes sobre los Char por estar amenazada.

—¿Y usted cómo sabe eso?

—Pues porque llevamos meses trabajándole al tema.

—¿Quiénes?

—Pues nosotras… mi jefa, yo… Piedad Córdoba… Lo más difícil era que el gobierno de Maduro nos dejara hablar con Aida Merlano… Pero se imaginará que eso se volvió muy fácil desde que Piedad se sumó al Pacto Histórico.

Miguel Ángel del Río se paró de su silla, se sobó la barba y meditó unos segundos con los brazos en jarras. Tomó asiento de nuevo.

—Ustedes sabotean mi candidatura al congreso ¿y pretenden que yo, de buenas a primeras, les diga que sí, que listo, que voy a seguirles el juego y voy a ser el abogado de Aida Merlano, después de lo que me hicieron?

—Pues sí, doctor Del Río, y le voy a decir por qué… Porque usted dijo que quería enfrentar a los Char, que quería quitarles el poder que tienen en el Atlántico. Eso es exactamente lo que puede conseguir representando a Aida Merlano y metiéndolos a todos en la cárcel, impidiendo que vuelvan a administrar un solo peso público. Si lo que usted quiere es acabar con todas esas mafias políticas, hace más asumiendo este caso que ganándose una simple curul en la Cámara. Y si lo logra, si libera a la gente de esa plaga que son los Char… bufff… sus aspiraciones políticas pueden ser mucho más ambiciosas. Estamos hablando de que usted puede ser el próximo alcalde de Barranquilla o el próximo gobernador del Atlántico. Incluso, con Gustavo Bolívar hemos comentado que usted puede ser el próximo fiscal general.

El canto de sirena endulzó los oídos del abogado, aunque una cosa no le cuadraba.

—¿Pero no me dijo que necesitan a los Char?

—No… Lo que necesitamos son los votos de los Char. Y esos votos no nos van a llegar si Alejandro Char sigue siendo candidato a la Presidencia. ¿Me explico?

***

Jueves 20 de enero de 2022

Un escolta y un asistente esperaban afuera de la oficina de Alejandro Char, en Barranquilla. Allí, adentro, habían puesto las noticias de la mañana a todo volumen. Solían hacerlo cuando el exalcalde se reunía para hablar de asuntos comprometedores con cualquiera que no fuera de absoluta confianza.

—Me insisten en que debo tomar precauciones —se excusó el precandidato.

La Candidata le restó importancia.

—Me contaron una historia. Dime si es cierta… Que una vez un periodista le preguntó a tu papá, en un pasillo, de manera informal, si te ibas a lanzar a la Presidencia y que él se encogió de hombros y respondió: «Pues si quiere ir preso…».

Char soltó una carcajada prefabricada, de las que siempre están a la mano de los políticos en campaña.

—Es verdad que a mi papá nunca le ha gustado la idea, porque en una campaña presidencial se tiran a matar… Y bueno…, mira que esto de Aida, que viene y aparece ayer de la nada, como que le da la razón.

La Candidata habló con solemnidad y preocupación.

—Yo sé que, si acaso, apenas cruzamos un par de palabras hace ocho años, pero aún así tengo un aprecio especial por ti… por todo lo que hiciste en la reelección de Santos. Yo también estuve ahí, desde otro frente, y sé lo difícil que fue. A ambos nos une ese trabajo que hicimos… Y por eso mismo, por el aprecio que te tengo… vine a advertirte una cosa con toda la seriedad del caso: lo de Aida Merlano es, de verdad, muy peligroso para ti. Y si tu papá alguna vez pensó que siendo candidato iban a meterte a la cárcel, yo creo que hoy la realidad es otra: la mejor garantía que tienes para no ir a la cárcel es ganando las elecciones y convirtiéndote en el próximo presidente.

Alejandro Char, acostumbrado por más de una década a pasearse sin tener que rendir cuentas ante ninguna de las 42 investigaciones en su contra, sintió exageradas las palabras de la Candidata.

—No, no, no… Mira… Ahí no hay nada. Para que estés tranquila… me contaron que el abogado que le lleva el caso a ella ni siquiera sabe qué es lo que va a decir o las supuestas pruebas que va a entregar en la Corte…

—¿A cuál abogado te refieres tú? ¿A Vladimir Cuadros?

—Sí, sí… Ese mismo.

—Ese tipo no tiene ni idea de lo que va a decir Aida Merlano, porque ella consiguió nuevo abogado. El tal Vladimir ni se ha enterado.

—Pero si ese ha sido el abogado de ella todo este poco de tiempo…

—Sí… «Ha sido», pero ya no es. El nuevo abogado de Aida Merlano se llama Miguel Ángel del Río… Lo van a anunciar hoy.

Alejandro Char se quedó mudo. La Candidata no le dio tiempo de terminar de procesar la información.

—Y si hay alguien dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias es él… ¿Sabes cómo consiguieron que Aida pudiera comunicarse desde Venezuela?… Pues gracias a Piedad Córdoba. Esa mujer tiene allá más influencia que la mayoría de ministros de Nicolás Maduro. Te lo digo de una vez: hay que buscar la forma de poner a Piedad en la palestra, para deslegitimar cualquier cosa que ella haga y convertir esto en una injerencia de Venezuela… Te estás jugando el todo o nada. O ustedes le meten la mano, como nunca antes, a esta campaña, o el presagio de tu papá se va a hacer realidad. Y, entre otras cosas, él es el primero que se tiene que montar en este bus.

***

La Candidata se subió a la camioneta. Nicolás Ulloa la esperaba en el asiento de atrás.

—Ya está —dijo ella, repasando su tren de pensamiento—. Si Alejandro Char cometió la torpeza de aparecerse en la Registraduría con dos millones y medio de firmas, sin necesidad de pegarse semejante boleteada…, con esto de Aida va a cometer muchas más idioteces. Por algún lado se va a caer: o con lo que ya ha hecho o con lo que va a hacer.

Nicolás validó a su jefa:

—Yo también creo que eso lo dejamos bien armado. La duda que tengo es sobre Piedad. Si la exponemos…, ¿no nos arriesgamos a que después perdamos contacto con Aida Merlano?

La Candidata lo miró con complicidad:

—Por eso es que tenemos que hacer que Piedad nos presente a sus amigos de Venezuela. ¿Para qué seguirse hablando con «Teodora» si pueden empezar a hablarse conmigo?

***

Siga a La Candidata en Twitter: @LaCandidata

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