La tasa real

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Hay tendencias de largo aliento que escapan inadvertidas porque sucumbimos a los afanes diarios que convierten nuestros análisis en una secuencia de miradas a la coyuntura, al corto plazo. Una tendencia que calza en esa categoría es la evolución de las tasas de interés en la economía colombiana a lo largo del siglo XXI. En particular, me refiero a tasas de interés reales, es decir, netas de la inflación. Esas tasas de interés, las reales, son las importante en muchos análisis económicos y las relevante en decisiones que toman hogares, gobiernos y empresas relacionadas con el consumo de bienes y servicios, el ahorro, la inversión o el endeudamiento.

Pues bien, si tomamos como muestra el siglo XXI, caracterizado por tasas de inflación de un dígito (en contraste con el último cuarto del siglo XX donde año tras año la inflación fue de dos dígitos) y nos fijamos en tendencias de largo plazo que nos permitan limar los movimientos cíclicos (por ejemplo, enfocándonos en promedios de cinco años de las tasas reales) observamos que a lo largo de esta centuria las tasas reales en Colombia han caído de forma importante y de manera casi ininterrumpida.

Por ejemplo, un título de deuda del gobierno colombiano a diez años pagaba tasas reales por encima de seis por ciento antes de la crisis financiera global de la década anterior. La estadística ha venido cayendo paulatinamente y ahora apenas supera el dos por ciento. La DTF, el promedio de las tasas de interés de los depósitos a término fijo, cuenta una historia similar: a mediados de la década anterior superaba los 2.5 puntos reales y ahora apenas está en terreno positivo.

La caída en las tasas reales no es exclusiva de Colombia. En el mundo desarrollado, el fenómeno ha sido identificado de tiempo atrás y sus causas y consecuencias aún son materia de debate. Larry Summers, de la Universidad de Harvard, ha empujado la idea de que ese fenómeno es consecuencia de un creciente ahorro global, combinado con una baja inversión. Así, hay muchos recursos buscando destinatario y pocos demandándolos.

Apunta a que hay que repensar el rol de la política monetaria tradicional, basada en movimientos de la tasa de interés (nominal), porque en estas circunstancias se enfrenta al reto potencial tener que de adentrarse en el mundo de las tasas de interés negativas o utilizar instrumentos monetarios alternativos. Ese reto está llegando al trópico. Hay que preparase.

Así mismo, los costos de endeudamiento en niveles históricamente bajos abren espacio fiscal para la inversión pública como herramienta para combatir la postración económica de la que saldremos de la pandemia. En el trópico no estamos acostumbrados usar la inversión de manera contracíclica. Ha llegado el momento de hacerlo. Si, como me temo, el espacio fiscal del gobierno se consumirá atendiendo la coyuntura pandémica, hay que estudiar con seriedad la posibilidad de juntar las dos formas de lucha: una expansión de la inversión pública que podría estar apalancada por el Banco Central.

Twitter: @mahofste

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