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Asumiendo que tenía una economía sólida y unas fuerzas armadas invencibles, el mundo se tragó entero el cuento de que en cuestión de semanas Rusia era capaz de subyugar a Ucrania. La realidad es diferente: en vez de semanas, y sin mayores avances, Rusia cumplió el pasado 24 de febrero tres años en el vano intento de subyugar a los ucranianos quienes, con extraordinario arrojo, han ocupado 1.200 km2 y controlado 93 aldeas de Rusia. Es más, la ayuda de sus entrañables aliados, Corea del Norte e Irán, poco les ha servido a los rusos para doblegar a los valientes ucranianos. El caso del apoyo de Corea del Norte a Rusia es patético: el diminuto y sangriento dictador norcoreano le ha enviado a Putin 20.000 soldados (de los cuales 4.000 han sido dados de baja) y está en proceso de enviarle 10.000 más. Según informes de prensa, Corea del Norte proporciona alrededor del 50 % de las municiones utilizadas por Rusia, incluyendo proyectiles de artillería y equipos militares como obuses y sistemas de cohetes para atacar la infraestructura ucraniana, e Irán le suministra a Rusia miles de drones kamikaze Shahed y misiles balísticos de corto alcance Fath-360.
Con una inflación disparada, altísimos niveles de interés, un déficit fiscal que aumentó en un año 73,6 %, bajísimos niveles de inversión y un gasto en defensa que supera los 145 mil millones de dólares (6,3 % del PIB), la economía rusa apenas se mantiene a flote. Echarle un salvavidas a un país enemigo bordeando el naufragio económico es algo muy difícil de entender, y la política de empequeñecer a Zelenski envalentona a Putin y a los sátrapas en Cuba, Nicaragua, Venezuela, Irán y Corea del Norte. No existe la menor duda de que, para suspender la guerra, hoy Putin va a exigir condiciones cada día más onerosas.
En relación con las más que erróneas acusaciones de las que fue objeto Ucrania —y no Rusia, la brutal agresora—, es oportuno transcribir lo que señaló Héctor Abad Faciolince en su columna en El Espectador (Feb. 23/25): “Por el momento, hasta los diarios estadounidenses de talante más conservador como el New York Post (gran partidario de Trump) o The Wall Street Journal han declarado, el primero: ‘Zelenksi no empezó la guerra, y no ha tenido ninguna oportunidad de terminarla excepto rindiéndose al invasor empapado de sangre: sean cuales sean las tácticas de negociación que Trump quiera utilizar, no debería faltar a la verdad’; y el segundo: ‘El señor del Kremlin inició en 2022 la mayor guerra terrestre en Europa desde Hitler, y su ‘operación militar especial’ ha matado o mutilado a cientos de miles de rusos y ucranianos…'. A veces la mentira brilla con una oscuridad tan nítida como la luz de la verdad”.
Para los demócratas del mundo, Zelenski es un héroe de nuestro tiempo.
Apostilla: Otty Patiño, el alto comisionado de Paz, conteniendo las lágrimas y calificando el hecho como “fatídico”, en junio del 2024 lamentó la muerte de alias Hermes, uno de los cabecillas del grupo narcoterrorista La Segunda Marquetalia. Hoy, de acuerdo con la revista Semana, Patiño hizo hasta lo imposible para impedir la captura del poderoso capo “Araña”, reconocido narcotraficante pedido en extradición por EE. UU. Uno se pregunta, ¿de qué lado de la mesa se sienta don Otty?
