Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La metáfora de la locomotora minera, con la que Juan Manuel Santos promovió durante su primer gobierno el crecimiento económico, hoy suena a una historia patria casi tan lejana como la propia revolución industrial.
No ha pasado tanto tiempo desde entonces, pero el lenguaje empleado para la última ola extractivista cambió sustancialmente. La velocidad, la modernización que nos prometían los entusiastas de la locomotora, fue reemplazada por referencias crípticas a lo estratégico, lo crítico, lo raro. Ahora hay minerales raros, tierras raras, incluso las piedras preciosas serán también raras.
Como lo explicó Natalia Toscano Jaime en La Silla Vacía, el Gobierno de Abelardo de la Espriella presentó su propuesta para ampliar los minerales considerados estratégicos. En el borrador de resolución publicado para comentarios aparece en la lista de elementos que pasarían a ser estratégicos la idea de “Esmeraldas y demás piedras preciosas”. Vale decir, entonces, piedras preciosas estratégicas: una redundancia digna de la inteligencia artificial.
Ante la llegada de un Marco Rubio cargado de bendiciones, abrazos, sonrisas y exigencias, el Gobierno está decidido a sacarle provecho a los impulsos extractivistas de los Estados Unidos. El mal llamado acuerdo de Barranquilla, que no es vinculante, supone un trato preferencial para empresas y capital gringo. El alineamiento del Gobierno de la patria milagro con la posibilidad de un nuevo boom llevó ya a un intento de cambio y relajamiento de las condiciones de la consulta previa.
Como era apenas esperable, fue igualmente revocada la resolución 961 que impedía nuevas autorizaciones mineras y contratos de hidrocarburos en el bioma amazónico. Y ello con el argumento, vaya paradoja, de la falta de culminación de la consulta con comunidades afrocolombianas (un error de la administración de Gustavo Petro, dicho sea de paso).
La confusión sobre lo que es o no estratégico, raro o crítico y quiénes lo deciden habría sido una ocasión ideal para que Antonio Caro hubiese actualizado una de las obras retiradas del museo nacional durante la purga protagonizada por el Ministerio de la Cultura (y ahora, aparentemente, reinstalada gracias al juez que ordenó su retorno junto con el resto de los artefactos profanados). Caro ideó una bandera que retoma el azul y el rojo en la que el amarillo de la abundancia fue teñido de negro, sobre la que está escrita la palabra “minería”.
La obra es de 2012 y pese a su referencia directa a la nación colombiana, la trasciende.
Viene al caso el trabajo de la socióloga argentina Maritsella Svampa, quien explica cómo entre el 2003 y el 2013 los precios internacionales de materias primas como el petróleo, los minerales y la soja llevaron al Consenso de los Commodities en América Latina, con su modelo de desarrollo puramente extractivista.
Durante ese boom, gobiernos de derecha y de izquierda en la región, apunta Svampa, aumentaron sus ingresos, financiaron políticas sociales y contribuyeron a reducir con más o menos efectividad la pobreza. Al mismo tiempo, se profundizó la dependencia frente a este tipo de exportaciones y, ambientalmente, se llevaron por delante los territorios de campesinos, indígenas y pueblos afrodescendientes.
La obra de Caro ilustra la posición de los que nunca se subieron a la locomotora minero-energética por considerar, justamente, que reducir el amarillo de la bandera a una naturaleza abundante y a la venta era una idea cortoplacista, que privilegiaba la contaminación, la destrucción. Lo contrario de la protección de la riqueza nacional.
A su bandera le podríamos añadir una franja verde que denuncie también la forma en que se justifica la búsqueda de minerales raros como el litio y el cobre, con los que se promete la salvación del planeta y la transición energética mientras el peso de los extractivismos se instala en el sur (“zonas de sacrificio” les llama Svampa).
Y si no es el verde de los falsos ambientalistas, habría que decidirse por el verde militar y sin rodeos de la seguridad nacional de los Estados Unidos, su industria militar y competencia geopolítica.
La obra no podría ser más vigente.
-
Brayan Tibocha(jbw8b)•Hace 1 horaPetribestia, sub humano que no tiene piel ni vísceras sino defecación en forma sub humana. Indigna que cada semana exude miasmas mentales infectos y putrefactos defendiendo y predicando ideologías que conducen a la pobreza, dictadura, hambre y tiranía.Ciego que no ve lo que pasó con el pueblo ruso bajo las garras de Lenin/Stalin, a la China bajo el genocida Mao, a Cubazuela bajo la infamia de Castro/Chávez/Maduro a Nicaragua bajo el criminal Ortega.
-
Frapolo(7328)•Hace 6 horasBuena reseña, don Nicolás. Y el tal atenas jamás responde los razonamientos bien sustentados, con agumentos, pues no los tiene, solo se dedica a despotricar usando epítetos o apodos de mal gusto contra los buenos columnistas del Espectador.
-
Atenas(06773)•Hace 9 horasLa tijera de la censura de EE es hoy inmediata cuando se trata de argumentados comentarios en contra de las sandeces de sus sandios opinadores, mejor prefiere q’ esta sea vitrina pa mostrar a sus necios garrapateadores y venderlos como “el poder de la palabra”, torpe pretexto pa atrapar incautos suscriptores.¡Ja! Atenas
-
Cordillerano(64187)•Hace 7 horasLa irracionalidad e irresponsabilidad de este sujeto "aTENAs" solo cabe en una mente pérfida en la que solo cabe la obediencia al patrón de turno, ahora es ADLE antes lo fue AUV, mañana otro sátrapa.
-
-
Juan Andres(32f9l)•Hace 13 horasLa nueva curaduria impulsada por Paola Holguin tampoco admite criticas a la mineria? Esa no ma la sabia. De pronto solo estaban defendiendo el legado del ex-presidente Santos, el bien-amado de Uibe y Paola. No sabe la diabla para quien trabaja.