Pensar en grande

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Se llamó Carlos Dittborn, el dirigente chileno que ganó con una reelección -eso cuenta la historia- la sede para el Mundial de 1962. “Como nada tenemos, lo haremos todo”. Sin necesidad de recurrir -como la Federación Colombiana lo hizo- a una epístola de ocho páginas donde básicamente se cuestionaba el método usado por la FIFA o sus comisiones para calificar las posibilidades para hacer un Mundial Femenino de Fútbol.

Parodiando a Dittborn, quien paradójicamente falleció dos meses antes de la inauguración del Mundial: “Algo teníamos. Estadios y deseos, pero sin saber cómo hacerlo”, porque más allá de las mentiras detectadas en la misiva, la FIFA desconfiaba de una Federación en la que hay más cuestionamiento a su funcionamiento que reconocimiento a su gestión.

Uno de los argumentos esgrimidos para la aspiración era aquel de “pensar en grande”, de establecer retos gigantes, ocultando, sí, la pésima imagen de una entidad donde abundan los cuestionamientos y los alegres manejos económicos, amén de la indelicadeza para adjudicar a la carrera contratos, como aquellos del manejo de venta de boletería y otras hierbas.

Si de verdad quiere el fútbol nuestro pensar en grande, es preciso comenzar por la misma casa, donde la política hace su agosto. Echar a rodar el fútbol profesional, dentro del orden y la disciplina exigida; dar forma al fútbol femenino, fortalecer y capacitar el sistema arbitral y estar a la altura de un fútbol competitivo y ordenado, así como erradicar la politiquería barata. No todo puede reducirse a ser máquina recaudadora y registradora de ayudas en dólares en el exterior. Produce grima ver a 36 dirigentes o dueños pelear por el billete sin dar tiempo y espacio a la esencia misma del fútbol.

Cada día queda más claro que los dirigentes de la cúpula viven a sus anchas y gastan a manos llenas ingresos cuyo destino debiera ser el fútbol en sí. Se requiere una rebelión para sacudir la estructura del fútbol colombiano. Lo demás sobra y es parte de la demagogia.

Pasando a un asunto más vinculado al balón, mucho se habla del pelotazo al jugar. Es evidente que esa vía es válida para algunos técnicos, y aplicada en equipos del mundo, pero el toque de balón es la cara opuesta. Cuando existe toque de balón se da participación a todos los jugadores, la pelota entra en circulación, se da más movimiento y se generan los espacios. Es ahí cuando nace la duda: jugar al pelotazo y cruzar más rápido el campo arriesgando la posesión del balón o tocar y tocar y mantener el control. Es uno de los tantos y atractivos puntos para discutir y conversar.

Es justo pensar en grande. El fútbol colombiano del momento requiere a personas que lleguen no a pensar en el bolsillo, sino que sean capaces de proponer una gigantesca meta y cumplirla en lo posible. Ya está bueno de componendas y tretas. Es hora de ser serios y responsables.

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