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Notas de buhardilla

Crítica aplazada

Ramiro Bejarano Guzmán
20 de septiembre de 2026 – 12:06 a. m.

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Este país es un circo, pues hay quienes sostienen que es indebido, o inconveniente, criticar a Abelardo porque apenas lleva un mes de posesionado y hay que dejarlo que gobierne. Por ahora, solo se permite aplaudirlo e ignorar sus excesos y equivocaciones.

Fórmula odiosa porque cuando a la gran prensa no le gusta un gobernante lo cuestionan desde cuando gana, con la esperanza de arrodillarlo tempranamente. Lo logran y los ejemplos abundan. La diferencia es que hoy el tratamiento es suave con un presidente que los menosprecia e insulta y hasta amenaza, como lo ha hecho y sigue haciendo Abelardo, pues a él le perdonan todo y muy pocos están dispuestos a cuestionar o ahondar informaciones o rumores que ya circulan. Por ejemplo, la revelación de que el presidente ha declarado un patrimonio de mucho más de 17 mil millones de pesos; o que alguien cercano a él constituyó una fundación que ha canalizado parte de las donaciones recibidas con ocasión del terremoto; o si la reciente confesión de lavado de activos de Alex Saab en la justicia americana comprometerá a alguien en nuestro gobierno (suceso que solo ha sido destacado por el Reporte Coronell); o la escandalosa insubsistencia del director del DANE por negarse a mentir que desnudó el talante autoritario de este cuatrienio.

Decretar vacaciones a la crítica es tramposo, porque ni siquiera se sabe a partir de cuándo se torna sensato interpelar al nuevo gobierno. ¿Cuándo estarán acomodados? Un mes les parece muy poco, según ya lo dejaron en evidencia; muy probablemente están calculando un año para que el gobierno haga y deshaga mientras todos callan.

Y entonces, con esas directrices no es viable reprochar el discurso de quien se posesiona, siendo la primera carta de navegación cuyas coordenadas se ponen de presente el mismo 7 de agosto. Tampoco es admisible controvertir la decisión de activar bombardeos ni la de fumigar cultivos de coca, porque el gobierno se fastidia con los fallos judiciales adversos que, de dientes para afuera, promete cumplir. También le pasó a Petro, pero para Abelardo es más que un dolor de cabeza, porque permanentemente ha dicho que respetará y cumplirá las decisiones de los jueces. No obstante, ya dio muestras de que no lo ha hecho, pues en estricto sentido desatendió la sentencia de tutela que le ordenó rectificar las palabras de su posesión con las que violó su deber de neutralidad religiosa, como aquí se demostró en reciente columna.

Además, si el argumento es que no es razonable censurar la tarea del presidente porque solo lleva un mes y medio, entonces por qué sí pueden hacerlo quienes aplauden su supuesta buena gestión. ¿Es muy pronto para criticar, pero no para alabar?

En todo caso, su postura querulante le impedirá cumplir las futuras sentencias de tutela que ha prometido acatar, pues el domingo anterior, en otra de sus extenuantes alocuciones presidenciales —que fatalmente reemplazaron las de Petro—, insiste con su "Firmes por la Patria" y "Viva Cristo Rey", en que impugnará esas sentencias que lo sacan de quicio. Se le olvidó al litigante De la Espriella que la impugnación de un fallo de tutela no suspende su cumplimiento. En efecto, si lo que pretende el presidente es que hasta que no se pronuncie inclusive la Corte Constitucional ninguna sentencia cuestionada se pueda ejecutar, no solo estaría extraviado sino incurso en una conducta sancionable penalmente.

Extraño que el gobierno “milagro” anuncie que expedirá un decreto para concentrar todas las tutelas contra el presidente en el Consejo de Estado, cabeza de la jurisdicción contencioso-administrativa, dizque para unificar la jurisprudencia. Está equivocado, porque el órgano de cierre que unifica la jurisprudencia en materia de tutelas es la Corte Constitucional y, además, porque si hay alguna corporación en la que a sus magistrados no les resulta fácil ponerse de acuerdo son los abnegados togados, quienes a veces ni siquiera pueden unificar sus sentencias.

Adenda No 1. ¡Fuera la bota militar de las universidades!

Adenda No 2. Con la cascada de nombramientos todo parece que los colombianos hubieran elegido la oficina de abogados De La Espriella Lawyers.

Adenda No 3. El historiador y profesor de la facultad de Ciencias Sociales del Externado, Carlos Camacho Arango, en su nuevo trabajo ha rescatado el libro escrito hace 170 años por José María Samper, 1854. Revolución, Conspiración y la insurrección del General Melo. Interesante y muy recomendado.

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