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Descuartizamientos

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Ricardo Bada
16 de septiembre de 2022 - 02:33 a. m.
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La columna de Héctor Abad Faciolince el domingo 28 del pasado agosto, que pueden repasar pulsando aquí, le provocó el siguiente comentario a un buen amigo mío también paisa, quien desde su retiro en las riberas del Cauca me escribió lo siguiente:

«Aquí entre nos y sin ánimo de pontificar, tengo en mente una hipótesis fundamentada alrededor de lo que cuenta HAF. Desde las primeras crónicas sobre la conquista de México, se habla de la crueldad de los rituales sagrados a sus dioses, en los que se degollaba sin miramientos y en cantidades aterradoras a sus víctimas propiciatorias. Abandonados sus dioses, la costumbre como tal no desapareció y aunque los colombianos traemos la misma impronta genética de nuestros ancestros nativos, tan violentos como los mejicanos, fue la llegada de las mafias mejicanas de la droga a Colombia, la que disparó el récord de ese tipo de asesinatos, en muchos casos efectuados durante rituales con fines mágicos, buscando el éxito de sus faenas de narcotráfico, a sabiendas de que como efecto lógico y no secundario, el miedo es el consejero más efectivo y mantiene a todos; ciudadanía y autoridades, aleccionados y aconductados».

Es probable que mi amigo tenga razón, pero estuve mirando informes de la Conquista del Perú, y al llegar a la revuelta de Túpac Amaru me encontré con que al caer en poder de los españoles, y ser condenado a muerte, [aquí resumo de lo que leo en la red:] el lugar elegido para su ejecución, la de su familia y sus seguidores, fue la Plaza de Armas de Cuzco. Sacaron a los prisioneros de sus calabozos y arrastrados por caballos llegaron a la plaza. Túpac tuvo que presenciar la tortura y ejecución de sus aliados y amigos, su tío, sus dos hijos mayores y finalmente su esposa. Como si esto fuera poco, igual que hicieron con varios de sus lugartenientes, con su tío y su hijo mayor, le cortaron la lengua. Luego ataron cada una de sus extremidades a caballos para que estos tirasen de aquellas y las arrancaran, sin poder lograr el propósito de descuartizarlo vivo. Y al no lograrlo optaron por decapitarlo y después despedazarlo. De igual forma procedieron con los cuerpos de su familia y seguidores.

El hijo menor de Túpac, Fernando, de 10 años, no fue ejecutado pero le obligaron a presenciar la muerte de toda su familia y pasar por debajo de la horca de los ejecutados, para luego ser desterrado a África con órdenes de prisión perpetua.

Lo diré clarito para que se me entienda. Los aztecas idólatras tenían la excusa del sacrificio a sus dioses. Los conquistadores cristianos no tenían excusa. Supongo que su motivo fue el mismo de los narcotraficantes: continuar en el poder gracias al terror.

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