Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Humberto de la Calle es un hombre de todas las estaciones: estadista, uno de los arquitectos de la Constitución de 1991, embajador ante la OEA, escritor de prosa aguda y analista riguroso del presente. En su nuevo libro, La democracia fatigada, el autor mira a los ojos el miedo, la revancha y el futuro posterior al maremágnum legado de Petro, que desemboca en el extremismo contrario de Abelardo de la Espriella.
De la Calle afirma que estamos pasando de una fase de sordera por el grito, la exaltación y la amenaza del salto al vacío (de una nueva constituyente o reforma laboral o del estrambótico aumento del salario mínimo), al silencio que surge de una respiración que se normaliza después del estrépito, aunque el sonido puede estallar nuevamente en otro momento. Como en la canción de Joaquín Sabinas: hay “mucho, mucho ruido (…) tanto ruido y al final, por fin el fin”.
El libro está dividido en cuatro partes: el resultado de las elecciones de 2026, los padecimientos de la democracia colombiana, la reciente campaña electoral y sus resultados y lo que el futuro depara a esta Colombia resiliente y expectante. Acá nos centraremos en la primera parte sin dejar de recomendar su lectura para entender el ruido que está padeciendo Colombia.
El triunfo de la extrema derecha tras el cuatrienio del primer gobierno de izquierda que tuvo el país no significó que los ciudadanos dejaran de estar inconformes. De hecho, se trató más de un voto contra Gustavo Petro por incumplir sus promesas de cambio y sembrar el caos desde el gobierno que a favor de un candidato de derecha que no había mostrado su talante ni su programa. Según De la Calle, se trató de “el cansancio del ruido, de la incertidumbre, el de la superioridad moral (…) de la idea de una presidencia en guerra contra sus propios límites, el de la sospecha permanente”. De un cambio que se manifestó como engaño y mostró la incapacidad e incompetencia de gobernar a favor de todos los ciudadanos.
El voto antipetrista logró unificarse alrededor del candidato que venía de fuera de la política, el que no estaba contaminado por la corrupción que acompaña a la clase dirigente tradicional, aunque algunas facciones de esta militan en sus filas. De la Espriella lo hizo por fuera de la derecha tradicional y del uribismo, aunque ambos vendrían a ocupar posiciones claves en el gobierno que conformó después de su triunfo. Cepeda, por su parte, naufragó en su sobriedad, sus discursos leídos y aburridos, y su incapacidad de deslindarse del presidente tóxico.
Colombia, para De la Calle, “necesita aceptar que ninguna elección clausura el conflicto, pero tampoco autoriza a convertirlo en guerra civil simbólica permanente (…) [necesita] volver a creer que el pluralismo no es una maldición sino una condición de existencia”. Esto va “contra muchas pulsiones contemporáneas: la simplificación moral (…) la sed de castigo, la identidad construida contra el otro (…) es necesario aprender de nuevo a conversar sin dejar de confrontar” (p. 265).
La nueva administración prometió en campaña que no aumentaría impuestos a pesar de que varios observadores anotamos que sin nuevos recursos no se podía enfrentar las secuelas del terremoto de agosto pasado, además del enorme déficit fiscal en el que incurrió el gobierno saliente. El pasado 29 de octubre, el gobierno giró y anunció propuestas draconianas de nuevos impuestos, regresivos la mayor parte de ellos. Este es el primer escalón de descenso en la popularidad del presidente De la Espriella, que prometió exactamente lo contrario a lo que está ejecutando.
-
leunamuno(9808)•Hace 1 horaSe escuda en De la Calle, él sí merecedor de los laureles con que se embadurna esta columna, para no hacer otra cosa que denigrar del expresidente que no pudo gobernar precisamente porque el régimen le cerro todas las salidas, lo que hizo ver que la democracia no estaba cansada sino tomada por el fascismo internacional que hizo lo habido y por haber para tomarse la presidencia, más no el poder porque ya lo tenía en sus garras. El dinero que le sobra al fascismo está comprando la libertad del mu
-
Dionisio(cvtsc)•Hace 3 horasPero es que comerle cuento a Espriella… así nos va.
-
NAVY(47439)•Hace 5 horasLa gente también eligió contra la inmoralidad qué no nos caracteriza ni a tirios ni a troyanos, contra el mal ser humano, contra la personalidad transgesora, contra el mal gusto y la chabacaneria.