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Petro y Uribe seguían ahí

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Yolanda Ruiz
23 de julio de 2026 - 05:05 a. m.
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Cuando Abelardo despertó, Petro y Uribe seguían ahí. En una convergencia, en un encuentro fugaz, en una coincidencia de intereses, los enemigos eternos se unieron para propinarle la primera derrota política al presidente electo. Seguirán en sus orillas, son agua y aceite, son polos opuestos, pero mandaron un mensaje que no es menor: siguen siendo líderes en sus sectores y estarán ahí. En el Congreso o en las calles, en el lobby político, en las pesadillas. El uno estará en la oposición, el otro apoyará al Gobierno de derecha radical, sin enterrar aún el liderazgo del “presidente eterno”. Recordaron sin sutilezas que siguen ahí.

Gustavo Petro es todavía presidente en ejercicio y ya comenzó la oposición, un escenario que parece disfrutar, que le es propio y en el que se siente cómodo. Tanto que fue hasta opositor a su propio Gobierno, como dije en otra columna. El discurso en plaza pública del 20 de julio fue tan político que hubo cambio de símbolos: traje y corbata para ver el desfile y saludar a tropas, camiseta negra recordando que “somos la tierra del jaguar” y sin la cúpula militar para lanzar arenga en defensa de su gestión y, sobre todo, el anuncio de la “resistencia pacífica” para hablar de huelga general, de paro agrario, de organización para hacer oposición y defender sus conquistas sociales. Trascendió que el retiro de la cúpula se debió a un acuerdo con el presidente porque tenía claro que ese discurso marcaba el comienzo de la oposición. Será el jefe del Pacto Histórico.

Y el expresidente Álvaro Uribe mostró el músculo político que tiene con una de las bancadas más grandes del Congreso y recordó por qué ha sido protagonista de la política nacional durante varias décadas. Reclamó lo suyo, le mostró sus abejas disciplinadas al tigre y también se sacó un poco el clavo por las batallas abiertas con Carlos Suárez, estratega político de Abelardo de la Espriella. Para la democracia es un respiro que el Congreso tenga gestos de independencia, mucho más cuando está a punto de comenzar el Gobierno de un presidente electo que en campaña y en estos días previos a la posesión ha usado un lenguaje autoritario con reiteradas amenazas a la oposición y a la prensa. De la Espriella intentó bajar el tono a la derrota, pero lo cierto es que perdió.

Con todos sus defectos, los partidos políticos tienen representatividad, algunos tienen estructuras y en ellas hay concejales, diputados, alcaldes, gobernadores, organizaciones sociales. Detrás de los partidos hay votantes. Algunos los han convertido en sus microempresas electorales, se han beneficiado de ellas y las han usado para todo tipo de prácticas ilegales o poco éticas. Aún así, los partidos forman parte de la estructura democrática, están representados en el Congreso y tienen un peso específico. El Gobierno ha dicho que no hace acuerdos con partidos, prefiere repartir cargos a dedo. Los congresistas le recordaron que eso se puede hacer en el ejecutivo, pero en el Congreso es distinto. No es un mal mensaje para empezar.

Reflexión aparte merecerá la conformación de la Comisión de investigación y acusación que genera interés particular hoy por los anuncios del Gobierno electo de querer extraditar y meter a la cárcel a Gustavo Petro. El Pacto Histórico aseguró cinco miembros. El Centro Democrático y el Partido Liberal tendrán tres cada uno y habrá también representantes del Partido Conservador, de Cambio Radical y dos de curules de paz. Nada definido aún. No sobra tener presente que cuando se estaba gestionando la elección del presidente del Senado, Uribe dijo en uno de los mensajes “no compartimos perseguir al adversario político”. En otro mensaje agradeció al presidente Petro el traslado de su hermano Santiago a una guarnición militar. La convergencia que permitió elegir presidente del Congreso no será permanente, pero estará ahí latente. Uribe y Petro seguirán siendo protagonistas.

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