Por: Jorge Gómez Pinilla

¡Coronell, salve usted la causa!

“Al golpear la credibilidad de una de las pocas publicaciones de prensa que todavía gozaban de alguna, nos dejan huérfanos”. Esto dijo Antonio Caballero a raíz del despido de Daniel Coronell como columnista de Semana, para referirse a una orfandad que se resume en esta pregunta que se hace —y responde— al final del párrafo: “¿A quién creerle? A nadie”. De acuerdo, ya no se puede creer en nadie.

Lo que sí no se le puede creer a Caballero —ni a María Jimena Duzán, quien tildó a Coronell de soberbio— es cuando afirma que fue un error del columnista haberle exigido a Semana “con arrogancia que reconociera su tardanza en la publicación de la investigación”. ¿Acaso es posible exigir algo con humildad…?

Sea como fuere, es comprensible que Duzán y Caballero hayan buscado un equilibrio entre el patrón que despide y el colega que es despedido, diferente a un Daniel Samper Ospina que sin empacho regañó públicamente a Felipe López después de que este “en gesto autocrático y anacrónico, propio de los tiempos en que el periodismo tradicional lo permitía, despide de manera fulminante a un columnista, pasando incluso por encima del director de la revista, a quien con ello desdibuja”. (Ver columna).

Como dijo Ramiro Bejarano en columna titulada con sarcasmo “Pésima semana”, “lo peor de este bochornoso episodio es que va acentuándose el empeño del Gobierno de Uribe, presidido por Duque, de polarizar los medios entre quienes los aplauden y los que no renuncian a la independencia”. Hoy la supervivencia de los grandes medios depende en parte de las suscripciones virtuales, pero sobre todo de la pauta publicitaria. ¿Y quién maneja la tajada más grande en este rubro? El Gobierno.

No nos llamemos a engaños, es el manejo de la chequera lo que le da carta blanca (o más bien negra) a esa insidiosa polarización alentada por quienes necesitan hacer invivible la república para sacar avante la impunidad de Uribe, y agudiza la orfandad en la que van quedando los lectores de medios otrora confiables, sumado al sentimiento de desazón que produce constatar que aquellos que han preferido hacerse al lado del Gobierno para recibir sus favores… son los que van ganando la partida.

Frente a este oscuro panorama quedan los otros, cada vez más escasos y disgregados, aunque dispuestos a jugársela entusiastas por la independencia, única opción posible si hablamos de periodismo. Es entonces cuando uno se pregunta si no sería posible que un líder de opinión como Daniel Coronell aprovechara la crisis que se presentó con su despido y la convirtiera en oportunidad para crear bajo su dirección un medio de comunicación virtual (los impresos están mandados a recoger) cuya única consigna sea la búsqueda implacable de la verdad, sin contemplaciones. “Su misión, si decide aceptarla…”.

¿Es acaso una utopía plantearlo? Me atrevo a pensar lo contrario. Hoy crear un medio o cualquier emprendimiento en internet requiere más ingenio que cuantiosas inversiones, y debe haber más de un periodista que antes se ubicaba en posición privilegiada y ahora se siente incómodo frente a la tendencia autoritaria que dentro de las salas de redacción comienza a imponerse, más con un funesto precedente como el de Semana, que por sí solo constituye sonoro campanazo de alerta.

El problema ya no es si Coronell fue o no soberbio al pedir explicaciones (defecto que antes le achacaban a Gustavo Petro), sino la situación en la que quedan los demás periodistas, aquí y en Caparrapí: si eso le pasó al columnista más leído de Colombia, le puede pasar a cualquiera. O sea, la autocensura se impone.

Así las cosas, ¿cuál sentido tiene que Coronell pase a otro medio, cuyos dueños también serán empresarios interesados en hacer dinero antes que en apoyar un modelo periodístico ajeno a toda influencia política o económica? ¿Y por qué Coronell anunció en entrevista con Julio Sánchez Cristo: “Tengo una columna lista que iba a publicar el domingo, estoy buscando dónde difundirla”, y al final no la publicó? ¿Quizá porque el medio que decida acogerlo sabe que queda expuesto a las retaliaciones del rabioso uribismo en el poder, comenzando por el recorte de la pauta oficial…?

La invitación a Daniel Coronell es a que lidere una causa de largo alcance en pro de la verdadera independencia periodística. Sin lugar a dudas contaría con miles de suscriptores (por no decir millones), y además aparecerían empresarios con espíritu generoso y progresista que quieran brindarle apoyo financiero a tan atractiva y necesaria “alternativa”.

Permítame abusar entonces de la confianza, Daniel, para pedirle que tome el toro por los cuernos y reúna en torno suyo a las plumas más lúcidas y valientes, y así enfrente los poderosos vientos de censura que se ciernen sobre el horizonte mediático. Y que el nuevo medio se comprometa no solo con la búsqueda de la verdad, sino con su defensa a rajatabla. Porque si hay algo hoy en peligro es la verdad. La misma que intentó menospreciar el ministro de Defensa, Guillermo Botero, cuando dijo que la muerte del desmovilizado Dimar Torres fue “producto de un forcejeo”, pero al parecer respondía a las directrices dadas a las tropas desde la cúpula para “duplicar resultados”. La misma verdad, en últimas, que siguen empeñados en aplastar mediante la cacería de brujas que se desató contra los oficiales del Ejército que alertaron primero a Semana y (tras el silencio cómplice de esta) a The New York Times.

Así las cosas, apreciado colega, tiene usted la palabra. Hable ahora y… que no nos callen para siempre.

DE REMATE: Ojo, no se le está pidiendo a Daniel Coronell que se lance a la Presidencia de la República. Aunque ni siquiera esa opción debería descartarse, frente a la aberrante crisis de liderazgo que vive el país.

@Jorgomezpinilla

http://jorgegomezpinilla.blogspot.com/

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