Deflación

Noticias destacadas de Opinión

La inflación de 2020 fue la más baja desde que el DANE lleva su registro. El Banco de la República se escachó de obtener su meta, que es entre 2 y 4 %, pues terminó en 1,6 %, ante lo cual debió reducir su tasa de interés, que sigue siendo demasiado elevada frente a lo que requiere la economía para salir de una contracción económica tremenda. Se contentó con expresar que la economía ya tenía suficiente estímulo, cuando se contrajo más del 7 % en 2020, cuatro veces mayor que la reducción experimentada durante la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado.

Efectivamente, las minutas de la junta directiva del emisor reflejan desidia: “Dado que las expectativas de mediano plazo se mantienen cercanas a la meta y que la información disponible de actividad económica apunta hacia una rápida reactivación, consideran que no es necesario incrementar la orientación expansionista de la política actual”. Son ciegos y piensan con el deseo, pues suponen que la reactivación se va a dar espontáneamente. Por el contrario, la respuesta de las autoridades monetarias del mundo ha sido reducir las tasas a las que les prestan a sus sistemas financieros al 0 % o muy cercanas a ese nivel nulo.

En la misma dirección, la política fiscal debió haber sido más expansiva de lo que ejecutó Alberto Carrasquilla, tan heterodoxo para vulnerar la independencia del banco central, pero tan ortodoxo cuando se requiere salvar la economía de la depresión en la que sigue atrapada. Es obvio que el problema central de Colombia es el colapso de la demanda agregada, frente a un sector productivo que también sufrió los efectos de la pandemia, pero menos que los hogares que consumen sus productos. El déficit fiscal de Colombia se proyecta en 9 % del PIB, alto para condiciones normales, pero insuficiente frente a condiciones excepcionales. Aunque no es estrictamente comparable, Estados Unidos hizo un déficit equivalente al 18 % del PIB en 2020, y países como Perú y Chile superaron ampliamente a Colombia en la respuesta fiscal de sus gobiernos frente a la crisis.

John Maynard Keynes marcó el estudio de la economía cuando escribió su Teoría general del empleo, el tipo de interés y el dinero, en 1936. Afirmaba que, ante una depresión como la iniciada en 1929, el Gobierno debía aumentar su gasto hasta compensar la demanda perdida, para poder salir de la recesión y recuperar el crecimiento. Los economistas de extrema derecha, entre los que se cuenta orgullosamente Carrasquilla, afirmaban lo contrario: solo se podía salir de la depresión con mayor austeridad fiscal, evitando caer en excesos monetarios y fiscales. Aunque 90 años más tarde se puede afirmar que todos somos keynesianos, incluyendo a los Estados Unidos bajo un gobierno también de extrema derecha, en Colombia todavía hay un temor reverencial a tomar las medidas necesarias para conjurar una crisis de enormes dimensiones.

La deuda pública aumentó al 62 % del PIB en 2020, un aumento relativamente moderado frente a 2019, pero que habría podido ser sustancialmente mayor si el Banco de la República hubiera bajado su tasa de interés, que termina teniendo un efecto sobre las tasas de largo plazo de la economía. De esta manera, el Gobierno se hubiera podido endeudar más a un costo menor para los contribuyentes. Carrasquilla se apresta a incrementar impuestos y, en particular, el IVA contra la clase media y los más pobres, para reducir radicalmente el déficit fiscal en 2021. Gajes de la ortodoxia.

Comparte en redes: