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Acoso en medios y acoso en Colombia

El Espectador

26 de marzo de 2026 - 12:04 a. m.
El cambio social requiere procesos difíciles dentro de las organizaciones privadas.
Foto: Las Igualadas
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El cambio social requiere procesos difíciles dentro de las organizaciones privadas. Sí, las leyes son fundamentales, así como las sentencias de la Corte Constitucional, pero si hay opresiones que se repiten en el día a día, si hay incentivos para que las personas sean cómplices de dinámicas dañinas, entonces un país puede tener normativas impecables y aun así la sociedad es hostil. La decisión que tomó el canal de televisión Caracol con dos de sus presentadores de noticiero más reconocidos por el país, tanto Ricardo Orrego como Jorge Alfredo Vargas, muestra una voluntad de darle la cara a un problema con raíces profundas. Sin embargo, estos mismos hechos también demuestran que durante años el silencio era la norma, que muchas mujeres tuvieron que sufrir bajo la amenaza de que sus carreras se vieran entorpecidas, y que nos falta mucho más para poder decir con orgullo que tenemos espacios laborales seguros y conscientes de las desigualdades históricas.

Como lo hemos discutido en múltiples ocasiones en este espacio y también en “Las Igualadas”, la apuesta que El Espectador hace por abordar de forma responsable la temática transversal del género, el acoso sexual en espacios laborales es siempre un crimen difícil de rastrear. Esto ocurre porque los comportamientos cuestionables pasan en espacios reducidos, donde solo víctima y victimario están, y porque igual están mediados por desequilibrios de poder. Las denuncias que se han conocido en redes sociales bajo el hashtag “Yo te creo, colega”, muestran cómo mujeres disciplinadas y talentosas se han chocado con la hostilidad de salas de redacción intoxicadas de machismo, de viejas prácticas. Si alguien duda en creerles, haría bien en consultar la investigación “Periodistas sin acoso: violencias machistas contra periodistas y comunicadoras”, realizada por la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género y la Fundación Karisma en 2021. De 470 periodistas y comunicadoras consultadas, el 73,4 % de las mujeres en su ejercicio profesional han sido víctimas de violencia psicológica y el 67,1 %, de acoso sexual. Se trata de una crisis en ebullición justo abajo de la superficie.

En El Espectador hemos sido espacio para la publicación de múltiples denuncias de acoso, desde las hechas por “Las Igualadas” a columnas de opinión que paralizaron el país, como la de Claudia Morales en 2018. No obstante, sabemos que como espacio laboral hemos tenido casos de acoso, algunos denunciados y tramitados, y seguramente otros silenciados. Tenemos un protocolo para la denuncia segura sobre acoso sexual, que es comunicado de manera constante a todas las personas que trabajan aquí, y desde la dirección hay una política de tolerancia cero a cualquier persona que incurra en estas conductas. Sin embargo, esa es la vacuna para un problema que en todos los casos ocurre y sigue ocurriendo. Como escribió en su columna para Colombia+20 Fabiola Calvo, “¿por qué no han avanzado los medios para erradicar esta práctica machista? Porque los medios son reflejo de lo que socialmente vivimos. Aunque deberían ser los llamados a asumir posturas que contribuyan al cambio cultural y no a la reafirmación de la desigualdad”. Tiene toda la razón. Nuestra labor es seguir encontrando la manera de escuchar adecuadamente a quienes sean victimizadas, de creerles a las personas con la valentía de alzar la voz bajo el temor de que eso les puede costar todo.

Lo dicho, eso sí, no es fácil. Mientras escribimos estas líneas, una experiodista de El Espectador, precisamente exeditora de la sección de Género, publicó en sus redes sociales su profundo descontento con la manera en que se tramitó una denuncia de acoso. Aunque el periódico ha mantenido que intentó hacer lo mejor que pudo con la información disponible, claramente lo que menos queríamos era causar el sufrimiento que ella o las personas víctimas están expresando. Seguiremos trabajando para que algo así no vuelva a ocurrir.

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Estas dificultades pasan incluso en los movimientos más progresistas y supuestamente alineados con las causas feministas. Ayer, en la Cámara de Representantes, las ocho representantes del Pacto Histórico pidieron que Hollman Morris, director de RTVC y quien ha recibido testimonios de acoso en distintos casos, deje su cargo. “Instamos que, en coherencia con el proyecto político y la responsabilidad con la institucionalidad, el gerente se retire del cargo”, dice el pronunciamiento de la bancada de mujeres.

Caracol y El Espectador forman parte del mismo grupo económico, pero operamos con total independencia. No conocemos sus procesos internos ni lo que falló durante tanto tiempo para percatarse de lo ocurrido. Contarle al país lo que sucedió y tomar acciones es un paso necesario en la dirección correcta. Es lo que necesita el cambio social.

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