Paro nacional: históricas marchas en Colombia y el mundo

hace 3 horas

Aumentan las masacres en Colombia

El recrudecimiento de la violencia se debe a la combinación perfecta de un Estado ausente, nuevas zonas en disputa por la ausencia de las Farc y un aumento del narcotráfico. / Foto: Archivo El Espectador

Nos estamos matando más que en los años más recientes, con una violencia de similar intensidad a la de los peores años de influencia del paramilitarismo y la guerrilla, y ante los ojos de un Estado carente de respuestas. Esa es la conclusión de un par de estudios sobre asesinatos en Colombia presentados recientemente, así como de un reportaje realizado hace poco por Colombia 2020 de El Espectador. ¿En realidad no hay nada que se pueda hacer para detener este desangre?

Ayer, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) presentó un informe sobre la situación de derechos humanos en Colombia durante el 2018. Las cifras no son alentadoras. Según el documento, el año pasado las masacres aumentaron en un 164 % con respecto al 2017, al pasar de 11 a 29 casos. Los principales departamentos afectados fueron Antioquia, Cauca, Norte de Santander y Caquetá. Esto, por cierto, va de la mano con el goteo constante de asesinatos de líderes sociales. En los tres primeros departamentos mencionados fue donde más defensores de derechos humanos fueron violentados. Para completar el panorama, en cerca de la mitad (49,5%) de los municipios del país aumentó la tasa de homicidios con respecto al año pasado, con dos casos extremos: San José de Uré, en Córdoba, donde la tasa aumentó en un 1.473%, y Barrancas, en La Guajira, donde subió un 880%.

Explicar el porqué de esta situación no es necesariamente difícil. Lo hemos dicho en este espacio en numerosas ocasiones y diversas organizaciones defensoras de derechos humanos lo han denunciado. El recrudecimiento de la violencia se debe a la combinación perfecta de un Estado ausente, nuevas zonas en disputa por la ausencia de las Farc y un aumento de fuerza en los carteles del narcotráfico que quieren dominar las regiones del país. En esa guerra frontal pierden los ciudadanos, y aquellos que deciden alzar su voz para protestar son amenazados o asesinados.

Según la ONU, en el 2018 fueron asesinados 110 defensores de derechos humanos. Otro informe presentado esta semana, por la Misión de Observación Electoral (MOE), cuenta que, entre el 27 de octubre de 2018 y el 25 de febrero de este año, 107 líderes sociales han sido agredidos. Para Camilo Vargas, coordinador del Observatorio de Violencia Política y Social de la MOE, “la violencia es más letal entre más local es el liderazgo, por eso los líderes comunales son las principales víctimas de homicidio”.

La palabra “letal”, por cierto, bien podría ser reemplazada por “cruda”. En un informe de Colombia 2020 de El Espectador, habitantes del Bajo Cauca cuentan cómo grupos, herederos del problemático proceso de desmovilización de los paramilitares, están torturando a personas a la luz del día. En el Bajo Cauca antioqueño y el sur de Córdoba los homicidios están disparados: de dos asesinatos en el 2017, vamos en 15, 30 o 45 en lo que va de este año. ¿El motivo? La guerra por el control de los cultivos de coca, las minas de oro y la ruta del narcotráfico, que busca la salida al mar por las playas de Coveñas, Moñitos y el Golfo de Urabá.

Todo indica, entonces, que las elecciones de este año se llevarán a cabo bajo la constante amenaza de la violencia. El Gobierno de Iván Duque ha dicho que su estrategia es aumentar el pie de fuerza y llevar todas las instancias del Estado a los lugares marginados, pero hasta ahora sus resultados son muy similares a los del último año de la administración de Juan Manuel Santos: insuficientes.

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2019-03-15T00:00:00-05:00

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El Espectador

Editorial

Aumentan las masacres en Colombia

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Que no se repita, bajo ninguna condición

Prudencia, mucha prudencia, por favor

Sigue creciendo el escándalo de Hidroituango