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4 Nov 2022 - 5:00 a. m.

¡Bienvenido el servicio social para la paz!

Hay que cambiar dinámicas de los tiempos de guerra, como la idea de que lo único que pueden aportar los jóvenes es su vinculación al Ejército.
Hay que cambiar dinámicas de los tiempos de guerra, como la idea de que lo único que pueden aportar los jóvenes es su vinculación al Ejército.
Foto: El Espectador - José Vargas

Dentro de la conciliación que prorroga y modifica la Ley de Orden Público se incluyeron un par de artículos importantísimos para empezar a cambiar la relación que los colombianos tienen con el servicio militar obligatorio. Al crear el servicio social para la paz, que durará 12 meses y será una alternativa al servicio militar y dará un certificado equivalente a la libreta militar, el Congreso de la República reconoce dos realidades colombianas: la primera, que no estamos en tiempos de guerra que justifiquen una circunscripción obligatoria; la segunda, que las personas deberían poder elegir si ir o no al Ejército.

Todavía queda el debate más profundo sobre si es momento de modificar la obligatoriedad del servicio militar. Nos parece que, en todo caso, sí es necesario replantearlo. Para comenzar, otros ejércitos, como el estadounidense (el más grande del mundo), hacen campañas ambiciosas de reclutamiento que convierten la carrera militar en un espacio de incentivos, de tal forma que las personas que se enlistan lo hacen de manera voluntaria y por convicción. ¿No es mejor tener unas Fuerzas Militares que operen de esa manera?

La segunda razón, que tiene incluso más peso, es que el servicio militar obligatorio se ha convertido en un espacio de profundas desigualdades. Como lo escribió Catalina Ruiz-Navarro en su columna para El Espectador, “quienes terminan prestando el servicio militar son jóvenes de clase trabajadora, tanto que el 80 % de los reclutados pertenecen a los estratos 1, 2 y 3. El Ejército es un sistema clasista que se ha criticado por décadas”. Ya es hora de tomarnos en serio la discusión sobre la corrupción que fomenta la libreta militar y el gran desequilibrio que produce.

Mientras el debate sobre la obligatoriedad se da, gracias a un proyecto impulsado por el senador Humberto de la Calle, la inclusión del servicio social para la paz en la Ley de Orden Público es muy importante. Los jóvenes podrán prestar servicio de 11 formas diferentes, como promoviendo la alfabetización digital, trabajando con víctimas del conflicto, protegiendo la naturaleza, ayudando en la reforma rural integral y otros aportes para el país. El gesto es simbólico y práctico: les dice a los colombianos que hay más opciones para servirle a Colombia que tomando las armas.

No hay que temer al debate sobre cómo llegan los colombianos a formar parte del Ejército. Si soñamos la paz, si queremos además construir un país más equitativo, hay que cambiar dinámicas de los tiempos de guerra, como la idea de que lo único que pueden aportar los jóvenes es su vinculación al Ejército. Esto no solo promete cambiar la relación que la juventud tiene con su país y con el servicio público, sino que crea un incentivo para que las Fuerzas Armadas se vuelvan más persuasivas en sus tácticas de reclutamiento, junto con la profesionalización de la que han hablado el presidente y el ministro de Defensa.

Necesitamos solados, sí, pero también necesitamos personas que trabajen en el servicio social a la patria. ¡Bienvenido este cambio tan necesario!

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