Buenas y malas noticias sobre polución

La polución del aire es un problema que ha venido siendo denunciado con especial fuerza en los últimos años, después de hechos como la crisis que se experimentó en el Valle del Aburrá recientemente. Por eso, un informe del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) sobre la calidad del aire en Bogotá trae una buena noticia: hemos conseguido reducciones en zonas históricamente contaminadas. Pero es prematuro celebrar, porque también hay una alerta: no estamos haciendo lo suficiente todavía.

Como lo ha explicado la Organización Mundial de la Salud (OMS), el aumento de la contaminación atmosférica causa tres millones de muertes en todo el mundo cada año. Además, agregamos nosotros, es un problema que tiende a empeorar a medida que aumenta la industrialización y no se adoptan soluciones de sostenibilidad ambiental. Es, entonces, una situación urgente, de la que dependerá la vida de muchos colombianos en el futuro inmediato.

La buena noticia es que las autoridades, especialmente en las capitales afectadas, han empezado a tomar medidas para evitar que la situación empeore. Según el informe del Ideam, ya decíamos, en Bogotá hay avances en zonas que históricamente han tenido altos índices de contaminación.

De las 12 estaciones de monitoreo en la capital del país, diez cumplen con los estándares internacionales. Esto se debe, en buena parte, a los controles del Distrito. Como le dijo Óscar Ducuara, subdirector de calidad del aire de la Secretaría de Ambiente, a El Espectador, “hay operativos en vía para verificar el cumplimiento de los límites de emisión de los vehículos; están el Programa de Autorregulación Ambiental para vehículos diésel y la vigilancia de centros de diagnóstico automotor, para garantizar la correcta operación y la aplicación de procedimientos para la medición de gases en vehículos”.

No obstante, las estaciones de Kennedy y Carvajal-Sevillana, al suroccidente de la capital, están entre las diez zonas más contaminadas del país. Los motivos son, especialmente, la presencia de actividad industrial, alta congestión vehicular, falta de vías pavimentadas y actividades mineras sin suficiente regulación. Los sospechosos de siempre en temas ambientales de Colombia.

Es necesario repetirnos: el país necesita cambiar la manera en que se transporta y lleva a cabo sus procesos industriales. El problema es que en ambos aspectos estamos muy quedados.

En el caso de Bogotá, por ejemplo, las soluciones de movilidad siguen sin ser claras, o todavía falta mucho tiempo para que empiecen a tener un impacto real. Si necesitamos que las personas abandonen en masa sus vehículos para usar el transporte público, ¿de verdad estamos haciendo todo lo que se puede por garantizar que ese servicio sea atractivo y eficiente?

Sobre la coyuntura industrial, Colombia no ha empezado a responder la pregunta de cómo tener una economía que no maltrate indebidamente el ambiente. ¿Los candidatos para las elecciones del año entrante nos traerán luces?

Los avances reportados deben ser un incentivo. Esta es una lucha que debe darse y, sobre todo, que puede ganarse. Pero necesita urgencia y determinación. La polución del aire, con todas las preguntas difíciles que genera, no puede ser una problemática que se olvide en medio de las coyunturas diarias.

 

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