Camino al desarme definitivo

Para los opositores sinceros debe sonar bien la creación de un mecanismo tripartito de monitoreo y verificación del acuerdo sobre cese del fuego y dejación de armas.

Aunque faltan temas álgidos por definir, el anuncio del Gobierno y las Farc sobre la verificación internacional del cese al fuego y la dejación de las armas es un paso contundente hacia un acuerdo final. / AFP

“Una inequívoca muestra del deseo de finalizar la confrontación”. Así se refirió Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador del Gobierno en La Habana, al acuerdo entre el Ejecutivo y la delegación de las Farc para que una misión internacional verifique el cumplimiento de las condiciones de un eventual cese del fuego bilateral. Después de unas semanas de pujas e indirectas entre las partes involucradas en el proceso, lo que dice De la Calle es una buena conclusión. Este es un paso contundente hacia la finalización del conflicto armado con las Farc.

Desde el principio de los diálogos la guerrilla ha enviado mensajes contradictorios sobre su disposición a aceptar ciertas condiciones una vez se firme el acuerdo final. Por eso, el Gobierno también ha tropezado ante las preguntas sobre los mecanismos que le aseguren al país que lo acordado se esté cumpliendo. Este anuncio, entonces, da un parte de tranquilidad y es una prueba suficiente de que las negociaciones, pese a todo lo que se diga en el debate público, están cercanas de llegar a buen puerto.

De la Calle entiende muy bien la preocupación del país. Por eso dijo que las partes “no (están) pensando en maquillar un cese del fuego ficticio, como para salir del paso”. En ese sentido, para los opositores sinceros debe sonar bien la creación de un mecanismo tripartito de monitoreo y verificación del acuerdo sobre cese del fuego, hostilidades bilateral y definitivo y la dejación de armas.

La solicitud que el presidente Juan Manuel Santos le presentó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, de ser aceptada —y no hay motivos para esperar lo contrario—, creará una misión política con observadores no armados por un periodo inicial de 12 meses prorrogables. Dicha misión será integrada por miembros de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), pero no podrán participar países fronterizos de Colombia. Que De la Calle e Iván Márquez expresaran su confianza en que este mecanismo es el más adecuado para verificar el cumplimiento de las condiciones señala que las conversaciones siguen por buen camino.

Por supuesto, faltan muchos asuntos esenciales por definir. Aún no sabemos qué significa específicamente el desarme (a quién y cómo se le van a dar las armas), si habrá concentración de las Farc, en qué territorios y bajo qué límites, y en general todo el aspecto logístico de lo que viene después de la firma del acuerdo final. Pero ese es uno de los puntos de la agenda que falta por pactarse (el otro es el mecanismo de refrendación, tema álgido que ojalá no se convierta en un obstáculo para la pronta firma del acuerdo). Les deseamos mucha sabiduría a los negociadores en lo que falta.

El anuncio sobre la verificación de las condiciones, sin embargo, sirvió para que la comunidad internacional demostrara su compromiso con un eventual acuerdo de paz. El Parlamento Europeo en pleno aprobó una resolución en apoyo al proceso y extendió una invitación al Eln para que inicie diálogos formales con el Gobierno cuanto antes —petición que, por cierto, respaldamos—. La ONU, por su parte, que estuvo desde julio del año pasado en la comisión que desembocó en este punto particular del acuerdo, le dio la bienvenida a la solicitud de Colombia.

A esas buenas noticias se sumó el anuncio del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), que concluyó que desde “hace 51 años no se presentaba una reducción tan grande del conflicto armado”.

Todavía no tenemos acuerdo final, pero empezó bien el año para la esperanza de paz.

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